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Brutal testimonio

A mí me violaron y nunca denuncié

Escrito por MQLTV

    Me encuentro recordando aquel momento doloroso de mi vida. Al cerrar mis ojos aún siento aquello tan desgarrador y cruel. Quiero contar mi secreto, quiero que se oiga mi voz. Por todas las mujeres que, como yo en aquel instante, sólo callaron o destrozaron sus propias vidas.

    Por D.C. / Equipo Nosotrxs

    violación 2

    A mí me violaron. Sé que decirlo, leerlo e incluso escribirlo suena fuerte. Pero vivirlo, vivirlo te jode la puta vida. Fue un 3 de agosto, en aquella fecha yo tenía tan sólo 16 años. Era sólo una niña, todavía era una niña, pero aquellos hijos de perra -digo “ellos” porque fueron dos- no lo veían, sus mentes enfermas no lo veían. Al recordarlo aún siento sus risas, sus burlas, su forcejeo, sus golpes, sus penetraciones. Aún siento cómo arrebataban mi vida, cómo me desgarraban el alma, cómo me quitaban la inocencia, cómo mataban mis sueños. Con 16 años perdí la razón, mis pensamientos no eran cuerdos. El mayor de esos pensamientos sólo me instaba al suicidio porque, si bien aún respiraba, yo sentía que estaba muerta en vida. Me invadió el miedo y la culpa (sí, culpa; aunque suene estúpido decirlo).

    No denucié, no hice nada. El miedo a ser rechazada, el miedo a ser estigmatizada, el miedo a nunca poder sanarme eran más que yo. Incluso la culpa de que ese día hubiese usado un escote me guiaban incluso a pensar que yo los provoqué. Qué equivocada estaba. Yo era una niña, yo podía vestirme como quisiera. Yo no tenía la culpa de que sus mentes estuvieran enfermas.

    No denucié, no hice nada. El miedo a ser rechazada, el miedo a ser estigmatizada, el miedo a nunca poder sanarme eran más que yo.

    Era un día cualquiera en la vida de una adolescente cualquiera. Tenía pololo y simplemente salí camino a verlo. Quizás estuve en la calle, hora y tiempo no adecuado, pero sólo iba caminando y ellos arremetieron contra mí sin aviso, sin yo hacer nada, sin poder defenderme y así fue como no se hicieron culpables. Ni siquiera alcancé a ser parte de la cifra de la tasa anual de violaciones, un tipo de crimen tan aberrante que no debería existir.

    Hoy tengo 25 años y con lágrimas en los ojos puedo decir: ¡Sí, lo superé; esos hijos de perra no me cagaron la vida! Cuando pienso en ellos quisiera odiarlos, invadirme de rabia y encontrar justicia, pero al ver la realidad de este mundo en que vivimos, los perdono. Sí, los perdono. Y es que vivimos en un mundo donde nos enseñan a las mujeres a taparnos y no a los hombres a respetarnos, donde la justicia mata a un perro por morder a una niña y no a un hombre por violarla. Así de abrupta cruda y cruel es la realidad.

    esperanza

    Quiero contarles que aquellos hijos de perra sí me cambiaron la vida para siempre y que el miedo por mucho tiempo se apoderó de mí (decidí vivir entre cuatro paredes y que nadie me viera como una mujer era lo mas seguro). Ser linda, sensual o coqueta estaba prohibido para mí y, si lo hacía, involuntariamente volvían los miedos y las culpas. Para mí, “olvidar” o “superar” no estaba en mi diccionario y sólo me hundía más en el hoyo que ellos habían creado para mí.

    Pero hoy a mis 25 años puedo decir: sí, se puede. Se puede superar uno de los crímenes más aberrantes que le pueden ocurrir a una mujer. Ellos me quitaron todo menos mi fortaleza, la más importante de todas: la de ser una mujer.

    Hoy asumí que la culpa no es mía. Asúmelo tú también, mujer: la culpa es de ellos por tener su mente enferma, es culpa de sus madres por no enseñarles respeto a su propio sexo.

    Somos mujeres, merecemos respeto: podemos ponernos lo que queramos, podemos ser sexys, podemos disfrutar de nuestra sexualidad y no por eso ser llamadas putas (eso es lo que la sociedad, los estereotipos , el machismo incluso hasta la religión nos enseña ). Hoy asumí que la culpa no es mía. Asúmelo tú también, mujer: la culpa es de ellos por tener su mente enferma, es culpa de sus madres por no enseñarles respeto a su propio sexo, es culpa de la justicia por hacer que personas como estos hijos de perra entren de visita a una celda. Es culpa de la sociedad y de cómo está dicta cómo debe ser una dama.

    Ellos me dejaron marcada, pero yo hoy tengo mi propia marca que me recuerda siempre: soy mujer, soy sexy, soy linda y nunca, nunca sentiré culpa por ello. Tu, mujer, tampoco la sientas. Haz valer tus derechos, eres importante. Ámate.

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