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10 cosas que recordarás si viajaste en una micro amarilla

Viajar en una micro amarilla fue un privilegio que muchos jóvenes de hoy no alcanzaron a tener. Pero si viviste a conciencia en Santiago de Chile entre 1992 y el 2007, no te quedó otra que vivir la aventura de viajar en unos de estos bólidos marca Metalpar -propiedad, probablemente, del mítico Demetrio Marinakis- y sortear todo tipo de adversidades.

Hoy, en una época de tarjetas Bip!, validadores y paraderos con zonas de pago, recordamos y añoramos esos 15 años de nuestras vidas donde gozábamos y sufríamos la experiencia de subirse a recorridos como el 666 (Renca-Macul), 359 (Maipú-La Florida), 245 (Maipú-La Reina), 706 (Renca-Maipú), 707 (Peñalolén-Quinta Normal) o la 130 (Renca-La Florida), por nombrar sólo algunas.

Por eso, en MQLTV recopilamos los momentos más inolvidables a bordo de esos cacharros que ya forman parte de nuestra historia (algunos incluso las piden de vuelta).

1. Los choferes tenían listo el vuelto

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En los ’90 no había noción de la seguridad al volante, todavía no estaba regulado el uso del “novedoso” celular mientras manejabas, menos que los choferes de las micros sirvieran de cobradores mientras manejaban, hay que destacar el hecho de que los choferes tenían los vueltos listos, si pagabas con mil o con quinientos ya estaba listo el vuelto junto al boleto, en un apartado hecho de madera, la pecera, que contaba con el espacio para el sencillo.

2. La radio a todo chancho y el Rumpi

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Nostalgia de Radio Corazón, del Rumpi, del viaje rápido y a veces ameno. Una de las características que fue despojada por el “progreso” del Transantiago fue la radio a todo chancho. El letrero detrás del asieno del conductor que decía “La radio puede funcionar a volumen moderado, siempre que ningún pasajero se oponga” (Art. 50°, D.S. N° 212/92) era la excusa perfecta para viajes más alegres. Nadie se atrevía a pedirle al chófer que le bajara, ni cuando los vendedores ambulantes subían, ahí se ponían a prueba los buenos pulmones de los comerciantes y en las tardes, el Rumpi era el fiel compañero de muchos micreros.

3. Los escolares, los eternos humillados

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Si fuiste escolar durante la época de las micros amarillas, quizás no las recuerdes con tanta pasión, y con motivos de sobra. Los estudiantes eran los eternos humillados por los micreros, quienes muchas veces no respetaban la tarifa escolar, obligando a los escolares a pagar “adulto” o invitándoles “cordialmente” a bajar de la micro. Está manía de los chóferes la justificaban bajo el sistema de comisiones con el que trabajaban, por boleto cortado reciban una parte (20%) durante cada jornada, y los estudiantes no le dejaban mucho.

4. Los recorridos que cruzaban todo Santiago

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Antes del Transantiago no existía una política de transbordo, o sea debías pagar tarifa completa por cada vez que te subías a una micro o al Metro ¿Por qué? Sencillo: las micros llegaban a todos lados, muy pocas veces debías hacer una combinación, eran unos recorridos envidiables, por ejemplo la 321 que cruzaba Renca hasta llegar a Lo Barnechea.

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Durante esos tiempos escuchábamos como algunas personas no tomaban la 666 por superstición. Este recorrido pasaba incluso por afuera de un cementerio (Parque del Recuerdo), grave error, ya que era otro ejemplo de Micro que cruzaba todo Santiago: Renca-Macul.

5. “En la esquina por favor”: El nulo respeto a los paraderos

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Si algo tenían de bueno y de malo al mismo tiempo, era el cero respeto por lo paraderos. Por un lado, podías pedirle al chofer que te dejará en la siguiente esquina, o si tenías peor suerte, terminabas varias cuadras lejos puteando al chofer. 

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En muchos casos ni el botón, ni el típico cordel timbre funcionaba, no queda más que gritar… “LA PUERTA”.

6. “A 7 de la 40”: Los sapos

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Los sapos fueron los primeros damnificados con la llegada del Transantiago, el nuevo modo prometía un sistema de GPS que dejaría sin trabajo a estos nobles personajes, pero ¿qué hacían? Los sapos avisaban a cuanta distancia iba una micro de otra, con tal que mantuvieran sus distancias, problema que fue recurrente en los primeros días del Transantiago, tan brutal fue el cambio que muchos siguieron en esta área durante un tiempo.

7. Cobrador automático, cobrador humano

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Cuando a alguien se dio cuenta de que era una mala idea tener al chófer como cobrador, algunas micros implementaron un nuevo y revolucionario sistema: los cobradores humanos, estaban atrás del conductor, en un espacio resguardado con rejas o vidrios, no se vio en muchas micros.

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Luego, y antes de la BIP, se intentó masificar el uso de cobradores automáticos, muchos de ellos fueron instalados, pero nunca funcionaron y ahí quedaron, como adornos a una política fallida.

8. Micros con estilo

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Subirse a una micro amarilla era como comprar un Kinder Sopresa, nunca sabías que te iba a tocar, cada micro tenía una personalidad propia, algunos choferes decoraban con stickers, fotos de sus hijos,  del eterno campeón, Jesús y mujeres en pelota, era demasiada entretenida la diversidad. De noche eran discos ambulantes, el neón decoraba, la música acompañaba. Hasta la palanca de cambios algunas veces tenía alguna forma particular, una bola de billar, una calavera o hasta un bebe. Incluso el Jappening con Ja homenajeó a las micros amarillas con esta versión:

9. “Se paga, por favor” – ¿Poca evasión?

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¿Evasión? Antes, mucho antes, si te subías por la puerta trasera de la micro con la maquina llena, igual pagabas tu pasaje, hacías correr  el dinero hasta que llegara al chófer y también funcionaba al momento de dar el vuelto, era la costumbre, nunca se perdía el dinero. ¿Te atreverías a hacer lo mismo con una tarjeta BIP en la actualidad?. Y por último, si no tenías para un pasaje completo no faltaba el “¿Me lleva por gamba?”, impensado en la actualidad.

10. La rapidez y el precio

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Como les contamos, las micros amarillas funcionaban con un sistema de comisión, entre más personas llevaba un chófer, más dinero hacía por día, por lo que no era extraño ver carreras en Santiago entre conductores, peleando por los pasajeros, beneficio: llegabas mucho más rápido a tu destino, contra: ibas atemorizado si no estabas acostumbrado, en especial si la micro se encontraba llena. PD: Mira esa tarifa, $350. Sufrir.

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Como siempre, algo se nos pudo haber quedado, por lo que tu comentario es muy relevante. ¡Comenta y sigamos haciendo crecer la lista! ¿Qué recorrido clásico recuerdas?

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