• Videos
  • En Vivo

MQLTV.COM

En vivo

Nueva constitución

El dedo de Bachelet: La elección de los observadores ciudadanos

El pasado miércoles 2 de diciembre se hizo público el nombramiento de los observadores del proceso constituyente, cuya función será dar garantías respecto del debate ciudadano acerca de la producción de nuestra nueva Carta Fundamental. Esto se hace coordinadamente con una ofensiva mediática compuesta de videos animados, notas de prensa y la publicación de una lista de 8 pasos que dejan clarísimo no sólo cómo se llevará a cabo el proceso, sino además, cuáles son las expectativas que podemos poner en él.

Para analizar las consecuencias del nombramiento de este comité, es importante comprender cuál será la función que cumplirá este equipo nombrado “a dedo” por la Presidenta: la página informativa permite leer en su paso 3, “Concejo ciudadano de observadores” que este “estará integrado por representantes de la sociedad civil, serán nombrados por la Presidenta Bachelet y su misión será velar para que los Diálogos Ciudadanos se realicen de manera libre, transparente y sin presiones”. A su vez, sabemos que los diálogos son el medio por el cual la ciudadanía podrá comunicarse con la clase dirigente, mediante la producción de un texto no vinculante de “Bases ciudadanas para una nueva Constitución”, que serán entregadas por los observadores a Bachelet de modo que informen el proyecto de reforma del ejecutivo. Por supuesto, los márgenes de dicho proyecto ya están predefinidos y las opciones para la producción de la Nueva Carta Fundamental se reseñan en la página: “Comisión bicameral”, “Convención constituyente mixta” y -por supuesto- “Asamblea constituyente”, la cual, como recordarán, era la demanda social original.

observadores ciudadanos 3

Viendo cómo se desarrolló el nombramiento de los observadores, con el espíritu de una representación social elegida y administrada por las autoridades, cuesta creer que llegaremos a una asamblea; mal que mal, hasta ahora ninguna de las decisiones de la autoridad ha sido siquiera plebiscitada; todo es simplemente anunciado. Si se desarrollara el peor escenario y no hay asamblea, entonces los observadores, hasta el eventual plebiscitio, serán el único canal directo para nuestras demandas.

Considerando esto último, cabe preguntarse porqué los comisionados, que cumplirán un rol central en la legitimidad social del proceso, fueron elegidos uno a uno de manera privada, probablemente por una comisión asesora de la Presidenta, y no por un método efectivamente representativo. Si la intención era pasar por sobre las instituciones del actual sistema, que ya se encuentran deslegitimadas y que queremos cambiar, entonces parece razonable no hacer una elección democrática, porque esta replicaría la distribución de poder de los partidos; con todo, siguen existiendo opciones más interesantes que la elección discrecional por parte de la autoridad, y una de ellas es el azar. Este método, utilizado en el caso de los grupos de deliberación legislativos y constitucionales en Canadá, Holanda, Irlanda e Islandia, se lleva a cabo mediante un sorteo entre todos los ciudadanos de la República, como se hacía en la antigua Grecia. Esto además, supone un soplo de aire fresco sobre el formalismo electoral que vincula la democracia únicamente a la elección de representantes y que en nuestro país es una obsesión, precisamente porque es la única forma de democracia que tolera el texto de 1980.

La ciudadanía no se hace de un espacio de poder, sino que se relaciona con él a través de instancias no vinculantes, para entregárselo “limpiamente” de vuelta de los partidos que definirán el nuevo texto constitucional.

Ante la opción de efectuar un sorteo, muchos rasgan vestiduras. Aquello que lleva a un sector de nuestra ciudadanía a considerar que el azar podría producir una comisión conformada por “ignorantes”, “maleducados”, “fachos”, “machistas” u otros tantos apelativos, es el mismo temor a la democracia que guiaba la mano de Jaime Guzmán. En efecto, un nombramiento al azar implicaría que los comisionados serían representativos de la ciudadanía, que a su vez, incluye a personas que no nos gustan; temerle a eso, y preferir que sean expertos, políticos profesionales o derechamente famosos los que tomen las decisiones o aseguren las garantías de este proceso es simple y puro temor a las consecuencias de una democracia efectiva. El hecho de que sean los ciudadanos los principales defensores de una democracia puramente formal y “protegida” es el mayor legado de la dictadura, que precisaba más allá del sistema jurídico constitucional, la necesidad de establecer un sentido común que resguardara los enclaves autoritarios y en el cual fuéramos nosotros mismos quienes excluyéramos a nuestros pares de los espacios de poder.

