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Casi desaforado

Carlos Bianchi: el senador de ninguna parte

El pasado lunes 25 se determinaba si el senador Carlos Bianchi fue desaforado o no. ¿La razón? Formalización por delitos de fraude al fisco y negociación incompatible por supuestas irregularidades en el uso de asignaciones parlamentarias. Sin embargo, la Corte de Apelaciones de Punta Arenas decidió dejar “en acuerdo” la resolución, lo que significa que aún no hay una determinación clara por parte de los jueces. Curioso.

Es como un parlamentario que no pertenece a ninguna parte; que busca llenar los vacíos ideológicos con palabras que no dicen nada, pero pareciera que dijeran mucho.

Es todo curioso en torno a Bianchi, por decir lo menos. Las veces que lo hemos visto en su esplendor ha sido en sesiones del Senado transmitidas a todo el país. Como cuando estaba en juego la permanencia en su cargo de Harald Beyer, el ministro de Educación destituido -acusación constitucional mediante- durante el gobierno de Sebastián Piñera. En esa oportunidad, lo vimos montar toda su teatralidad pidiendo que Beyer se disculpara ante los senadores y ante el país por lo que había hecho: no fiscalizar el lucro en la educación. Y es que su voz de locutor de radio de provincia es un encanto que muy pocos parlamentarios tienen. Esto, junto a una labia importante que -como suele suceder con todos quienes gozan de ésta- intenta tapar lo poco que dice. Lo poco que transmite, ya que muy poca gente sabe qué es lo que realmente piensa y hacia dónde circulan sus ideas. Parece no importar.

No defiende ideas, sólo disfruta desde su independencia para estar en los lugares que más le convienen según el momento, según el rating para así comprometer su voto.

Lo que es claro es que forma parte de la llamada “Bancada Regionalista” del Senado. Suena bien, muchos queremos que las regiones sean más participativas en las decisiones país y que no sean simplemente observadores de lo que sucede en Santiago, pero nunca ha quedado muy en claro qué es lo que quieren. Cómo lo piden y por qué lo piden. Tal vez el más nítido al momento de plantear sus postulados sea el senador Alejandro Guiller porque tiene una postura política clara y piensa Chile desde un sector. Pero eso no pasa con Bianchi, porque ¿qué piensa?, ¿a dónde pertenecen sus ideas? Y más importante todavía: ¿desde qué perspectiva observa el país?

Esto no lo digo porque crea en la lógica Alianza-Nueva Mayoría, pero sí parece importante un discurso político coherente y que gire en torno a algo, a una concepción, a un anhelo. En Bianchi nada de eso se ve. No defiende ideas, sólo disfruta desde su independencia para estar en los lugares que más le convienen según el momento, según el rating para así comprometer su voto. No hay sustancia en su discurso y menos en lo que proyecta hacia afuera como senador de la República. Es como un parlamentario que no pertenece a ninguna parte; que busca llenar los vacíos ideológicos con palabras que no dicen nada, pero pareciera que dijeran mucho.

Hay algo que puede llevarnos a buscar la unión entre su supuesto actuar ilegal y su conducta política: no tener principios claros.

Hoy su figura está en entredicho por un hecho particular que tiene que ver con un supuesto fraude al Estado, cosa que usted dirá no tiene nada que ver con lo que he descrito de su persona. Pero si lo piensa hay algo que puede llevarnos a buscar la unión entre su supuesto actuar ilegal y su conducta política: no tener principios claros. No basar su ejercicio en el servicio público sobre la base de nada, lo que puede llevar- tarde o temprano- a ver su tarea en el hemiciclo como un medio que se desvirtúa y que pierde sentido cuando no hay un objetivo claro. O, mejor dicho: el objetivo comienza a ser su persona y sus intereses ya que no hay un proyecto que respaldar.

Una sociedad que alberga políticos que no quieren hablar de política es, por decir lo menos, bastante curiosa. Y las consecuencias muchas veces peligrosas para una democracia que busca ser politizada. El ejemplo de Bianchi es lo más visible, hoy en día, de esas consecuencias. Porque al terminar la política de los proyectos, comienza la de los intereses personales y los arreglines.

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