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Aprobación de Carrera Docente: El fracaso de de una forma de hacer política

La aprobación del proyecto general de Carrera Docente se llevó a cabo finalmente. Luego de meses de debate al respecto, de marchas de profesores y de cuestionamientos a un texto que no erradicaba finalmente la lógica mercantilista de la educación, todo parece haber quedado en nada o en todo al mismo tiempo. Luego de finalizada la votación, en el hemiciclo reinaba un espíritu de frustración de parte de todos. Nadie se sentía realmente ganador ni celebraba lo que había pasado. Ni siquiera los que lograron la aprobación del proyecto.

Y es que este hecho es la demostración del fracaso de la política en muchos aspectos. Primero, en poder cambiar paradigmas educativos y volver a ubicar a  la educación en las materias que le competen, no transformándola en otra víctima del sistema de mercado y sus lógicas. Segundo, establecer que los profesores deben ser evaluados por un órgano que identifique las necesidades de los establecimientos educacionales y sus profesionales hacia el futuro. Pero sobre todo que hubiera un cierto acuerdo a este respecto, cosa que no se logró por la pérdida del rumbo tanto del profesorado como del gobierno.

¿Un fracaso? Bueno, pareciera que sí. Pero es también una oportunidad para reformular las formas e intelectualizar el debate.

Por un lado, los profesores no lograron crear un real relato de lo que querían. Sus debates eran más que nada basados en las formas y no en un fondo que no se escuchó no solo por el silencio que en un comienzo tuvieron los medios, sino también porque los profesionales no pudieron instalar de manera inteligente lo que querían hacer. Al contrario, el ruido y los gritos y las peleas entre los dirigentes no hicieron más que caricaturizar las demandas transformándolas así en un simple llanto a lo lejos. En una triste manera de tratar de encantar a la ciudadanía con sus exigencias.

Por otro lado están los políticos. De manera curiosa defendieron algo que no tenían muy claro por qué lo defendían. Hicieron un proyecto de Carrera Docente que iba claramente en contra de lo que había sido prometido y traicionando todo el espíritu que dijeron ponerle o que en campaña dijeron que pondrían. De pronto se vieron una vez más haciendo algo distinto a lo que pensaban hacer. Era como si el sistema se impusiera sobre ellos y el nulo entendimiento de las partes mermara esto que debió haber comenzado con un diálogo profundo y no solamente con rabietas propias de una sociedad que no entiende cuál es el norte y la importancia de la verdadera discusión que debe existir en una democracia.

carrera docente

Es como si de pronto todo lo que se esperó y anheló, no se transformó más que en una anécdota. Como si la consciente fortificación de los gremios y sus demandas, no hubiera sido bien canalizada y encausada de parte de quienes debían llevar a cabo el comienzo de reformas. Como si no se hubiera entendido que el quererlo todo, en el fondo llega a no quererlo nada. A comprarse un relato que situaba a quienes queríamos que esto cambiara como revolucionarios, cuando sólo son ciudadanos que querían más democratización y el término definitivo de un momento oscuro de nuestra historia que aún circula robusto por nuestras instituciones.

No se comprendió que para cambiar un sistema de tales características como el que vivimos y respiramos, necesita de política bien hecha. De discursos que vayan acompañados de medidas que no puedan ser desechadas por el discurso de lo “real” que siempre ha dominado un sector de nuestro país. Porque parece que al final nos quedamos con el bello sonido que adquirían en nuestras bocas  las justas demandas, pero no pudimos hacerlas prosperar porque no se tomó en cuenta la dimensión de lo que se pretendía hacer. No sé logró pesar la rigidez con que está formado lo que se pretende modificar. Una parte de Chile se quedó en las palabras, pero no supo cómo llevarlas a la acción política.

Hicieron un proyecto de Carrera Docente que iba claramente en contra de lo que había sido prometido y traicionando todo el espíritu que dijeron ponerle o que en campaña dijeron que pondrían.

¿Un fracaso? Bueno, pareciera que sí. Pero es también una oportunidad para reformular las formas e intelectualizar el debate. Es la única forma para que no volvamos a quedarnos con la Champaña sin descorchar, en esta fiesta en la que sabíamos qué queríamos hacer pero no la manera en que lo haríamos.

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