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Arremetida "pro-vida"

¿Cómo piensan los que están contra el aborto?

Escrito por MQLTV

    Tal como sucede con todos los temas polémicos, es inevitable pronunciar la palabra “aborto” sin generar una avalancha de opiniones diversas. Algunos son firmes en su postura de defender el derecho a la elección de continuar el embarazo o de interrumpirlo, sin importar la motivación o las condiciones en que se dio esta circunstancia. Otros, en cambio, ceden un poco y demuestran su apoyo a la posibilidad de un aborto sólo cuando este embarazo se haya dado tras una violación, o bien, si es que la vida de la madre corre peligro o la del hijo tiene muy bajas probabilidades de permanecer.

    Las dos visiones guardan cierta relación; el “derecho a decidir” es lo que prima. Sin embargo, existe otro punto de vista: el de los llamados “pro-vida”, que rechaza el aborto en todas sus formas y cuya iniciativa no termina allí, sino que busca que la sociedad reconozca el inicio de la vida desde el momento de la concepción.

    ¿Qué buscan realmente los movimientos que se rehúsan a admitir una ley que aplica penas de hasta 5 años para quienes quieran interrumpir el embarazo? ¿Cómo enfocan y difunden sus ideas en el resto de la población? Hace un par de semanas, José Francisco Lagos, vocero de Siempre Por la Vida y uno de los máximos representantes pro-vida, debatió con Nicolás Copano en Hashtag y esgrimió gran parte de los argumentos de quienes piensan como él.

    Desde el principio, llama la atención que la mayoría de los adeptos a la convocatoria del pasado 23 de marzo sean tan jóvenes; en su mayoría se trataba de estudiantes de Enseñanza Media. Dicha manifestación fue organizada por la agrupación Siempre Por la Vida, y, según ellos mismos, llegaron unas 5 mil personas a manifestarse frente a La Moneda. La mayoría vestía poleras rojas con letras blancas con la siguiente leyenda “Yo estoy siempre por la vida, desde la concepción hasta la muerte natural”, lo que nos hace pensar que la actitud pro-vida no solo quiere regir las decisiones reproductivas de la mujer, sino también la manera en que deberíamos afrontar la muerte. Sobre esta idea profundizaremos en un instante.

    Volvamos al punto de la juventud de los participantes para mostrarles algo. En el sitio oficial de Siempre Por la Vida se definen los objetivos y principios de ésta, desde donde se extrae: “es un proyecto de la Fundación ChileSiempre compuesto por estudiantes secundarios y universitarios que se dedica a la defensa del derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, buscando consolidar en Chile una sólida (sic) cultura Pro Vida”. ¿Por qué el interés tan grande en estos grupos específicos? Porque ambos están en proceso de formación de criterio. Además, muchos de ellos están lejos de iniciar su vida sexual, o están recién forjando sus primeras relaciones amorosas, por lo que les resulta sencillo ver al aborto como una situación condenable. Esta realidad no les toca, y así es más fácil opinar en contra.

    Por eso la moral de los mal llamados pro-vida, de plantearse como los que están del lado del bien, es perjudicial para una sociedad que clama por justicia y oportunidades.

    ¿De dónde sacan a todos estos chicos? Hay algunos métodos. Uno de ellos es la “Escuela de Líderes Pro-vida”, una suerte de taller intensivo de 7 semanas donde los alumnos aprenden todo lo necesario para adoptar la postura anti abortiva. Los pro-vida organizan corridas y campañas para insistir en que se reconsidere la criminalización del aborto y les parece cuerdo mostrar embarazos de término para manifestarse en contra de la práctica abortiva. Plantean que la solución es darle apoyo laboral y psicológico a la madre, y así se respeta a todos.

    El problema es que aquel país donde proyectan sus ideales no existe. Esto es Chile, y en este país hay mujeres que mueren por interrumpir su embarazo, ya que pueden acceder a la cápsula de Misotrol. En esta nación laica, la religión católica rige los comportamientos de los úteros y condena al escarmiento público a la mujer que ose desafiar esta posición. No es éste un país amigable con la embarazada, es uno que la ve como un ente molesto, que se hipersensibiliza y que retrasa todo el trabajo. Es alguien reemplazable.

