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5 frases típicas que tu mamá te dijo cuando cabro chico

Escrito por MQLTV

    *Por Gabriel Gutiérrez / Así Tal Cual

    Las madres son un mundo aparte. Amadas por todos los niños del mundo, esas mujeres que funcionan mejor que Google para buscar cosas que se te perdieron en la casa y que cuando tienen que ser doctoras con sus hijos te dan los mejores parches curitas y aguita de manzanilla pa cualquier enfermedad (hasta pa un cáncer terminal), están llenas de frases súper clichés que todos hemos escuchado al menos una vez en nuestra vida. Porque si hay algo que saben las mamás es darnos clase de cómo tirarse una simple frase y con eso terminar con un turn down for what sobre nosotros. Así que por eso hoy nos quisimos poner mamones y les traemos a ustedes un top 5 directamente sacado del almuerzo de una casa cualquiera. Así que con ustedes: 5 frases típicas que tu mamá te dijo cuando cabro chico.

    1. “Si tu amigo se tira del puente , ¿tú también?

    Esta era la clásica que tu mamá te decía cuando quería que no hicieras alguna cosa que los demás estaban haciendo. Lo raro si es que siempre, SIEMPRE, sacaba el ejemplo de “tirarse de un puente”. No cacho que si las madres de Chile vieron mucha gente tirarse de puentes o si quedaron impactadas con el superman que se lanzó del Costanera Center, pero siempre este era el ejemplo perfecto para mostrarte que no tenías que repetir algo que hiciera un amigo, sino te las verías con ella. Lo raro es que siempre las mamás le decían a uno que era exagerado… ¡¡pero este debe ser el ejemplo más exagerado de la vida!! Ayayai madres.

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    2. “Hay tantos niños pobres que no tienen que comer y tú que no querís comerte tu almuerzo”

    Hora del almuerzo y llegaba el momento de la decisión. Si tu mamá te hizo algo que te gustaba, te lo comías sin problemas y te langueteabas el plato entero hasta que no quedara ningún rastro de comida. Pero, ¿y si no te gustaba la comida? Comenzaban al tiro los berrinches de uno, poniendo caras más feas que el Kalule Meléndez, hasta que tu mamá trataba de no solo hacer que te comieras la comida, sino que también tocarte una fibra y hacerte sentir el hombre más horrible del planeta: el ejemplo de los niños que no tienen que comer y uno que tiene, no come. Y de verdad, al comienzo uno se sentía mal po, si te están mostrando que estás farreando comida que gente pobre no tiene. Así que en ese punto, tu mamá era perfecta para verse como el Padre Hurtado mientras nosotros éramos peores que Hitler (y todo por un simple pedazo de zapallo).

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    3.- “Pregúntale a tu papá”

    Esta debe ser la frase más confusa de todas, la que te dejaba más la embarrada en la cabeza: “pregúntale a tu papá”. Cualquier cosa que uno quisiese hacer, pero que tu mamá no estuviera muy segura al respecto, lanzaba al tiro la frase como pa desligarse de la responsabilidad y convertirnos a nosotros en una pelota de ping pong que comenzaba a ir y venir, porque el papá igual decía lo mismo: “pregúntale a tu mamá”. ¿Y que rayos hacía uno ahí? No te quedaba que estar 3 horas yendo entre el padre y la madre, hasta que se hiciera un hoyo negro que rompiera el espacio y tiempo y te tragara (por perkin).

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    4. “Claaaro, como soy la empleada de la casa qu tiene que hacer todo

    Si hay algo que saben hacer las madres es manipularnos a tal punto de que les hagamos caso en todo. Si de verdad, todas las madres del mundo tienen dentro de si un gen de Tony Camo con el que nos pueden manipular de la forma que quieran. Y dentro de ese gen, la frase “claro, como yo soy la empleada de la casa” nunca fallaba. Poniendo un tono de voz medio quebrado, hacía ver que ella era la que tenía que partirse el lomo, mientras nosotros éramos monstruos inconformistas que creíamos que era una nana. En ese momento lo único que te quedaba era hacerle caso al tiro e ir a ayudarle (pa no ganarte un reto o un huascazo) o sino, la tendrías diciendo la misma frase toooooodo el día.

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    5. “Anda a sacar la rooopa, antes de que se moje con la lluviaaa”

    Las mamás generalmente son las fuertes de la casa, la que se preocupan de hacer la mayoría de las tareas y de siempre cuidarnos a todos cuando nos enfermamos. Pero dentro de su fortaleza hay una debilidad en ellas, una que es como su kriptonita donde a lo único que atinan es a desesperarse: la lluvia. Si, la lluvia. ¿Y por qué? Porque cada vez que comenzaban las primeras gotas de un nubazon que se acercaba, uno lo único que escuchaba era un grito que se oía en toda la cuadra y que decía algo así como “LA ROOOOOOPAAAAA”. Esa ropa que se estuvo secando y que se podría mojar de nuevo, era el gran punto débil de toda mamá, por lo que no quedaba otra que ir corriendo a sacarla. Porque sí, ellas eran las que desesperaban pero nosotros éramos los que teníamos que ir a sacarla. ¡MIREN LAS PERLAS!

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