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DESIGUALDAD: La herida más sangrienta de Chile

Escrito por Carolina Ceballos

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    La desigualdad en Chile tiene distintas expresiones. Tan cotidianas como brutales. Algunos se sienten violentados por ella, otros la viven desde la convivencia cotidiana y la empatía. Esto mientras hay quienes se acomodan en su propia realidad y se conforman sin cuestionarse ni menos activarse. Casi como entregados a un futuro que, se tiene certeza, no distará mucho de esa brutal realidad que se les ha hecho tan cotidiana. Una precariedad que adormece y aplasta en un Chile en el que la desigualdad es parte del día a día.

    POBREZA

    La cifras son reveladoras de un país en el que mientras se incrementa el parque automotor, la venta de camisetas de ídolos deportivos como Alexis Sánchez, Arturo Vidal o Gary Medel  no se detiene. Sólo por mencionar algunos ejemplos, una de Colo-Colo oscila entre los 37,000 y 43,000 pesos. Lo mismo ocurre con las de la U y de la UC, cuyos precios de mercado se mantienen en los mismos rangos.

    Y cuando se trata de indumentaria de clubes extranjeros y el deseo es sentirse Alexis Sánchez jugando en el Arsenal, lo que hay que desembolsar es una cifra cercana a los 50,000 pesos, lo que equivale casi al 20% del sueldo mínimo en nuestro país, que actualmente apenas se empina sobre los 250,000 pesos. Imaginar un pack completo con la indumentaria de un ídolo deportivo podría ser un ejercicio perverso a la hora de cotizar en medio de la pobreza que día a día se manifiesta en distintos lugares, caso del Hospital San José, Posta Central, en la locomoción colectiva, debajo de los puentes como el del tradicional Río Mapocho o en la misma calle, donde algunos crudos rostros de la más absoluta y dolorosa precariedad se instalan improvisadamente a dormir.

    POBRES

    Vivir entre cartones, plásticos y chalecos malolientes y rotos, ahí donde es posible apreciar la cara más dura de la desigualdad en un Chile que es testigo de la instalación de la casa matriz de Maserati y Ferrari, dos de los más fieles representantes del mercado automotor de lujo, en Lo Barnechea. La razón es tan simple como simbólica, la demanda se ha incrementado. Como ha ocurrido con la venta general de autos nuevos, que anotó un alza de un 12,9% en septiembre último respecto del mismo mes del año anterior. El reporte entregado por la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC) a El Mercurio certifica que septiembre del 2016 se transformó en el mejor septiembre desde 2011. El 2016 en sus primeros 270 días, en tanto, acumula un alza de 6,7% anual. El porcentaje es bajo en relación a los vehículos también llamados de alta gama, esos de los que era (y seguramente sigue siendo) fanático Rafael Garay, quien llegó a tener seis modelitos, según el testimonio de a estas alturas su ex amigo, Iván Núñez. Concretamente y de acuerdo a lo que se ha oficializado, el crecimiento de la demanda de automóviles cuyo precio de venta supera los 50 millones de pesos llegó a 45,3% anual.

    La noticia de la llegada de ambas marcas a Chile ha dado incluso pie para que algunos ironicen con la situación de un país que se hunde en la miseria. Otros, en cambio, ponen acento en una realidad que nos habla de dos Chile que se miran desde veredas brutalmente opuestas.

    Un país con un sueldo mínimo de 250,000 mil pesos al 1 de julio del 2016, cuando el monto comenzó a incrementarse (gradualmente hasta llegar a 276,000 mil pesos), y el colectivo No+AFP luchando por mejorar las irrisorias pensiones de un modelo que José Piñera insiste en defender. La realidad habla de más de 426 mil adultos mayores que hoy viven, o intentan vivir, con escasos $93,543 pesos que reciben por concepto de Pensión Básica Solidaria del Estado. Y el resto de los jubilados en nuestro país recepciona, en promedio, un monto que escasamente bordea los 200 mil pesos. Increíble pero cierto, tan cierto como los más de 10 millones de pesos que puede costar hoy, en el otro Chile, una patente de un auto de lujo, muy bajo los 26 millones que debe gastar un fanático de los vehículos más caros de los que dispone el mercado nacional. Un insulto, dicen algunos.

    DIENTES

    Si se considera que una mujer en Chile se jubila a los 60 años y un hombre a los 65 (calculando el ingreso al mercado laboral a los 20 años promedio y recibiendo el sueldo mínimo con el reajuste completo oficializado hace algunas semanas) habrán ganado en toda su vida 132.480.000 millones de pesos y 149.040.000 millones pesos, respectivamente. Las cifras lucen abultadas, pero hasta irrisorias e insultantes comparadas con los 100 millones promedio que cuesta, por ejemplo, el Maserati Gran Turismo propiedad del ídolo de la Selección, Gary Medel y los 140 millones en los que está avaluado el Audi R8 en el que se desplaza Alexis Sánchez.

