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Cuando les conviene

Caso Penta: Sólo a ellos no les gusta que los criminalicen

En el contexto de la formalización a políticos involucrados en el Caso Penta, hubo una actitud que llamó la atención a todo quien estaba mirando lo que sucedía en la sala: la de los abogados de las personas formalizadas, quienes pedían que sus defendidos no fueran grabados mientras se llevaba a cabo esta instancia. No querían hacer un show mediático de esto y menos quedar como delincuentes ante la opinión pública. Les importa mucho la opinión pública y el recato, pero únicamente cuando ellos están en el ojo del huracán.

Nunca está de más recordar que un lanza no tiene las mismas garantías ante la justicia ni ante las cámaras. Al contrario, las imágenes de ladronzuelos esposados por Carabineros o miembros de la PDI les hace el día tanto a la policía como a los noticiarios. Unos son premiados y a los otros les sirve de contenido para el noticiario del medio día y el de la noche. Es parte de la rutina, algo que no le importa mucho a nadie, sobre todo a quienes están conociendo tribunales por temas de boletas.

Una vez que la elite se ve dañada por algo que ellos mismos construyeron, entonces es cuando el chileno común y corriente puede ver algún cambio.

Esta es la muestra de cierto sector de este país que no mira hacia afuera y que se da cuenta de las cosas únicamente cuando le pasan a ellos. No tienen una visión país real, sino la que se inventaron en la cabeza. Por lo mismo, no es raro que aleguen en contra de la sobreexposición de formalizados cuando les pasa a ellos, ni tampoco que reclamen en contra de la figura de la prisión preventiva solamente cuando un amigo empresario está expuesto a ello, aunque hayan sido ellos los que instalaron esa figura en el nuevo sistema procesal penal. Sintieron que nunca les tocaría a ellos. Que la justicia siempre estaría de su lado porque de una u otra manera ellos estarían siempre cubiertos por una coraza que se llamaba relato, o si usted quiere: hegemonía de pensamiento.

Era imposible que cayeran ellos, ya que una vez vuelta la democracia habían redefinido lo que era justo o no. Habían dibujado en nuestras cabezas quiénes eran realmente los delincuentes, los que cometían una ofensa a la sociedad y eran un peligro. ¿Ellos? No, ellos nunca. Tienen una Constitución hecha a su medida y hasta hace poco si es que querían dedicarse al ejercicio público, tenían un sistema electoral que los haría ganar aunque siempre perdieran. Aunque no los conociera nadie y apenas supieran dónde queda su distrito.

jovino novoa

Tal vez es un tema recurrente en lo que escribo, pero nuevamente con esta situación entramos a analizar cómo está conformada nuestra democracia y nuestra realidad. Hay quienes sienten los símbolos más suyos que el resto de la ciudadanía, porque la única manera en que dieron a torcer el brazo para que se fuera Pinochet del poder fue con la condición de que pudieran seguir teniendo el mismo escudo institucional que los defendió durante la dictadura. Hicieron un país en la medida de lo posible para el resto de Chile, que en realidad se sostenía en la medida de sus intereses y sus miedos. Sintieron que lo que se había pactado quedaría por años reafirmando su idea de que lo que ellos quieren para el país es lo mejor. No había vuelta atrás y mal que mal habíamos crecido de acuerdo a esta manera de construir sociedad. Éramos los mejores gracias a ellos y sus condiciones dictatoriales dentro de la democracia.

Un lanza no tiene las mismas garantías ante la justicia ni ante las cámaras: las imágenes de ladronzuelos esposados por Carabineros o miembros de la PDI les hace el día tanto a la policía como a los noticiarios.

¿Terminarán los shows mediáticos a todos los formalizados e imputados sin importar su condición social y política? A lo mejor sí, porque Chile funciona de esa manera: una vez que la elite se ve dañada por algo que ellos mismos construyeron, entonces es cuando el chileno común y corriente puede ver algún cambio. El bienestar del resto pasa por la conveniencia de unos pocos. Así somos. Así hemos crecido por años y ya sabemos qué pasa con quienes intentan oponerse a esa lógica. Es cosa de leer historia. La única manera en que los reales cambios se realizan es cuando los que están arriba ven como peligroso su propio relato.

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