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    No culpemos a los adolescentes. Existen otros actores involucrados en la causa, y ninguno parece dar su brazo a torcer. Ejemplo de esto es Ignacio Sánchez, rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien participó de la marcha anti-aborto y que manifiesta enérgicamente que la vida comienza con la fecundación, que hay que respetar al bebé en gestación y a la madre por igual, que ambos merecen el mismo respeto.

    Ok, viajemos por un momento al cerebro del señor Sánchez y pensemos: ¿qué clase de respeto existe hacia la mujer cuando no se permite que ella decida respecto de lo que se está gestando en su útero? ¿Qué respeto puede existir en un bebé que nacerá en condiciones desfavorables, y que probablemente no compita en igualdad cuando crezca y quiera cumplir sus objetivos?

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    La respuesta es sencilla: respeto cero. Lo que sucede en muchos casos es que la madre recibe todo el peso de traer a ese proyecto de vida al mundo, afectando de forma drástica sus posibilidades de ascender en la escala socioeconómica y, más triste aún, en su formación educacional. Es cierto, hay muchas embarazadas que continúan sus estudios con todo el esfuerzo posible, pero no podemos decir que están peleando la batalla en igualdad de condiciones con sus compañeros/as; la situación está cuesta arriba.

    Sigamos en el planteamiento de Sánchez, y busquemos otro pero: resulta al menos curioso que alguien a la cabeza de una institución que año a año recibe dinero estatal quiera desentenderse de las posibles leyes que éste quiera llevar a cabo. Están en su derecho de no estar a favor del aborto, pero, como otras instituciones médicas que se negarían en un eventual escenario de permitir la interrupción del embarazo, deben comprender que nadie está por sobre la ley. Su deber es cumplir con el deseo de la madre; no criminalizar su decisión. 

    No es éste un país amigable con la embarazada, es uno que la ve como un ente molesto, que se hipersensibiliza y que retrasa todo el trabajo. Es alguien reemplazable.

    En el sitio de la organización también visualizamos un video-testimonio, donde una mujer emocionada cuenta su experiencia de haber dado a luz a un bebé cuyo pronóstico no era el mejor. Se pensaba que la madre moriría en el parto, pero ella decidió seguir adelante y lidiar con las consecuencias. El bebé ahora es un niño de 7 años, y la mujer hace un llamado a no abortar, ya que “no hay nada más maravilloso que tener un hijo que te acompañará toda la vida”.

    La idea de estas declaraciones y de otras, como las de personas que no fueron abortadas y terminaron siendo prodigios en distintas áreas, es que las posibles madres arriesguen su vida por una fantasía animada de ayer y hoy. Ella habla desde la felicidad que siente con el poder que tuvo de decir “ok, sigamos adelante”. Las mujeres que quieren abortar no tienen esta posibilidad, ya que los grupos en contra de esta medida quieren privilegiar los derechos humanos de una vida potencial, relegando las ideas de la mujer a un segundo plano, como sucede en muchos aspectos de la vida del género.

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    Los pro-vida insisten en poner imágenes de embarazos de término para conmocionar a la gente y hacer que crea horrible el acto de eliminar a ese ser, ofrecen medidas para apoyar a las madres con sus embarazos riesgosos o con apoyo psicológico en caso de violación. La realidad es otra: vivimos en un país donde, a pesar de que el aborto sea ilegal, se realizan muchos más que en los países donde está permitido (a nivel mundial, 28 mujeres abortan; en Chile, más de 50).

    Para desgracia de los pro-vida, el aborto es una realidad que seguirá existiendo, aunque sea en la clandestinidad, pero lo lógico para proteger la vida de estas mujeres que ya han decidido interrumpir su embarazo es que esta intervención se haga en las mejores condiciones de salubridad y seguridad para ella. La salud es un derecho de todos, estemos a favor o no del aborto. Por eso la moral de los mal llamados pro-vida, de plantearse como los que están del lado del bien, es perjudicial para una sociedad que clama por justicia y oportunidades.

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