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Caso Menem

Cecilia Bolocco y la búsqueda eterna de la irrealidad

La noticia es la siguiente: Cecilia Bolocco fue imputada en Argentina debido a la venta de una propiedad obtenida tras su separación de Carlos Menem, y que formaría parte de un caso de lavado de dinero y enriquecimiento ilícito en el país vecino. Esto, debido a que el departamento no habría sido declarado por el ex presidente lo que para el diputado argentino, Manuel Garrido, “demostraría que Menem lo habría tenido en el marco de su dominio y disponibilidad, más allá de los ardides que haya desplegado para mantenerlo oculto”.

Así es, una vez más la unión de la ex reina de belleza con el otrora mandatario argentino sigue trayendo coletazos. No se quedó solamente en lo que pasó y lo que terminó, sino que -como pasa cuando está el poder involucrado- hay muchas informaciones aún no aclaradas que comienzan a aclararse de a poco después de la nebulosa en la que se habían visto atrapadas por años. Es como si el cuento de hadas que se nos trató de vender se caiga a pedazos y nos revele los más impuros y humanos secretos a lo largo de una relación.

Cecilia Bolocco siempre trató de reconocerse en los pasillos de la fama, para luego querer transformarse en un personaje irrompible, de la mano de la necesidad política de un decadente personaje como Menem.

Y es que, independiente de que la conductora nacional sea responsable o no de lo que se le imputa, lo cierto es que su figura siempre ha circulado entre el secretismo de unos temas y la sobreexposición de otros. Nunca nadie entendió muy bien por qué se casó con Menem con la evidencia tan clara de que era una estrategia política para que el caballero volviera a la Casa Rosada. Nadie tiene muy claro tampoco por qué los dos convirtieron esta estrategia en el contexto en el cual naciera su hijo. No se comprende hasta dónde puede llegar algo que tiene fachada de realidad, pero que realmente no es más que el producto de asesores obsesionados por instalar a políticos, por muy derrumbados que estén.

cecilia bolocco bandera argentina

Las veces que he visto a Cecilia Bolocco hablando de su fallido matrimonio en la televisión, por lo general siempre aparece de fondo un siútico piano y los ojos de la ahora diseñadora comienzan a llenarse de ese líquido tan rentable para la imagen pública. Uno piensa que en verdad lo quería, que había visto en él un gran aliado en este juego inmenso por seguir subiendo y manteniendo el poder. En este eterno impulso por reconocerse como persona mediante el poder. Mediante la obtención de cosas. De bienes materiales. De más cámaras. De la aceptación de otro país distinto, en donde lo alcanzó todo mediante el triunfo de un premio que poco importaba en tiempos normales, pero que tanto significó en la anormalidad que vivíamos por esos años ’80.

Nunca nadie entendió muy bien por qué se casó con Menem con la evidencia tan clara de que era una estrategia política para que el caballero volviera a la Casa Rosada.

Cecilia Bolocco siempre trató de reconocerse en los pasillos de la fama, para luego querer transformarse en un personaje irrompible, de la mano de la necesidad política de un decadente personaje como Menem. Ellos eran el último vestigio de unos ’90 que estaban muriendo y debían rescatarlos en una alianza que fuera más bien de egos que de amores. De necesidades que curiosamente eran más fuertes que la razón y que la realidad. Lo real no es parte de la vida de Bolocco. Al contrario, es un constante ímpetu por acabar con cualquier resabio de lo real, de lo que existe y de lo que alguna vez creyó que quiso.

En estas ansias de ser ella, por medio de lo famoso y lo poco palpable, es que tal vez aceptó todo lo que Menem le dijo. Fue parte de todo con tal de sentirse abrazada y entendida. Pero lo cierto es que nadie -y menos ella- entiende su vida.

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