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Del Chocman y del Kapo: Soy de la generación de los 100 pesos

Escrito por MQLTV

    *Por Gabriel Gutiérrez / Así Tal Cual

    Hace poco estaba conversando por WhatsApp con unos amigos, recordando algunas de las cosas que hacíamos cuando pendejos y que hoy nos causan nostalgia. Series de TV, monos animados, juegos escolares, un montón de cosas que íbamos recordando mientras a nuestro carnet se le iba haciendo un hoyo más grande que la falla de San Andrés. Y dentro de toda esa conversación nostálgica pasada a suflitos de papa y canchas de barro, de pronto aparecieron dos palabras, dos simples palabras que de un momento causaron que la nostalgia feliz pasara al llanto a moco tendido: “100 pesos”. Dos simples palabras que podría decir perfectamente que resumen toda mi maldita infancia. ¿Y por qué “100 pesos”es algo tan importante? Porque bueno, como buen noventero, alcancé a rasguñar y vivir la infancia donde con 100 pesos tú eras literalmente un millonario, un Farkas más, alguien que no tenía nada que envidiarle a los Luksic ni a nadie. Loco, 100 pesos eran tu llave hacia otro mundo, uno en el que podías regodearte de todos los dulces y promociones que quisieras, algo que de verdad te cambiaba todo.

    almacen

    Siempre era mi papá el que me los daba, esto luego de insistirle 20 horas, llorarle 5 veces al frente de él y hacer más pucheros que Piñera teniendo un ataque de tics. Porque sí loco, 100 pesos no era cualquier cosa como ahora, sino que de verdad era una cifra importante para todo pendejo. Y bueno, luego de conseguir tan preciado dinero, lo primero que uno siempre hacía era correr hasta el negocio de la esquina a gastarlo. Y era bakán po, porque uno entraba al almacén millonario, creyéndose dueño de cualquier cosa para comprar, y pudiendo decirle a la dueña del negocio: “Emm, señora, deme todo lo que hay en esa repisa”Y de verdad, uno tenía una infinidad de cosas las cuales poder adquirir: estaban los Chubi y los Tiffany’s, los cuales vienen a ser como la U y el Colo de los dulces, y que costaban 50 pesos cada uno, así que te podías llevar los 2. Si tenías ganas de algo un poco más grande, no hay problema, tenías a tu elección el poder comprarte unas Serranitas o unas cariocas pa pasar el hambre, elegir una de las distintas versiones del Nikolo (el original sí, no esa porquería de ahora que parece la versión “mini me” del de antes), podías también optar a comprarte una deliciosa Negrita, o el clásico de clásicos: un Chocman, y sí, a 100 pesos loco, porque los Chocman alguna vez en la vida costaron 100 pesos. No como ahora, que tenís que poco menos pedir un crédito hipotecario pa comprarte uno.

    La infancia donde con 100 pesos tú eras literalmente un millonario, un Farkas más, alguien que no tenía nada que envidiarle a los Luksic ni a nadie.

    Pero no tan sólo con 100 pesos te alcanzaba para una cosa grande, sino que también para llenarte los bolsillos con cosas pequeñas. Por ejemplo, los “Media Hora” (que nunca han durado media hora) valían 5 pesos, así que con 100 llenabas un saco entero. O por que no, su buen Fruguele a 10 pesos, para tener todo un día entero endulzado y diabetizado. Y si uno era más del cacao, nunca fallaron esos típicos chocolates a 10 pesos, que en realidad eran más que nada un pedazo de manteca pintado con témpera, pero que siempre salvaron en su versión de chocolate negro o blanco. ¡Una delicia de dioses! Pero los 100 pesos también apañaban en el tiempo de calor, momento en el que podías ir y degustar un exquisito Trululu o un Centella, o comprarte algunos de los cientos de variedades de helados Fruna. Pero si querías comprar más cosas, obviamente la mejor elección era encontrar a la típica vecina que ponía un cartelito en su ventana que decía “helados a 30 pesos”, que eran esos helados en bolsita que se hacían con jugo y se ponían en el congelador. Y loco, de verdad eran una delicia, porque podías comprarte tres y del sabor que uno quisiera. Leche, naranja, frutilla, todos los colores del arcoíris en un helado en bolsita que en realidad era como chupar hielo de color, pero que siempre salvó del calor. Y bueno, si en realidad tu opción era un juguito piola, siempre estuvieron ahí los Kapo, pero los the rial Kapo a tan solo 100 pesos!!

    500 pesos

    Y bueno, también hubieron veces en las que uno podía subir muchos más quintiles infantiles y sentirse aún más poderosos, y estos fueron cuando te portabas bien o te sacabas buenas notas en la escuela y tu papá te premiaba con el mejor trofeo de todos: un billete de 500 pesos, ¡LOCO, SOY MILLONARIO! ¡ME JUBILO A LOS 10 AÑOS, ME DA LO MISMO, PODRÉ VIVIR TODA MI VIDA CON ESTO! Y de verdad con 500 pesos uno se hacía la América, porque podías optar a más cosas que no fueran simplemente comida. Podías ir a comprarte el álbum de la serie que te gustaba o comprarte unos 3 sobres con láminas para completarlo. Además, si te gustaban los tazos, tenías la posibilidad de comprarte unos 3 suflitos distintos, y tener 3 tazos nuevos más a tu colección. Y lo mismo con los lanza-aguas de Kapo, los que podías ir a comprar con el billete y más encima te sobraba. Pero si tu intención era seguir chancheando, podías degustar algo más refinado a tu paladar, una de las golosinas que nunca estuvieron al alcance de los 100 pesos pero que igual son legendarias: Las de Marinela: su Gansito, un Pinguino, una Rayita o un Manqueque y comérselo con envoltorio incluido.

    Los Chocman alguna vez en la vida costaron 100 pesos. No como ahora, que tenís que poco menos pedir un crédito hipotecario pa comprarte uno.

    En fin, la vida antigua con 100 pesos era increíble. Esos tiempos en que una simple moneda le habría todas las posibilidades de felicidad a un pendejo que sólo se conformaba con cosas sencillas como una golosina que degustar. Un tiempo que ahora es imposible, porque 100 pesos no te alcanza ni pa la mascada de un Super 8, pero que pude vivir y del cual no me arrepiento (aunque a veces veo mis rollos, y quizá me arrepienta un poquito).

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