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El triunfo del modelo

5 de octubre de 1988: El día en que ganó el NO (y se institucionalizó el SÍ)

Hace 27 años, un 5 de octubre, el NO derrotó por medio de los votos al dictador Augusto Pinochet, quien era el rostro visible del SÍ, alternativa que pretendía que Pinochet se quedara en el poder hasta mediados de los ’90. Ahora, eso sí, disfrazado de demócrata y hasta con un terno que lo hiciera ver más amigable con la ciudadanía. Es cosa de mirar las fotos de campaña de ese entonces y cómo el tirano sonreía mostrando afablemente sus dientes para que así Chile se olvidara de todo el daño que le había hecho.

Una vez que ganó la alternativa que terminaba con la dictadura, Chile volvió a reír. Negarlo sería un error histórico y una autoflagelación innecesaria. La campaña trajo algo de color al oscuro país de ese entonces y nos dio las esperanzas de que volveríamos a tener una democracia no lejana a los errores -ninguna lo es- pero democracia al fin y al cabo. Algo era algo.

Ése es el gran problema del NO: muchos de quienes lucharon por esa noble causa y entregaron su vida para ganarle al SÍ terminaron siendo los mejores promotores de las ideas de sus adversarios.

Lo que no supimos era que junto con el triunfo de la oposición algo muy extraño estaba pasando: estábamos viviendo, de alguna manera, bajo el país que el SÍ modeló. Insisto, esto no lo digo con el afán de menospreciar ninguna lucha y menos la que se llevó a cabo en las urnas para que el régimen cívico-militar saliera del poder sin derramar más sangre de la que los militares habían derramado. Sin embargo una vez derrotada la figura de Pinochet, su Chile salió triunfante. Su visión de lo que debía hacerse al futuro se institucionalizó, transformándose él en un vigía de nuestra nueva democracia, una en donde las ideas no se enfrentaban, ya que una sola se había erigido como lo verdadero. Como la única manera de que pudiéramos existir.

Una nueva elite de hombres y mujeres que han basado su linaje en la lucha en contra de Pinochet muchas veces sacándonoslo en cara como si hoy no pudiéramos criticarlos.

La victoria del NO se transformó también en la derrota voluntaria de parte de muchos de quienes quisieron otro país, pero terminaron haciendo lo que un grupito de técnicos amparados por los militares construyeron. Muchos de esos personeros de la vieja Concertación nos dijeron que simplemente habían madurado, pero lo cierto es que el miedo se apoderó de sus cabezas y se fue transformando en una nueva herramienta para hacer política. En una herramienta que con el tiempo fue convirtiéndolos en seres poderosos que abrazaron el poder como una especie de gran coraza en la que pudieran esconder cada uno de los sentimientos que pudieran experimentar una vez que se dieran cuenta de lo que ayudaron a construir.

El NO nos trajo la democracia, pero también produjo una nueva elite de hombres y mujeres que han basado su linaje en la lucha en contra de Pinochet muchas veces sacándonoslo en cara como si hoy no pudiéramos criticarlos. Como si el hecho de haber sido los rostros visibles en contra de la tortura, la muerte y el estado de sitio peramente, los haya blindado para que en el futuro pudieran hacer lo que quisieran siempre sacando de su bolsillo la carta de que gracias a ellos pudimos salir de esa catástrofe moral que hasta el día de hoy circula por nuestros pensamientos.

1988 triunfo no

Sin embargo, la elite mencionada se niega a admitir que su linaje está sustentado también en la forma en que se doblegaron ante quienes fueron sus carceleros; frente a quienes los persiguieron durante dictadura y los recibieron con los brazos abiertos en los directorios de sus empresas en democracia. Porque ése es el gran problema del NO: muchos de quienes lucharon por esa noble causa y entregaron su vida para ganarle al SÍ terminaron siendo los mejores promotores de las ideas de sus adversarios. Fueron quienes creyeron que la lucha de las ideas terminaba una vez que Pinochet saliera de La Moneda, llegando al punto de no alarmarse de tener que seguir con el militar al mando de la institución que usó para hacer desaparecer a muchos de sus amigos. Se trató de decir que una vez llegado Aylwin al poder todo estaba resuelto o se resolvería de manera pausada, cuando sabemos que ninguna de las dos cosas sucedió.

El 5 de octubre fue un día importantísimo para nuestra historia, pero también es una fecha que nos debe llevar a pensar la manera en que realmente queremos honrarla: si queremos verla como un día en el que recuperamos la libertad o simplemente como un hito histórico en el que comenzaron los múltiples acuerdos que nos hicieron sentir un simulacro algo parecido a estar libres.

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