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Estrechez de razón

Decano PUC y su frase anti-aborto: El fanatismo no distingue clase social

“La lluvia es clamor del cielo por los inocentes que morirán si se consolida la legalización del aborto” fueron las palabras que encendieron -una vez más- las redes sociales. El contenido de éstas -que buscaban una estética literaria, pero que desembocaban finalmente en un fanatismo religioso bastante delirante- fueron escritas por Carlos Frontaura, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. Así es, un abogado de cierta alcurnia académica hablaba del clamor del cielo porque, según él, el proyecto de la despenalización del aborto terapéutico en tres causales buscaría matar a inocentes.

Quiero insistir en su estatus. No estamos hablando de los gritos locos de un Pastor Soto que grita a los cuatro vientos la molestia de su Dios con respecto a las decisiones que un Estado laico toma para velar por los derechos y las libertades de sus ciudadanos. Estamos hablando de un profesor de Derecho. De una persona que debería tener más conciencia que nosotros, simples mortales, sobre la importancia del enriquecimiento de la sociedad. Y de que la base de ese enriquecimiento, debería radicar en el fortalecimiento de las garantías y el resguardo de los ciudadanos y sus derechos. Cosa que, según entiendo, sucedería una vez que en un país, entre otras, no se encarcela a una madre por tomar la difícil decisión de abortar.

Pero, al parecer, don Carlos eso no lo entiende. Pareciera ser que, por sobre sus estudios, los dogmas religiosos parecen prevalecer, al igual que lo hacen con el señor Soto. Pero tal vez el mayor problema sea el cargo que Frontaura desempeña. Su influencia y, sobre todo, el no tener conciencia de ello en un espacio público como lo es cada vez más- Twitter. Porque Soto puede seguir gritando y acusándonos a todos nosotros de blasfemos, pero el hecho es que él no ha sido validado por una universidad como autoridad académica. Ni tampoco tiene a su haber una facultad de estudios. He ahí la gran diferencia con el payacesco “pastor”. Y he ahí también el gran problema de nuestra sociedad: que muchas veces apuntamos más al fanático desprovisto de poder, pero no nos damos cuenta que en las grandes cúpulas muchos piensan lo mismo. La diferencia es que estos últimos lo esconden, y muchas veces nuestro temor a mirar hacia arriba los ayuda a que sigan camuflando sus ideas.

Porque Soto puede seguir gritando y acusándonos a todos nosotros de blasfemos, pero el hecho es que él no ha sido validado por una universidad como autoridad académica.

El fanatismo no distingue clase social. Si hay algo que en Chile está más que probado es que los grandes círculos de la elite también están plagados de personas que no entienden lo que leen. O si lo entienden, lo modifican según sus dogmas, sus religiones y sus creencias en ciertas cosas sin hacerse preguntas al respecto. La elite en Chile -a diferencia de otras muchas alrededor del mundo- evita hacerse preguntas. Evita mirar alrededor porque tal vez su condición de tal le hace creer que la verdad está más cerca suyo que de los otros ciudadanos. A lo mejor la elite de este país -salvo honrosas excepciones-, en su sempiterna ignorancia, se siente habitando un lugar en donde las discusiones ya se acabaron. O mejor dicho, nunca comenzaron.

Por lo tanto, parece importante poner ojo en quienes ejercen poder desde sus puestos de trabajo. En quienes se esconden tras sus condiciones intelectuales para ocultar sus más profundas percepciones de la sociedad basadas en religiosidades de todo ámbito, y no así en el uso de la razón, ni en el análisis de la realidad. Y esto no lo digo porque no puedan pensar lo que piensan, sino porque muchas veces disfrazan sus posturas personales de lo que debe ser. De lo que debe ser lo real sin detenerse a preguntar.

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