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Dueños de la moral

Atentado en París: ¿Y qué hacemos con la occidentofóbia?

La consternación mundial ante el atentado en París ha dado para todo. Muchos han llenado sus fotos de perfil de las redes sociales con los colores de Francia; otros nos han pedido que recemos. En fin, una gran cantidad de acciones se han visto desde el pasado viernes cuando comenzó a correr la noticia y las imágenes del atentado se divulgaron con la facilidad con la que se divulga todo hoy en día. Todo desde una perspectiva pasional y hace que nuestros sentimientos se expresen de manera indiscriminada con tal de decirle al otro lo espantados que estamos con lo que sucede.

Pero también hay otros. Están los que creen que la noticia en cuestión no es nada con lo que sucede a diario en Medio Oriente, en donde ejércitos como el francés han sido parte de ataques llenos de violencia por esos territorios. Se preguntan por qué se habla tanto del problema francés y no se dice nada de lo que sucede en otras tierras. Lo hacen de manera fuerte para así opacar a los otros quienes chorrean de colores franceses toda instancia pública. Lo hacen para decirnos a quienes condenamos lo sucedido en París, que ellos saben por qué hay que espantarse realmente, ya que parecen tener el monopolio de la moral.

Francia es un faro cultural en la historia de Occidente. Es la defensa de las ideas de la libertad, pero de esa real, las basadas en la igualdad y no la que enarbolan muchas veces los líderes de una higienizada y neoliberal Norteamérica.

Es cierto que lo que sucede en Medio Oriente es un problema bastante dramático para nuestra humanidad y sobre todo para la convivencia de los pueblos, pero pareciera que reconocerlo y sentir la muerte de ciudadanos franceses que no tenían responsabilidad alguna en el actuar de su ejército es un delito. Es ser vendidos a las ideas imperialistas encabezadas por Estados Unidos ya que quien trata de instalar un pequeño matiz es inmediatamente tildado de blando; de no ser dueño de la verdadera verdad, sino de la que los medios instalan.

Pero resulta que la situación no es tan así. Como es antojadizo que existan medios que no diferencien entre un grupo extremista como ISIS y el resto de quien profesa el Islam insistiendo en llamarle Estado Islámico a algo que solamente es un grupo terrorista, también lo es tratar de culpar a la cultura occidental de lo que las cúpulas de poder hacen o no. Es un error que muchas veces trata de combatir la llamada islamofóbia con lo que podríamos llamar la occidentofóbia de parte de occidentales; de quienes hemos recibido los valores de esa cultura.

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Es como si al tratar de culpar a quienes manejan nuestros destinos, también tratamos de renegar de lo que hemos recibido. Al igual que los medios muchas veces sitúan a todo el Islam del lado de la violencia y la matanza fría de seres humanos, muchos relativizan las muertes de ciudadanos europeos con tal de tratar de someter a la cultura de Occidente en un gran todo, olvidándonos de los principios de la Revolución Francesa, en donde nacieron las ideas progresistas de muchos de quienes hoy pueden hablar sin ser asesinados ni condenados por sus ideas con respecto a lo sucedido el viernes recién pasado.

Es cierto, hay muchos intereses y muchas críticas con respecto a esos intereses que los grandes líderes occidentales muchas veces ponen sobre la mesa antes de las vidas de personas de Oriente, pero no por eso podemos mirar con desdén una cultura de la que si bien hemos recibido muchos vicios, también hemos conocido conceptos y herencias socioculturales que no tienen por qué avergonzarnos.

Tratar de culpar a la cultura occidental de lo que las cúpulas de poder hacen o no. Es un error que muchas veces trata de combatir la llamada islamofóbia con lo que podríamos llamar la occidentofóbia.

Aunque se haya dicho muchas veces en discursos, lo cierto es que es importante defender el derecho a discrepar; a mirarnos y cuestionarnos. Es sumamente importante que no defendamos ideas absolutistas con tal de desafiar a nuestro poder. Resulta estéril, torpe y muchas veces es más un intento por romper las pelotas que de realmente establecer un punto.

Francia es un faro cultural en la historia de Occidente. Es la defensa de las ideas de la libertad, pero de esa real, las basadas en la igualdad y no la que enarbolan muchas veces los líderes de una higienizada y neoliberal Norteamérica. Es la defensa de las ideas por sobre los dogmas, de la discrepancia por sobre un discurso único. Y si no defendemos eso, entonces habremos perdido la batalla de las ideas, esas mismas ideas que nos hacen discernir entre el fanatismo y el laicismo. Entre la libre circulación de las perspectivas y la estúpida sensación de que nosotros tenemos la razón por sobre todo y todos, ya que lamentablemente por estos lugares aparecen cada vez más a menudo quiene s-al igual que ISIS- intentan validar su poca creencia en sus dogmas aplastando a los demás.

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