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Matte y Ruiz Tagle

Cartel del confort: ¿Cómo no se van a coludir si se sienten nuestros dueños?

Una vez conocida la noticia del requerimiento de la Fiscalia Nacional Económica (FNE) en contra de las empresas CMPC y SCA, a causa del cartel de reparto de mercado y fijación de precios en el negocio del papel higiénico que ambas habrían sostenido durante diez años, nuevamente entró en nuestras cabezas la pregunta del país en el que vivimos. Sobre todo porque los nombres de quienes están relacionados con la acción son los mismos que han estado involucrados en otros negocios y también en la discusión nacional y política desde el empresariado.

Para ser concretos, SCA, durante la colusión, era propiedad del ex ministro del Deporte del gobierno de Sebastián Piñera, Gabriel Ruiz Tagle, empresario que combinó la política y el futbol al mismo tiempo, al haber usado su participación en Colo Colo como un instrumento de poder y como una demostración más de la nula regulación que existe entre política y negocios. CMPC, por otro lado, es propiedad del Grupo Matte, encabezado por don Eliodoro, actor político importante al ser dueño de uno de los centros de pensamiento de la derecha post dictatorial más relevantes del país. O eso han querido decirnos por lo menos.

El miedo que les tuvimos a los militares, se tradujo en la complacencia que tuvimos hacia ellos, los empresarios, los que los llamaron y construyeron un capitalismo patronal, en donde el emprendimiento es una cosa de clase.

Matte y Ruiz Tagle son dos personas con poder que han puesto en escena el nulo respeto del empresariado por la política y por la legislación. Ellos han sido capaces de sentirse actores políticos por sobre la institucionalidad por años. Han circulado desde un lugar a otro sin siquiera sonrojarse, creyendo que Chile solamente se mueve a base del mercado, y que toda decisión y negocio tiene que juzgarse con respecto a la “libertad” de la que éste supuestamente goza.

Eliodoro Matte, sin ir más lejos, hace unos días atrás daba un discurso ante la Presidenta Bachelet -quien partió corriendo al CEP con todo su gabinete- entregando algunas directrices sobre lo que él creía que debía ser el futuro reformista de Chile. Mientras los ministros y la mandataria apuntaban en sus respectivas libretas, una de las principales cabezas del empresariado nacional hablaba con dotes de estadista, como si Chile se estuviera cayendo a pedazos sin sus consejos y su punto de vista. Por lo menos así se sentía y así el gobierno lo hacía sentir.

gabrielruiztagle

Y es que no es para menos: estos personajes desde sus lugares han creído -porque tal vez es lo han demostrado con sus acciones- que la política se debe subyugar a los negocios y no al contrario. Ambos han sido influyentes personajes que han transformado intereses personales -Ruiz Tagle desde Colo Colo y Matte desde el CEP- en supuestos sentimientos colectivos. Han tratado de disfrazar sus más pueriles ansias de poder en ideas y sentimientos país, como si hubiera un trasfondo realmente transcendente en acciones que solamente intentan golpear la mesa con su dinero para conseguir más. Y lo mejor es que les ha funcionado. La política chilena durante años les ha comprado este supuesto aporte a la comunidad desde sus distintas palestras.

Entonces, ¿cómo no se van a coludir? ¿Cómo no van a creer que Chile es más bien un mercado modificable según sus intereses por sobre una institucionalidad que muchas veces se rinde a sus pies y hasta les pide consejos? Lamentablemente es natural que hagan lo que deseen con sus negocios si es que los hemos instalado en esa posición. Los hemos convertido en patrones con nuestro silencio y nuestras pataletas estériles, y no hemos hecho nada al respecto. Hemos dejado por años que discutan por nosotros y hasta crean tener sobre sus hombros los destinos nacionales. Nos hemos fascinado mirando las páginas sociales de los periódicos, viéndolos regodearse entre ellos y hasta hemos aplaudido esa endogámica relación que tienen muchas veces con las autoridades de gobiernos sean del color que sean.

Matte y Ruiz Tagle son dos personas con poder que han puesto en escena el nulo respeto del empresariado por la política y por la legislación. Ellos han sido capaces de sentirse actores políticos por sobre la institucionalidad por años.

La colusión del confort es el Chile que construimos sin querer queriendo. Ese que dejamos que se siguiera edificando cuando fijamos nuestros ojos en el Congreso, pero hicimos la vista gorda sobre quienes manejan poder desde otras veredas y nos han reglado nuestras normas de convivencia. Porque el miedo que les tuvimos a los militares, se tradujo en la complacencia que tuvimos hacia ellos, los empresarios, los que los llamaron y construyeron un capitalismo patronal, en donde el emprendimiento es una cosa de clase. De familia. De amigotes.

¿Cómo solucionar esto? Lo cierto es que la respuesta no es fácil, pero si nos detenemos a mirar los últimos acontecimientos nacionales, tal vez lo primordial es hacerle sentir a esta gente que la República no les pertenece. Emplazarlos a que reconozcan que hay poderes del Estado que no tienen por qué estar al servicio de sus pretensiones. Ahí tal vez -y de una vez por todas- ellos podrán tener respeto por una legalidad que lamentablemente aún sienten como una extensión de su dominio y su libertad para hacer y deshacer.

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