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Réplica a Politzer

¡Ay, Patricia!, ¿cuál liderazgo?

Ay, Patricia; debo decir que leí tu columna en El Mostrador llamada “¡Ay, Bachelet!, yo me pregunto…” con mucha detención. Hay muchas cosas en las que estoy totalmente de acuerdo con tu mente progre. No puede ser que un grupito de “iluminados” quiera pautear a la Presidenta. Eso de los acuerdos -concuerdo contigo- se ve claramente como una manera de ceder frente a la derecha y a una lógica que queremos dejar atrás. Diste en el clavo ahí.

Porque ¿por qué esta gran líder de la centroizquierda chilena tendría que doblegarse ante los intereses de una democracia creada por el pinochetismo? No hay razón alguna para que esto suceda, ¿cierto? Salvo, quizás, por un detalle que sería bueno aclarar o -por lo menos- discutir: ¿Es Bachelet esa líder que tú dejas entrever que es? Porque, te digo algo, yo ya no lo creo tanto.

Hay algo que no estás viendo, Patricia, y es que Bachelet quedó desnuda ante nosotros y nos reveló otro de los mitos del fin de nuestra oscura transición: que ella era otra carta para perpetuar ciertas lógicas

Es cierto, los conspicuos columnistas de la plaza se han sentido con el derecho supremo de aconsejarle cosas con la que ambos no estamos de acuerdo. Le han dado consejos hasta que se han cansado y -a diferencia tuyo- yo creo que les ha hecho bastante caso. Tal vez, precisamente, ése es su principal problema.

Muchos de esos escritores de diario le han dicho a la Presidenta que lo mejor es una medida institucional para resolver la nueva Constitución y, al parecer, esa es la medida que adoptará. Al parecer. Le han dicho también que la crisis política es peor de lo que ella cree y -lo peor- ¡también les ha hecho caso al nombrar una comisión de puros expertos y ningún político para solucionar el problema!

michelle bachelet

A lo mejor, Patricia, la razón de tu columna es que idealizas mucho a la Presidenta. Yo, al igual que tú, voté por ella, pero creo que hay algo que siempre supe y tú no quieres entender: su carisma no es la gran tabla de salvación para quienes queremos reformas profundas. Puede que su figura sea importante como fuerza política, pero -y tal vez ahí estoy mal yo- no creo en divinidades al momento de resolver problemas institucionales. Al contrario, creo más en las soluciones políticas que en las religiosas cuando se trata mirar hacia el futuro.

Sería bueno -también- que recordaras que Michelle no es lejana a los acuerdos ni a ese mundo que creyó -no sólo en los ’90, si no que entrada esta década- que la mejor manera para seguir conduciendo Chile era por medio de los profundos apretones de mano; los espaldarazos que se hicieron de manera transversal una y otra vez teniéndonos a nosotros como simples observadores y comentaristas. No cuesta nada acordarse de las manos alzadas en el acuerdo educacional del 2006 que no solucionó nada.

¿Es Bachelet esa líder que tú dejas entrever que es? Porque, te digo algo, yo ya no lo creo tanto.

Si la memoria no te falla, recordarás que la mandataria no tenía muy claro si volver o no a asumir el desafío de ocupar la primera magistratura del país y que frente a los consejos lo hizo. Ese club de Tobi le dijo que ella era la única, en esos momentos, para implementar cambios esperados por quienes miramos Chile hacia el futuro y no sólo como un gran cúmulo de números que se pasean frente a nuestros ojos.

Disculpa que sea tan puntudo, pero creo que hay algo que no estás viendo, Patricia, y es que Bachelet quedó desnuda ante nosotros y nos reveló otro de los mitos del fin de nuestra oscura transición: que ella era otra carta para perpetuar ciertas lógicas, aunque muchas veces queramos creer lo contrario. Pero tal vez lo peor fue que nos evidenció que ella no es puro carisma, porque ni eso tiene ya que al parecer eso es una invención de esos analistas que enfrentas y que trataron de tapar su inoperancia política.

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