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Adiós flojera

Conoce lo que te motiva y crea hábitos exitosos

Escrito por MQLTV

    “¿Qué están haciendo?” “¿Por qué?” ¿Cómo mejoramos esto?”. Seguramente has aguantado a algún compañero de trabajo que pregunte todo el tiempo o, peor, uno al que no le importe pregunta alguna. Quizás has trabajado con alguien que, si bien cumple con las fechas límite y trabaja a la par con el equipo, no logra superar sus propias metas. Quizás esa persona eres tú.

    Tras revisar Better than Before: Mastering the Habits of our Everyday Lives (Mejor que antes: dominando nuestros hábitos en el día a día), me di cuenta que tenemos actitudes muy distintas con respecto a los hábitos y a nuestra capacidad de adoptarlos. Todos caemos, de una forma u otra, en una de estas categorías: defensores, cuestionadores, complacientes y rebeldes.

    Hábitos

    En este caso, la pregunta clave es: ¿cómo respondemos ante las expectativas? Todos nos enfrentamos a dos tipos de expectativas: externas (cumplir con un plazo, respetar las leyes del tránsito) e internas (dejar de picar entre comidas, comenzar a trotar).

    Los defensores enfrentarán ambas expectativas sin mayor dificultad. Son muy autónomos, por lo que cumplir con compromisos o plazos es algo que no les da problemas (de hecho, hasta pueden adelantarse en alguna tarea). Lo que en verdad quieren es comprender y cumplir con las expectativas, incluso con las propias, lo cual les genera un alto instinto de supervivencia que sirve como contrapeso para lo que el resto espera de ellos.

    Un periodista que no tiene problemas para cumplir con las metas y plazos, pero que no logra encontrar tiempo para continuar escribiendo su libro, es un ejemplo clásico de complaciente.

    Sin embargo, les cuesta afrontar situaciones donde las expectativas no están claras. Puede que se sientan obligados a cumplirlas, inclusive las que no parecen tener mayor sentido. Les incomoda cuando saben que están faltando a las reglas (aunque sean reglas innecesarias), a menos que den con una justificación lo suficientemente poderosa. Lo sé muy bien porque soy uno de ellos. Soy un defensor.

    Por otra parte, los cuestionadores ponen en duda todas las expectativas y solo las cumplirán si creen que están bien justificadas: los motiva la razón, la lógica y la justicia. Deciden ellos mismos si una idea es buena o no y se abstienen de cualquier cosa arbitraria o sin un propósito claro. Están muy comprometidos en lo intelectual y están dispuestos a realizar un análisis exhaustivo. Si resuelven que hay suficiente sustento para alguna expectativa, la cumplirán. Si no, no.

    Concéntrate

    El problema de los cuestionadores es que tienen un apetito intelectual tan grande que los puede llevar al agotamiento. Muchas veces desearían aceptar las expectativas sin tener que cuestionarlas tanto. Siempre quieren más información.

    Los complacientes responden de inmediato a las expectativas del resto, pero les da problemas cumplir con las propias. Debido a que son muy buenos cumpliendo con plazos y peticiones, son muy buenos colegas, familiares y amigos. No decepcionan a nadie, excepto a sí mismos. Ya que se les hace difícil cumplir con sus expectativas internas, les cuesta motivarse por iniciativa propia, como avanzar en sus tesis de postgrado, por ejemplo, o ir a eventos para hacer contactos. Un periodista que no tiene problemas para cumplir con las metas y plazos, pero que no logra encontrar tiempo para continuar escribiendo su libro es un  ejemplo clásico de complaciente.

    El peso de lo que espera el resto puede hacer que los complacientes terminen por fundirse, porque les cuesta decir que no.

    Estos individuos dependen de la responsabilidad del resto, lo que puede acarrear problemas como plazos sin cumplir. Les da miedo decepcionar. En otras palabras: si a un complaciente se le está haciendo difícil cumplir con una meta, la solución es culpar a la responsabilidad de los demás. El peso de lo que espera el resto puede hacer que los complacientes terminen por fundirse, porque les cuesta decir que no. “Dejo todo para corregir los informes de mis colegas, pero soy pésimo para hacerme el tiempo de trabajar en mis propias tareas”, me comentó uno de ellos. Incluso, este grupo puede alcanzar un punto de rebelión, un patrón poco común en el cual se negarán abruptamente a cumplir con las expectativas; alcanzado este límite, el peso de ellas se hace tan grande que terminan por colapsar.

    Sobrecarga de trabajo

    Los rebeldes, en tanto, se resisten a cualquier expectativa que se tenga de ellos, sea ésta interna o externa. Optan por actuar desde la decisión propia, desde la libertad. Rechazan el control, incluso el propio, y les encanta saltarse las reglas y metas. Trabajan en base a sus propios objetivos, a su manera, y mientras puedan hacerlo, alcanzan todo lo que se proponen. El problema que surge es que frustran a los demás porque no se les puede exigir ni pedir nada. No les importa el “contamos contigo”, “acordaste hacerlo”, “va contra las reglas”, o “éste es el plazo”.  De hecho, si les pides algo, es probable que hagan justo lo contrario. Lo que sí les motiva es la idea de demostrarle al resto que pueden con todo. Si quieres comprobarlo, simplemente dile “No creo que alcances a traer ese bosquejo el viernes”, y lo más probable es que lo hagan el jueves, solo para llevarte la contraria. Pero es posible que los rebeldes se frustren a sí mismos, porque no pueden ni decirse ellos qué hacer.

    Quizás te sentiste identificado con alguna de las descripciones anteriores, pero si quieres comprobar cuál es tu tendencia de hábitos, te recomendamos este test .

     Fuente: HBR.org

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