En vez de un método de inspiración representativa para darle legitimidad a un proceso que ya genera sospechas, la Nueva Mayoría elige uno a uno a los miembros de la comisión “a dedo”, del mismo modo que la Junta Militar eligió a quienes conformaron la Comisión Ortúzar, verdadera responsable del texto de 1980. La composición del espacio lo dice todo: hay miembros testimoniales de la sociedad civil, un par de famosos y bastantes operadores de grupos de interés; Fernando Atria ya se adelantó a decir el viernes, además, que la derecha está sobrerepresentada, cuando en los hechos es la derecha la que no quiere la reforma. Asimismo, de 15 ciudadanos convocados, tan solo 3 son mujeres, en un país en que las mujeres representan más de la mitad de la población, cuestión que Juanita Parra y Cecilia Rovaretti, a diferencia de Bachelet, ya supieron acusar. Y ojo, que si quisiéramos ser paritarios y estar a la altura de la discusión de género, debiésemos a lo menos tener un representante LGBTI.

La crítica más profunda al proceso constituyente de la Nueva Mayoría, y que se ve reafirmanda por este nombramiento, es que la ciudadanía está siendo reconducida al rol de espectador.

Si es cuestionable esta elección, entonces no es sorpresa que el proceso mismo también presente flancos criticables: las instancias previas permitirán a la ciudadanía interactuar con el poder y expresar su opinión, pero al no ser vinculantes, el poder real finalmente reposará en la mandataria que enviará el proyecto, y en el primer congreso elegido sin binominal, que votará las opciones. Todo ciudadano que se precie de tal debe estar feliz del término del sistema binominal, pero cuidado, que el nuevo modelo generará un resultado impredecible, y por lo mismo, no necesariamente favorable a las fuerzas progresistas o de izquierda. Esto refuerza la importancia de los comisionados como garantía de participación ciudadana, y por lo mismo, la composición cobra relevancia: este equipo incluirá personajes del mundo de las artes y del deporte y a una sola dirigente social, que deberán sentarse a la mesa con operadores de grupos de interés altamente articulados, como Hernán Larraín Matte o Benito Baranda y con intelectuales del CEP, piedra angular del circuito de centros de estudios donde la clase dirigente produce y reproduce su conocimiento y su hegemonía. Cuesta imaginar que estos ciudadanos notables que eligió la presidenta -indiferente de quienes sean- puedan lidiar con los representantes de estos espacios de articulación, lo que obliga a pensar que la conformación de la comisión busca ofrecer garantías más para el conservadurismo que para la ciudadanía.

observadores ciudadanos 4

En definitiva, la crítica más profunda al proceso constituyente de la Nueva Mayoría, y que se ve reafirmada por este nombramiento es que la ciudadanía está siendo reconducida al rol de espectador. Reconstruyamos el camino: en 2013 las movilizaciones, principalmente sectoriales pero con un horizonte transformador común, estaban desbordando a la clase política tradicional, que enfrentaba además una nueva elección; esto obligó a los partidos a hacerse cargo de las demandas en todos los programas progresistas de gobierno consolidándose así la exigencia de una nueva Constitución. Todas las demandas apuntaban a producir un hito refundacional que se hiciera cargo no tan solo del problema simbólico de una Constitución producida en dictadura, sino más profundamente, de la necesidad de que la ciudadanía fuese capaz de incidir en los procesos políticos del país, cosa imposible por las trabas institucionales del texto de 1980. Mientras la derecha se enclaustraba en lo que llamaron “evolución constitucional”, que implica que el texto debe mantenerse con modificaciones para asegurar condiciones de gobernabilidad, la Nueva Mayoría tomó la bandera en el programa de Bachelet. El problema es que al poco andar del gobierno, la demanda terminó por ser instrumentalizada en torno a la actual problemática de la clase dirigente: la deslegitimación de sus dirigentes públicos e instituciones representativas. Entonces, la demanda de nueva Constitución se convirtió en la oportunidad ya no de refundar Chile, sino de refundar a la clase política.

En ese afán, la ciudadanía no se hace de un espacio de poder, sino que se relaciona con él a través de instancias no vinculantes, para entregárselo “limpiamente” de vuelta de los partidos que definirán el nuevo texto constitucional. En ese sentido, la elección de observadores a dedo forma parte de esta reordenación espuria de las fuerzas, de la instrumentalización de la demanda ciudadana para devolver la legitimidad al bloque en el poder. El mismo cambio de la Constitución, y este es el mayor peligro de nuestro proceso, no asegura un cambio en el país; si cambiamos el texto constitucional sin hacernos cargo del entorno normativo que lo sostiene, y del sistema económico y social que fundamenta, entonces no cambiamos nada. En ese escenario, nuestra posición activa y crítica respecto del proceso es lo único que puede defendernos de terminar nuevamente enfrentando la vieja paradoja de ver cómo nuestros sueños se convierten en pesadillas, cosa que ocurre siempre que un ente externo es el que concede los deseos, ya sea un genio salido de una lámpara, un científico manejando ADN sacado de un mosquito, o una clase dirigente que cree que somos tan ingenuos como hace dos o tres presidentes concertacionistas atrás.

Sigue Leyendo Aquí Deja tu Comentario
VIDEO DESTACADO

Ahora en MQLTV

Comentarios