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Adiós, Jorge Insunza

El Congreso no está en venta, pero tiene muchos compradores

Las asesorías que el entonces diputado Jorge Insunza realizó a Codelco y a Antofagasta Minerals mientras se desempeñaba como parlamentario han vuelto a instalar un tema importantísimo para conservar la independencia de las instituciones en democracia: el conflicto de interés. En entrevista con El Mercurio, el también ex titular de la Segpres dejó de lado toda esa sabiduría republicana que intentó demostrar en su discurso de renuncia una vez conocida su asesoría para contar que -como muchos intuíamos – él no era el único miembro del hemiciclo que hacía trabajo para empresas.

Y es que al parecer muchas veces se le quita el peso a lo poco éticas que son estas prácticas. Aunque suene exagerado -no lo es- una vez que toda empresa ronda el Congreso, el ejercicio de la República, tal y como debe ser concebida, se desmorona un poco. Esto porque, si usted lo piensa, la política es el motor de la democracia y una vez que este motor no puede funcionar en su plenitud, los objetivos de esta democracia tampoco pueden realizarse del todo, convirtiendo así a quienes se dedican al ejercicio público en trabajadores que velan por intereses particulares y no en los llamados a garantizar derechos generales. Y eso, en este Chile en donde todo se vendió y privatizó, no se entiende.

Un país en donde las instituciones son miradas como parte del patrimonio de grandes empresas, no es sano. Al contrario: funciona como fundo.

Si bien Codelco es una empresa estatal -lo que no deja que se combinen intereses y se vulnere la independencia parlamentaria-, Antofagasta Minerals es una de las compañías privadas que por años ha intervenido en el Congreso, desfigurando los límites que todo régimen democrático debe tener entre lo público y lo privado. Es como si muchos dueños de empresas sintieran que el hecho de haberse enriquecido entre finales de la dictadura y comienzos de la democracia convirtiera a las instituciones públicas en órganos más débiles frente a su dinero y la manera en que lo han producido (y lo siguen produciendo).

Porque seamos concretos: la democracia en la que crecimos le ha dado más preponderancia siempre al mercado que al funcionamiento de los poderes del Estado y lo importante que resulta que estos sean robustos. Esto porque una República poco robusta, con políticos que caen ante la tentación de un empresariado que camina por los símbolos republicanos como si fueran parte de su propiedad, es un buen negocio. Una gran oportunidad. Una manera de comprar el único ejercicio que puede contrapesar el inaudito poder económico que tienen ciertos grupos en nuestro país.

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Por lo tanto, es importante entender que el problema no es la política, sino el lugar al que la hemos relegado en una democracia que fue edificada para que no tuviera tanta relevancia frente al poder económico. Es primordial que se comprenda lo importante del trabajo parlamentario. Es fundamental que no haya ningún incentivo adicional de parte de empresas externas y menos -y esto es crucial- que se siga colaborando con este desdibujado mapa institucional chileno en donde no entendemos cuáles son los límites que deben existir en la relación público-privada.

Un país donde las instituciones son miradas como parte del patrimonio de grandes empresas, no es sano. Al contrario: funciona como fundo. Como un lugar en donde aunque juguemos a ser civilizados y desarrollados, el poder del dinero y de la voz patronal que muchas veces se desprende de éste, predomina. Controla y dicta cuál debe ser el comportamiento “democrático”.

 Una vez que toda empresa ronda el Congreso, el ejercicio de la República, tal y como debe ser concebida, se desmorona un poco.

Debido a todo esto es que cuanto antes hay que trabajar para que los símbolos no sigan siendo comprados por quienes creen que todo se transa. Por quienes ven en el Poder Legislativo otra oportunidad más para hacer valer su voz por sobre las demás. Ya que si queremos realmente avanzar a una sociedad menos guiada por los intereses corporativos, debemos dejar en claro que el Congreso no está en venta, pero también tener presente que hay muchos compradores. Y a ellos no se les debe permitir realizar su negocio.

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