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Delirio y egoísmo

Caos en la Copec: La puesta en acción de una ideología soterrada

Muchas veces las teorizaciones con respecto al sistema en el que vivimos y el relato de realidad que se sostiene invisible pero consistente, son sólo eso, teorizaciones. A veces parecen torpes ideas conspirativas de mentes aburridas y que no se condicen con el día a día de la persona que mira la realidad sólo desde su perspectiva, desde su individualista construcción de lo que sucede o no.

Los discursos de colectivismo contra el daño moral en que ha incurrido el sistema en que vivimos no son más que bravatas revolucionarias para quienes buscan cuidar sus pequeñas parcelas de poder, en días en que son muy pocos los que realmente disfrutan del poder. Es como si todos quisieran cuidar sus pequeños fundos mentales sin que ideas vagas y poco concretas -odian lo poco concreto- se entrometan entre ellos y la obtención de algo para sobrevivir. Sin embargo, hay momentos en que esas teorizaciones e ideas vagas se transforman en actos concretos: en la evidencia misma de los efectos de un relato.

Hay un grupo de personas que piensan que están en constante peligro. Que hay un estilo de vida que se va a venir abajo y que los quieren devorar.

Con esto me refiero a lo sucedido ayer con el mensaje en WhatsApp que hablaba del supuesto desabastecimiento de bencina en todo el país. Apenas se supo a noticia, al igual que en el cacerolazo ABC1, surgió el pánico, el terror y todos corrieron a llenar sus estanques. Se estaba acabando todo y había que ir a la Copec a cuidar lo propio, había que adelantarse lo más pronto posible para cuidar de uno, de su bienestar. De su preciada individualidad.

La imagen de los desesperados ciudadanos en busca de una sobrevivencia ficticia, en un caos ficticio, fue lo que nos puso frente a los ojos la clase de hombres y mujeres que se han ido creando con el tiempo. O mejor dicho: la clase de país que fue construido a base de pequeños feudos frente a una peligrosa idea de cambios que puedan sacarlos de estos. Porque todo está mal. Todo está cayéndose a pedazos según quienes quieren cuidarse de una amenaza que realmente no existe y que sólo fue creada para seguir perpetuando ideas y no cambiar ni un solo ápice de lo que se creó con tanta violencia y recelo.

copec desabastecimiento

Hay un grupo de personas que piensan que están en constante peligro. Que hay un estilo de vida que se va a venir abajo y que los quieren devorar. Y si eso no es la prueba máxima de que nos hemos ido transformando en una sociedad de individuos enrejados y no contactados con lo real, entonces no sé qué es. Hay una eterna búsqueda del caos que hace que algunos reafirmen su condición de clase; de lo que son y de lo que supuestamente un gobierno no quiere que sean. Hay también una búsqueda de reafirmar la identidad de una ideología que no es tan parlanchina como otras, pero que se ha erigido como la realidad. Como lo concreto. Como lo que está exento de toda verborrea ideológica. Es decir: es la puesta en escena de lo que otras veces es silencioso y busca ocultar su carácter dogmático con grandes expertos que nos dicen que el sentimentalismo y lo ilusorio solamente pertenece a las revoluciones izquierdistas. Nunca a las derechistas.

Hay una eterna búsqueda del caos que hace que algunos reafirmen su condición de clase; de lo que son y de lo que supuestamente un gobierno no quiere que sean.

¿No es acaso lo sucedido ayer la evidencia de que hay una revolución neoliberal palpitante aún? ¿No es claro que quienes salieron raudos de sus casas son parte de esa curiosa combinación chilena de revolucionarios-reaccionarios que salen a las calles con tal de defenderse de la realidad real con un discurso aprendido de una militancia que no saben que tienen?

Estos últimos tiempos han servido mucho para que esa teorización supuestamente idealista se vea plasmada en actos concretos. Para que muchas críticas a una hegemonía que antes no parecían más que simples y trasnochados vestigios de un pasado marxista, hoy sean tomados más en serio y nos hagan pensar que toda crítica hacia ciertas construcciones políticas y económicas no son sólo resabios de un pasado izquierdoso, sino también constataciones de hechos y conductas. De miedos que fueron edificados por una deformación de la moralidad que se transformó en una bandera de lucha. En una manera de defender un pensamiento que dice que no lo es. Una ideología soterrada que hoy se muestra en todo su esplendor.

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