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Cuba: La futura nueva dictadura neoliberal

La Revolución en Cuba siempre fue un mal chiste. Lo siento, pero es la historia. Es cierto que la derrota de Fulgencio Batista y su dictadura al servicio de los intereses norteamericanos fue necesaria. Era un prostíbulo gringo asentado en una isla necesitada de justicia y de nombres que pudieran alimentar discursos que, por lo menos, los sacara del letargo fanfarrón de los apostadores estadounidenses, quienes utilizaban las tierras cubanas como una manera de reafirmar su conciencia de imperio. Justo en ese momento de necesidades, apareció Fidel con su barba desordenada y su uniforme teñido de esperanza para un pueblo hastiado de los vicios agringados que se depositaban en sus calles. Apareció para traer esa anhelada justicia y luego contándole al mundo lo que realmente quería.

Con el tiempo esa Revolución -en momentos en que las revoluciones se planteaban como las únicas respuestas a la injusticia de un capitalismo que se creía vencedor- fue deviniendo en un régimen bastante caudillista. Los intereses democratizadores fueron convirtiéndose solamente en símbolos que se podían pegar en la pared, pero que no significaban más que imagen sin fondo. Autoritarismo con tintes de salvación, de que el único camino importante era plantearse ante la democracia liberal como una alternativa, aunque esta fuera claramente una dictadura política que, si bien disfrutaba de grandes beneficios sociales de parte del Estado, éste era comandado por un grupo que decidía qué era lo bueno y lo real para generaciones de personas que, con el tiempo, no conocen otra para poder hacer comparaciones.

¿Seguirá el gobierno de los Estados Unidos llamando dictadura al régimen castrista? Claramente no. Y esto porque ahora los Castro serán sus aliados económicos al abrirse.

Era el fin del prostíbulo gringo para que así comenzara el reinado castrista con todo lo que eso significaba. Era él el héroe de un pueblo bloqueado por los mezquinos intereses de un imperio que embargó a la isla, perjudicando a los ciudadanos y alimentando el relato de la Revolución. Era una mezcolanza entre el salvaje interés de los norteamericanos de hacer entrar su economía en todo lugar, en todo rincón del planeta, y esas ansias revolucionarias que, con el tiempo, se fueron convirtiendo en vulgares ansias de poder. Y es que es ese el gran problema de la izquierda: nunca han entendido que las revoluciones son pasajeras y nunca han transformado sociedades. Sólo las han castrado y han convertido sus grandes razones y motivos -con los que estoy de acuerdo- en un sueño infantil, ayudando así para que la derecha internacional caricaturice sus postulados. O sea, las revoluciones son las mejores amigas de la derecha. Y en este caso, no es muy diferente.

Hoy estamos ante la presencia de una nueva China. De una nueva mezcla entre autoritarismo y capitalismo. Entre mentalidades militarizadas y la libertad comercial.

Porque, ¿qué pasará hoy que EEUU y Cuba reanudan conversaciones? No es muy difícil saberlo: la Revolución pasará a ser un juguete más de marketing para los gringos, el Che Guevara se perderá entre las imágenes de Ronald McDonald y las plazas y monumentos no serán más que un nuevo producto. ¿Seguirá el gobierno de los Estados Unidos llamando dictadura al régimen castrista? Claramente no. Y esto porque ahora los Castro serán sus aliados económicos al abrirse. ¡Es la economía, estúpidos! Y es claro que el régimen de los hermanitos seguirá vivito y coleando, pero ahora garantizado por el imperio que tanto dijeron combatir y que tantos réditos políticos ha terminado por darles.

Hoy estamos ante la presencia de una nueva China. De una nueva mezcla entre autoritarismo y capitalismo. Entre mentalidades militarizadas y la libertad comercial en la que solamente algunos crecen y progresan, garantizando así la desigualdad por años y años. Es la vieja historia de que el “libre mercado” democratiza. La que nos vendió Pinochet en Chile mientras perseguía a todo quien estuviera en su contra y en su política del “Ladrillo”. Insisto: lo siento, pero es la historia.

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