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Los desmentimos

5 mitos de la asamblea constituyente

    Esta tarde se ha convocado a manifestaciones en distintas ciudades del país para promover un plebiscito que determine la forma en que debería llevarse a cabo un proceso para elaborar una nueva Constitución. Eso sí, esta marcha buscará defender la opción de la asamblea constituyente frente a otras alternativas potenciales que se han esbozado como posibles desde La Moneda.

    Dichas alternativas pueden ser 1. darle poder constituyente al poder legislativo (es decir, al Congreso Nacional); 2. que una comisión de expertos constitucionalistas elabore un anteproyecto de carta magna; 3. como se dijo en el párrafo anterior, que el poder constituyente quede a cargo de una asamblea dedicada exclusivamente a elaborar el documento fundamental de la República.

    En Santiago, particularmente, esta manifestación se llevará a cabo en la Plaza de la Constitución, a las 19 horas, frente al Palacio de La Moneda.

    asambl

    ¿Por qué hay tanto temor en algunos hacia una asamblea constituyente? ¿Puede ésta generar inestabilidad? Pues bien, desde mi pluma de autor, considero que no. ¿Por qué no? Bueno, acá les explicaré por qué no, desnudando los mitos de algunas cosas que se dicen en contra de esta posibilidad.

    1- “La asamblea constituyente no está consagrada por nuestro ordenamiento constitucional”.

    Cierto (?). Pero esa lógica aplica para cualquier cosa. Ninguna ley existe antes de ser sancionada, así como ninguna reforma existe antes de ser sancionada. Cualquier creación o modificación de la legislación requiere del ingreso, la deliberación y la aprobación del poder legislativo preexistente. En consecuencia, si el proceso constituyente entrase como una reforma constitucional, la asamblea puede quedar habilitada. De esta forma, algo que se dice que no puede existir, se convierte en efectivo. Entonces, no es una cualidad técnica de la ley que lo impida, sino sola y simplemente una cuestión de voluntad política.

    “Cualquier creación o modificación de la legislación requiere del ingreso, la deliberación y la aprobación del poder legislativo preexistente”

    2- “No se ha dicho quiénes van a estar en una asamblea constituyente”.

    Media verdad. ¿Cómo se imagina una asamblea constituyente? ¿Se la imagina como un cabildo abierto? ¿Se la imagina como una junta de vecinos donde cualquiera puede hablar? ¿Se imagina que esto es como en la feria, acaso? Nada más alejado de aquello.

    En rigor, una asamblea constituyente funciona como una tercera cámara legislativa, similar a la Cámara de Diputados o el Senado. La diferencia radica en que el poder constituyente tiene una duración transitoria, por cuanto no está dedicado a ver las leyes del día a día, sino sólo está abocado al proceso de discusión y elaboración de un anteproyecto constitucional, por lo cual deberá disolverse una vez que este anteproyecto sea aprobado a través de un plebiscito y se convierta oficialmente en la Carta Fundamental del país.

    Por lo mismo, dado su estilo cameral y por su cualidad de elección de alcance nacional, la elección de los constituyentes tenderá a estar determinada por la legislación electoral existente (es decir, esencialmente, la ley de votaciones y la ley de partidos). ¿Por qué digo «tenderá»? Porque, salvo que exista un amplísimo acuerdo de los grupos políticos con participación en el Congreso Nacional, no habría mayores concesiones a lo que ya ha sido delineado por la legislación electoral.

    asamblea

    ¿A qué me refiero? Al caso supuesto de que haya mayores facilidades para que cualquier movimiento social pueda presentar una lista, de forma más expedita que los requisitos que se requiere para ser un partido político y poder competir en las demás elecciones, como son las municipales o las parlamentarias (esto es un ejemplo de una concesión que difícilmente termine siendo asumida por los grupos políticos con participación en el Congreso Nacional).

    En fin. Es muy posible que los grupos políticos que puedan concursar en los escaños disponibles para una asamblea constituyente sean los mismos que ya existen, más alguno que otro grupo político nuevo que surja a partir de las modificaciones (en curso, por el Congreso) a la legislación electoral que relajan los requisitos para conformar partidos políticos.

    Dicho de otro modo, es muy posible que en una papeleta para una asamblea constituyente se encuentre con los mismos partidos políticos de siempre. Todos. Incluso, esos partidos que rechazaban originalmente cualquier reforma constitucional al documento creado, entre otros, por Jaime Guzmán. ¿En serio? Sí. Nuestra legislación no tiene vetada de participar en un proceso electoral a ninguna agrupación política. Lo único que impediría que su partido político de preferencia esté en un proceso constituyente es que su partido político decida abstenerse de participar en la elección y decida no presentar candidatos.

    “En rigor, una asamblea constituyente funciona como una tercera cámara legislativa, similar a la Cámara de Diputados o el Senado”

    3- “No se ha dicho cómo va a estar conformada una asamblea constituyente”.

    Verdad. Pero eso vendría a ser lo último por negociar en un proceso constituyente. Es cierto: hay preguntas razonables. ¿Cuántos constituyentes serán necesarios? ¿Elegiremos constituyentes en lista abierta (es decir, votaremos por las personas) o los elegiremos por lista cerrada (es decir, votaremos por el partido o por una agrupación de partidos)? ¿Elegiremos constituyentes por una lista nacional, una lista regional o una combinación de ambas?

    No obstante lo anterior, resulta fuera de lugar exigir de antemano definiciones en torno a la conformación concreta de una asamblea (como las planteadas en el párrafo anterior) y, para peor, exigirlas como garantía de confianza para la materialización de ésta. ¿Por qué? Porque sería lo mismo que condicionar la construcción de una casa por la cantidad y tipo de muebles que debe tener. Primero, la casa; después, los muebles. Lógico, ¿no?

