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La historia del OCAC

5 pasos para crear una causa y convertirla en proyecto de ley

A fines del 2013, en la soledad de mi pieza, creé un fanpage en Facebook llamado “Observatorio Contra el Acoso Callejero Chile”. Con muchas ganas, y sin contar con ningún tipo de presupuesto, comenzó algo que creció a niveles impensados: hoy el OCAC es una organización conformada por un equipo de más de 50 personas, con cerca de 40 mil seguidores/as en redes sociales y que se ha replicado en otros países como Uruguay, Perú, Nicaragua y Colombia.

Hace una semana, a través de una moción parlamentaria patrocinada por las diputadas Camila Vallejo y Karla Rubilar, ingresamos un proyecto de ley de acoso sexual callejero que cuenta con gran respaldo ciudadano y parlamentario. ¿Cómo cumplimos este sueño? ¿Cómo hacer que una idea se transforme en algo que pueda contribuir a una mejor sociedad? Les comparto mi historia en cinco pasos.

1- La visibilización

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Hace un año nadie en Chile hablaba de acoso sexual callejero. De hecho, ni siquiera existía como un concepto claro, aún cuando lo sufrieran miles de personas en nuestro país. La primera gran tarea, entonces, fue armar un equipo capaz de pensar la organización y hacer actividades orientadas a poner el tema en el tapete público.

Si no hay recursos, las redes sociales serán tu mejor aliada: son gratis, tienen posibilidad de alcance masivo y la cantidad de material que circula en ellas es diverso. Así desarrollamos una primera campaña fotográfica en las calles de Santiago, la cual simplemente consistía en cartulinas escritas con plumón con consignas como “Mi escote no es una invitación a acosarme”, “Que use el espacio público no quiere decir que mi cuerpo también lo sea” o “Déjame caminar tranquila”.

En esa primera y simbólica actividad sólo éramos cuatro chicas y Nicolás Aros, nuestro amigo fotógrafo. Ese día vimos la primera luz del impacto que nuestro proyecto tenía: cuando le hablábamos a una chica en la calle y le decíamos “¿Te podríamos sacar una foto?” y ella decía “no”, pero al escuchar que “es para una iniciativa contra el acoso sexual callejero”, se devolvía y decían “en ese caso sí”, “por favor” o “gracias por esto”.

Al mismo tiempo, se nos ocurrió pedir testimonios a las primeras personas que nos seguían en Facebook e irlos publicando. Nos sorprendió la recepción: nos llegaron muchos y comenzamos a publicarlos, pues sabíamos que las/os afectadas/os serían bastantes. Los impactantes testimonios, junto con la campaña fotográfica, llamaron la atención de muchos medios de comunicación.

2- La repercusión mediática

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Al principio no lo podía creer, el fanpage creció a miles de personas luego de las primeras entrevistas en televisión y se generaron discusiones sobre el tema en todas partes. El acoso sexual callejero era una forma de violencia de género que había permanecido en silencio por años y que, a pesar de ser un problema que ocurre en el espacio público, no era de conocimiento público. El OCAC cambió esa realidad y dio lugar a voces que antes no tenían dónde expresarse o sentirse comprendidas.

Una vez que el proceso de visibilización era evidente, vino la tarea más compleja: mostrar por qué es un problema social. Gracias a nuestra masiva aparición en medios, mucha gente quiso ser parte de OCAC y los/as recibimos con los brazos abiertos. Conformamos un equipo interdisciplinario bastante grande, quienes con profesionalismo y dedicación trabajan todos los días por la causa.

Con el equipo ya conformado, comenzamos a hacer estudios sobre el tema y a levantar datos. Le mostramos a Chile que el acoso sexual callejero es un tipo de violencia que afecta al 85% de las mujeres y al 50% de los hombres, que las cifras se incrementan cuando se trata de  mujeres menores de edad y que 9 de cada 10 chilenas/os está a favor de sancionar este tipo de prácticas.

