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Migración en Brasil

El regreso al nordeste (un viaje de idas y vueltas)

Escrito por MQLTV

    Brasil es un país de contrastes. Según cuanto pese tu bolsillo, puedes recorrer el inmenso territorio en: helicóptero, avión, auto/camión, tren (cortas distancias) o bus (salón cama, semi-cama, ejecutivo o clandestino). En el último de estos transportes puedes viajar desde Sao Paulo hasta la Región del Nordeste Brasilero. El valor por pasajero, determinado por las cualidades regateadoras del comprador, está cerca de los 150 reales ($60.000) mientras que el pasaje en un bus oficial es mínimo 350 reales ($260.000). Se consigue el boleto en una agencia en las cercanías de la Estación Brás, una zona comercial donde confluyen los trenes, el metro (de cuatro lineas), muchos gritos, vida, comida callejera y venta ambulante.

    Una hora de espera en la primera agencia. Desde allí, te subes a una furgoneta que te lleva a las afueras de Sao Paulo. El punto de reunión es una zona gris y solitaria. El bus es de carga, aparentemente ese es su giro oficial y el transporte de personas sólo una manera de ganar algo más. Es un negocio familiar. Tiempo estimado de llegada: 36 horas. Tiempo estimado de partida 8:00 AM. Tiempo real de partida: pasado el medio día. Tiempo realista de llegada: inestimable. El bus del pueblo va a un paso más lento.

    1. carga nordeste brasil

    Es un día importante para Canoi, viaja junto a su hermano de vuelta a la tierra de su madre. Su tía los lleva a vivir con su abuela en Ceará. Su madre, padre y otros dos hermanos menores se quedan en Sao Paulo, a 2.373 kilómetros trazando una linea recta.

    El destino del viaje: el nordeste, la región más pobre del rico Brasil. En el bus viajan cerca de veinte personas, entre ellos está Canoi. Tiene seis años, es morena, delgadita, coqueta y le gusta mucho dibujar. Emigró desde el Nordeste a Sao Paulo con su familia cuando era pequeña.

    2. canoi nordeste brasil

    Cerca del medio día el bus aún no acelera. Los operarios demoran varias horas en acomodar toda la carga y luego otra más para conseguir que encienda el motor. Durante el tiempo de espera, Canoi y su hermanito, Kobal, bajan y suben del bus, también sus padres. Ella no parece entender bien qué está pasando, pero desde la ventana, al ver llorar a su mamá, le dice: “si va a llorar, no voy”. La mamá le responde: “ya, quédese ahí”.

    De los 16 millones de brasileños que están bajo la linea de la extrema pobreza (70 reales per cápita), el 75% vive en el nordeste y norte del país.

    Brasil es protagonista en la economía mundial, un industrializado gigante, con metrópolis en constante crecimiento. Pero al igual que en los tiempos de la esclavitud: el sur es rico y el norte pobre. Según el último Censo (2010), la distribución de la pobreza no ha cambiado. De los 16 millones de brasileños que están bajo la linea de la extrema pobreza (70 reales per cápita), el 75% vive en el nordeste y norte del país.

    En Sao Paulo se gana buena plata. Por eso la gente viene a trabajar acá”, me dijo el dueño de un mercado de productos importados en el exclusivo barrio de Vía Magdalena. La gran ciudad necesita mano de obra. La migración económica interna norte-sur es parte fundamental del engranaje capitalista de Brasil. Así se sustenta el desarrollo y así, más allá de las luces de los rascacielos paulistas, florecen las favelas.

    3. pasajeros

    El bus por fin acelera. Han pasado los llantos, los abrazos y las promesas de verse pronto. Apenas saliendo de Sao Paulo, escabulléndose entre las favelas, una alfombra verde intensa se asoma, los límites se difuminan en el horizonte sin montañas y el aire se vuelve cálido y dulzón. Todos los pasajeros se relajan, parecen embriagados con el aroma de las humedades.

    El primer país del club de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se alimenta de desplazados que des/habitan sus pueblos y repletan los vórtices de las ricas ciudades del Sudeste. Los padres de Canoi llegaron así a Sao Paulo, buscando trabajo. Viven de allegados en la casa de una tía, pero los niños no dejan de crecer y este año nació otro. La solución fue enviar a los dos mayores al nordeste, a la casa de los abuelos.

    La lucha por el espacio es paradójica en un país con una superficie de más de ocho millones de kms². Las extensiones de tierras fértiles están repartidas por todo su inmenso territorio. Allí donde la naturaleza es generosa, uno de los movimientos políticos más importantes se llama MST, “Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra”.