    “Resulta fuera de lugar exigir de antemano definiciones en torno a la conformación concreta de una asamblea”

    4- “Las asambleas constituyentes son solamente para países en crisis política”.

    Este mito se decía cuando todavía algunos actores políticos se ufanaban de que en Chile estábamos en una eterna primavera de estabilidad política y no existía una crisis de confianza, como la que se ha asomado últimamente en la opinión pública como consecuencia de la emergencia de los casos Penta, Caval y Soquimich.

    Bueno. Asumamos por un minuto que todo está bien, que todavía tenemos nuestras confianzas en torno al poder, a las instituciones y a las autoridades intactas. ¿Nuestra Constitución seguiría teniendo la misma legitimidad? No. ¿Está vinculada la estabilidad del país a la necesidad de crear una nueva Constitución? No.

    ¿Por qué? Porque no tiene nada que ver con la existencia o no de una crisis política para crear un proceso constituyente. Es más, ese pensamiento corresponde a una falacia non sequitur. Dicho de otro modo, puede haber procesos constituyentes surgidos a partir de crisis políticas, pero no todas las constituciones obedecen a crisis políticas. Ahí tenemos el proceso colombiano, surgido a partir de una necesidad de actualizar una Constitución obsoleta, o el proceso español, cuya formación obedecía a la necesidad de crear una normalización institucional, luego de una dictadura que duró cuatro décadas.

    Las razones esgrimidas para proponer una asamblea constituyente en Chile están inspiradas, entre otros motivos, por las causas derivadas de los procesos anteriormente señalados. Ninguno de los casos señalados tiene que ver con una crisis política que amenace los cimientos de la democracia preexistente.

    “Puede haber procesos constituyentes surgidos a partir de crisis políticas, pero no todas las constituciones obedecen a crisis políticas”

    5- “Una asamblea constituyente genera incertidumbre”.

    ¿Cuál incertidumbre? Si bien se llama «asamblea», difícilmente se parezca a las (a veces) selváticas asambleas universitarias. Si tienes alguna aprensión por el hecho de que un proceso orientado a crear algo tan importante como una Constitución (por tener el nombre de «asamblea») se convierta en algo igualmente selvático, te digo que no. Difícil. Es una alucinación. Si fuera conocida como «cámara» constituyente o «legislatura» constituyente quizá te logre crear un concepto más cercano a eso que realmente consiste una «asamblea» constituyente. Es más formal de lo que (supones que) suena.

    ¿Sigues sintiendo incertidumbre de quiénes van a estar allí? Como te dije, es muy posible que en esta asamblea participen los mismos partidos políticos que ya existen. Quizá haya alguno más, pero los que ya existen difícilmente se restarán de influir en un proceso constituyente, sean mayoría o sean minoría o sean grupos bisagra. Y es muy posible que no haya una tendencia en las preferencias electorales muy distinta a la que ya existe, así que la Nueva Mayoría, la Alianza o cualquier otro grupo político no tendrán porcentajes o proporciones electorales radicalemente diferentes al rango histórico que han tenido (salvo que exista un tercer grupo político que oficie de retador de los dos principales bloques políticos que logre levantar una fuerza electoral suficiente desde ahora hasta el momento en el cual se elija una asamblea).

    Asumido esto, ¿hay lugar para sentir incertidumbre? ¿Puede ser una verdadera amenaza para el modelo económico existente que se procuren modificar los tratos políticos a través de una nueva Constitución? ¿Influye en el modelo económico que se pretenda crear un nuevo texto constituyente, con el fin de quitarnos el olor a dictadura y a nacionalcatolicismo que tiene el documento de 1980? Difícil. ¿Dejará de haber inversiones en Chile si se convoca a asamblea constituyente? Casi imposible. ¿Vendrá una crisis por el solo hecho de que exista una determinada cantidad de personas elegidas por los ciudadanos votando y deliberando los elementos que deben conformar una constitución? Si no ha ocurrido eso con las reformas constitucionales o con la ley de divorcio, difícilmente habrá una guerra civil para defender la constitución de Augusto Pinochet (y maquillada por Ricardo Lagos).

    asamblea plaza

    ¿A qué voy? La incertidumbre solo existe en algunas mentalidades paranoicas que consideran que la asamblea constituyente tenderá a una deliberación sectaria, que de ella saldrá un documento de ultraizquierda. Y, en serio, es casi imposible que ocurra. ¿Por qué? Para que esa fantasía llegase a ser cierta, primero, debería haber una supermayoría electoral afín a dichas ideas y, segundo, el documento proveniente de dicha supermayoría debería ser refrendado en un plebiscito, propaganda electoral mediante. ¿Estamos en un país en el cual esas ideas que tanto se temen puedan lograr ser mayoría en un proceso de asamblea constituyente? Difícil.

    Es más posible que tengamos una Constitución con derechos en-la-medida-de-lo-posible que una revolución de izquierda. Pero, al menos, tendremos una Constitución en la cual fueron representadas y presentadas las ideas de todos quienes hayan participado de un proceso constituyente, lo cual le da un sentimiento de identidad. Nunca hemos tenido una Constitución que haya provenido de alguna forma de voluntad popular, sino solo de procesos ocurridos entre gallos y medianoche, de espaldas a la ciudadanía y basados en algún miedo contingente.

    No es necesario seguir alimentando más mitos.

    “La incertidumbre solo existe en algunas mentalidades paranoicas que consideran que la asamblea constituyente tenderá a una deliberación sectaria”

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