    En este adverso panorama, la esperanza al menos está del lado de quienes intentan construir un Chile distinto. Menos desigual, menos perverso. Y, en este sentido, “Desafío Levantemos Chile”, abraza esta bandera.

    Desde su dirección ejecutiva Nicolás Birrel conversó con nosotros acerca de un tema al que él se refiere más específicamente como inequidad. La primera pregunta que le formulamos es, directamente, ¿qué tan desigual es Chile? Su respuesta es tan rápida como categórica. “Es extraordinariamente desigual, lo que es evidente en el acceso a la educación, a la salud, al ingreso y la cultura”, nos comenta.

    NICOBIRRELL

    Luego le preguntamos si cree que al chileno común y corriente le importa realmente la desigualdad. “A la gente no le importa tanto, al chileno le importa en qué parte de la escalera está parado, ese es uno de uno de los motivos de por qué la desigualdad es tan grande en Chile, porque cada uno lucha por su cuota. Y en las esferas de poder es lo mismo. Depende de en qué ideología estás, aquí tiene que haber un punto de equilibrio, que yo creo que se puede lograr”, es su expectativa, la misma que lo moviliza cada mañana a levantarse para liderar la fundación que nació el 27 de febrero del 2010. “Después del terremoto de 2010, a los pocos meses nos dimos cuenta de que había un terremoto social gigantesco, no habíamos cachado el nivel (en que estábamos)”, dice al tiempo que nos comenta que, específicamente el trabajo que se hace en la fundación trasciende a pasarle una persona en situación de pobreza un bono en dinero. “No te vamos a pasar 200 lucas para pasar el invierno, vamos a ayudarte a que tengas tu propio emprendimiento, fomentamos la cultura, hacemos infraestructura”, ilustra Birrell.

    CAMPAÑAOTRA

    Respecto de tan especial fecha que marca el aniversario del colectivo social que lidera, el ejecutivo que se siente completamente beneficiado con el trabajo que tiene, cuenta que desde la devastación de un Chile en el suelo que dolía y desgarraba, se logró juntar “este grupo de gente que nos abrió los ojos, no dimos cuenta que sí se puede”.

    Sus palabras surgen desde su más profunda sensibilidad. Y Birrell no la oculta. “Le da sentido a mi vida, me salí del sector privado porque vi algo que no sólo le diera rédito económico a mi vida, recorrer Chile te da una realidad del país”, dice transparentando sus motivaciones para transformarse en uno de los que recogió la bandera que dejó el inspirador de “Desafío”, Felipe Cubillos, tras morir en la tragedia de Juan Fernández en septiembre del 2011.

    “Fomentar la cultura emprendedora, la promoción y defensa de la libertad en toda su expresión” son las premisas sobre las que se sostiene la fundación. Premisas que Birrell comparte con este medio. “Lo que queremos es generar un cambio cultural”, dice.

    Cuando le consultamos cómo es su vínculo con el Gobierno, Nicolás se apresura a contarnos que la relación se da dentro de márgenes muy buenos. “Nos llevamos súper bien, trabajamos juntos porque ven que hacemos la pega, rápido, transparente, está todo publicado. La transparencia es nuestro mayor activo, es la manera en que nos hemos ganado la confianza”, agrega.

    No obstante lo anterior, siente que las cosas se pueden hacer mejor y, específicamente, de manera mas fluida.

    “Al Gobierno le pediría menos burocracia, que se fijen menos en lo formal, que nos faciliten la pega con los permisos, con todos los entes del Estado (nos llevamos bien), pero hay trabas también. Así también hemos encontrado gente extraordinaria, en el área salud hemos podido hacer muchos operativos, a nivel de jardines infantiles hemos tenido algunas trabas”, cuenta antes de resumir su expectativa en que de parte del Estado haya mayor celeridad en la articulación de los planes públicos.

    “¿Al Gobierno le preocupa superar la desigualdad?”, es la pregunta que le formulamos hacia el final de nuestro diálogo. “Debiera serlo, si no vámonos todos para la casa, Desafío cree en la igualdad de oportunidad, demos la posibilidad de tener una mejor educación a la gente que lo necesita porque en este país hay una inequidad salvaje”, asume Birrel desde una realidad que conoce de cerca, con la que convive cotidianamente en el ejercicio profesional a través del que se reinventó luego de militar en la empresa privada, un cambio del que  hoy está muy lejos de  arrepentirse. “Tengo la mejor pega del mundo”, es su certeza.

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