    El primer país del club de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se alimenta de desplazados que des/habitan sus pueblos y repletan los vórtices de las ricas ciudades del sudeste.

    Entre las constantes paradas en los lanchonetes -picadas para comer y pasar al baño- y las panas recurrentes del bus, el nordeste se acercaba. Como los niños tienen el poder de no quedarse quietos ni tristes, cada parada se convertía en alivio para Canoi y Kobal, también para sus tíos. El viaje era largo y el espacio limitado. Volaban las hojas pintadas y no paraba el bullicio.  Dos asientos más adelante estaba su tío (encargado de cuidarlos). Cada diez minutos se repetía la escena: llegaba el tío, ya colapsado de la energía exorbitante de los chiquillos, siempre dando un ultimátum. Pero nunca duraba el silencio. Sus insistentes advertencias no fueron tan efectivas como el cansancio. Afuera comenzó a llover, un fuerte temporal. El bus clandestino, de tanto en tanto, resbalaba.

    4. lanchonete nordeste brasil

    Otra vez en pana. Al costado del bus se inició un debate mezclado con risas entre Diego, el chofer y Junio, uno de los pasajeros. ¿Pernambuco o Ceará es más seco?, cada uno reivindicaba que su tierra era mejor, es decir, menos seca. “Si vas a Pernambuco con esa polera verde -me dijo Diego- los animales te morderán porque creerán que eres hoja”. Las tierras nunca se recuperaron del monocultivo depredador de la caña de azúcar.

    En el imaginario brasileño, el nordeste es una zona de eterna sequía. Se mezcla la característica climática con la realidad social, históricamente pobre y relegada. No es la sequía la culpable de la miseria en la región, pero es una buena excusa. El agua escasea y está mal distribuida, al igual que los ingresos en Brasil.

    Naturalmente nacida para producir alimentos, pasó a ser una región de hambre. Donde todo brotaba con vigor exuberante, el latifundio azucarero destructivo y avasallador, dejó rocas estériles, suelos lavados, tierras erosionadas”, reseña Eduardo Galeano en el clásico Las venas abiertas de América Latina.

    5. paisaje nordeste brasil

    Cuando el azúcar fue en picada, llegó el boom de caucho y hordas de hombres viajaron desde el nordeste seco a la selva húmeda. Los brazos nordestinos levantaron la moderna Brasilia, capital política de Brasil. Hasta hoy siguen bajando dispuestos a trabajar nordestinos hacia Sao Paulo, Rio de Janeiro y donde haya lugar para ellos en el sudeste rico. Como si su destino fuera perpetuar el desarrollo y el esplendor que nunca llega hasta el seco nordeste.

    Después de unas horas, el bus encendió.

    En el imaginario brasileño, el nordeste es una zona de eterna sequía. Se mezcla la característica climática con la realidad social, históricamente pobre y relegada.

    A los 15 minutos habíamos vuelto donde el mecánico de la ruta. Algo seguía sin andar bien. La segunda vez abrió una puerta en el pasillo del bus. Indicaciones de los choferes, un mecánico abajo y el otro encaramado que seguía las instrucciones. El bus andaba un poco, se encendían las luces, y otra vez apagado. La mayoría de los pasajeros ya dormía. No había mucho que hacer más que rogar a “Deus” para que la pana no fuese definitiva, no ahora cuando más de la mitad del camino estaba hecho.

    6. ruta nordeste brasil

    El ex presiente Lula Da Silva es nordestino, de Pernambuco. Emigró como tantos otros a Sao Paulo. Durante su gobierno, con el objetivo de acabar con la extrema pobreza, desarrolló una política de ayudas económicas (bonos). El programa estrella se llama “Bolsa de Familia”. Implica una transferencia de ingresos condicionados a las familias pobres del Brasil. La condición está determinada por la situación socio-económica de la familia y la cantidad de niños.  El requisito para tener estas ayudas del Estado, además de ser muy pobre, es mantener a los niños con las vacunas al día y que asistan a la escuela.

    De los 16 millones de brasileños que están bajo la linea de la extrema pobreza (70 reales per cápita), el 75% vive en el nordeste y norte del país.