3- El apoyo institucional

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El interés por lo que haciamos no sólo llamó la atención de la sociedad chilena, sino también de algunas instituciones internacionales de gran impacto. Hacernos un lugar como organización a través de un fondo de ONU Mujeres y de la Unión Europea fue un paso fundamental. No sólo permitió legitimar el problema más allá de nuestras fronteras, sino que además logró demostrar que como jóvenes que somos, era posible adjudicarse un fondo que financiara un iniciativa que contribuyera de forma positiva al país.

4- Los actores claves

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Una vez que el fondo estaba, comenzamos una serie de alianzas y conversaciones que permitieron ampliar nuestro campo de acción.

Uno de los productos que seguramente más impacto generó fue el que lográramos con Metro de Santiago, SaferTaxi y Transantiago: una campaña publicitaria contra el acoso sexual callejero durante tres meses (en la Estación U. Católica del Metro aún puede verse, en SaferTaxi la campaña continúa vigente).

Algunas personas nos preguntaban “¿qué contacto tenían de Metro?”, y la verdad es que no teníamos ninguno. Nunca contamos con pituto alguno, sólo estaban las ganas de expandir nuestra causa. Comenzamos enviando infinitos e-mails hasta que accedieron a reunirse con nosotras/os. El camino no fue fácil -todo lo contrario- pero luego de un tiempo recibimos un “sí” que pensamos jamás llegaría.

Así, y desde abajo, el OCAC logró realizar en noviembre pasado un evento de apertura a propósito de su primera campaña comunicacional. El evento estuvo lleno de embajadores/as, gerentes importantes y la Ministra del Sernam, Claudia Pascual, dio unas palabras en apoyo a la causa. Ese día, nuestra causa tuvo más fuerza que nunca: realizamos un punto de prensa y por primera vez me vi rodeada de periodistas que esperaban ansiosos/as respuestas que rara vez una mujer joven les entregaba.

5- El proyecto de ley

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Teníamos estudio, campaña y habíamos logrado ser una organización que era considerada como referente para muchas personas.  Nuestras cifras se transformaron en el insumo para mostrar que el acoso sexual callejero era un problema grave y que ya era hora de legislar al respecto.

De este modo, el equipo jurídico comenzó a agendar una fase de lobby en el Congreso y a desarrollar el borrador de un proyecto de ley para que yo, junto a alguna compañera de equipo, expusiéramos a algunos diputados/as el problema.

La primera vez que viajé a exponer del tema a Valparaiso estaba muy nerviosa. Tenía poco tiempo y debía convencer a quien se me sentara al frente que nuestro trabajo era importante, que el proyecto que habíamos generado era un mecanismo suficiente para dar un puntapié inicial contra el acoso sexual callejero. Así, me transformé en lobbista (nunca me imaginé ser lobbista) y de a poco le fui perdiendo el miedo a expresarme en un espacio donde ser mujer joven se presta para múltiples discriminaciones.

Tras una serie de reuniones con parlamentarios/as, conseguimos el apoyo. Teníamos a una rama de la política convencida de que había que legislar sobre el problema, que nuestro proyecto de ley era óptimo y que era urgente hacer algo al respecto. Sin imaginarlo, y con apoyo transversal  de distintas bancadas, ingresamos un proyecto de ley contra el acoso sexual callejero en Chile: la Ley de Respeto Callejero.

El OCAC comenzó con nada. Sin pitutos, sin apoyo político, sin dinero, sin mayores influencias. Su mérito está en haber identificado un problema que no tenía espacio para ser expresado en la sociedad y haberlo plasmado en un discurso que manifiesta un descontento ciudadano con una forma de violencia legitimada. Es extraño encontrar propuestas que desde la sociedad civil tengan impacto a nivel social y político, pero me quedó claro que no es imposible y que si un día te motivas (pero te motivas de verdad) se puede hacer algo para lograr un Chile mejor.

Y tú, ¿qué esperas para comenzar a levantar tu causa?

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