    Las políticas asistencialistas efectivamente mitigan la extrema pobreza. Pero, sin dudar de la buena fe de Lula, es un hecho que no generan una transformación profunda. La balanza en la distribución de la riqueza sigue intacta. El programa -iniciado el 2003- ha combatido el hambre, pero también ha contribuido a mantener el consumo en tiempos de crisis, algo que no incide necesariamente en la calidad de vida, pero si lo hace en los indices macro-económicos. Además, ha garantizado que la mano de obra nordestina no disminuya. La cantidad de hijos hace la diferencia en cuantos reales se reciben de ayuda. Las familias sin hijos con ingresos mensuales per cápita de hasta 70 reales reciben el “beneficio básico” (68 reales), mientras que el “beneficio variable” abarca a familias que tengan ingresos de hasta 140 reales. La condición, eso sí, es tener niños: a los 68 reales se suman por cada hijo 22 reales.

    7. sao paulo nordeste brasil

    La condición esencial para recibir el bono es ser pobre y seguir siéndolo. Al igual que otros mecanismos que “luchan contra la desigualdad” como el Ingreso Ético Familiar (Chile) o la Asignación por hijo (Argentina), la Bolsa de Familia no implica un cambio de estructuras ni un impulso al desarrollo de la zona (vía cooperativas rurales, por ejemplo).

    La gran ciudad necesita mano de obra. La migración económica interna norte-sur es parte fundamental del engranaje capitalista de Brasil.

    Mientras esperábamos que el bus lograra andar nuevamente, Junio, que cada dos meses llevaba la última moda desde Sao Paulo a Pernambuco, sagazmente resumía el sistema así: “Te dan reales por cada hijo, entonces vas teniendo y teniendo más niños. Entonces recibes más ayudas, consigues un subsidio de vivienda y los metes a todos adentro, como se pueda. Hay que alimentar a los niños, cuscus en la mañana y en la tarde. El Estado provee y las madres meten y meten cucharas. Los niños tienen que crecer -mientras dice esto imita la posición de los hombres arando la Tierra-, así cuando ya están grandecitos pueden ir a trabajar los cultivos. El dinero siempre es poco, y entonces para aumentar los ingresos, conviene tener hijos…”. Él, con menos de treinta años, ya tiene tres hijos. Intentó la “aventura paulista”, pero gastando casi más de lo que ganaba, regresó al nordeste. La experiencia en la gran ciudad le dio una idea y ahora compra y vende dentro del propio Brasil ropa de imitación de las grandes marcas y celulares. El negocio era rentable porque los costos de carga en el bus clandestino eran significativamente menores que la vía oficial.

    8. chofer nordeste brasil

    Todos los que esperaban bajo el bus asintieron a las palabras de Junio. Todos tenían algo que decir al respecto, todos regresaban de Sao Paulo por algún motivo y eran nordestinos.“Un limón dos reales ($400)”, dijo Mila para graficar lo cara que era la vida en la metrópolis paulista. Ella es madre de tres niños, que dejó con su abuela en Ceará mientras trabajó por dos meses en Sao Paulo. Pero ya no más de eso. Volvía para quedarse, estaba aburrida de la gran ciudad. Criticaba enfática que la vida por allá no era tan buena como se pensaba en el norte. Sí, se ganaba más, pero se gastaba más también. La gente es individualista, “te miran mal” y “el metro,además de carísimo, siempre está repleto”. Cada viaje cuesta 3,50 reales ($700), mientras que el sueldo mínimo es de 800 reales ($160.000).

    9. desigualdad nordeste brasil

    “Nadie se saluda”, respondió alguien más. Los nordestinos estaban de acuerdo en lo inhóspita y fría que era la ciudad con ellos. “Mientras que allá, en el nordeste. Aunque la gente es pobre, sin conocerlo lo invitan un café, le preguntan como está”, continuó Mila. Mejor ser pobre en la propia tierra.

    En el sur, y específicamente en el sudeste, está el trabajo; es la zona más industrializada de América Latina. Allí están Río de Janeiro y Sao Paulo. Y allí también se hacen evidentes las dos caras de Brasil: llegan en masa los nordestinos, crecen las favelas y Brasil mejora los índices macro-económicos. Algunos se quedan. Otros, tal como llegaron, regresan al nordeste.

    El bus enciende, pero se detiene a los segundos. Suena un pito. Los intentos se repiten varias veces. Nuevas indicaciones: “un poquihno mais…” de no se qué. “Falta sólo un poco, volta por aquí, volta por allá”. Los mosquitos estaban conmocionados con los abruptos cambios lumínicos, mientras uno de los niños del fondo se despertaba. Y finalmente encendió.

    Las dos caras de Brasil: llegan en masa los nordestinos, crecen las favelas y Brasil mejora los índices macro-económicos. Algunos se quedan. Otros, tal como llegaron, regresan al nordeste.

    Después de casi tres días tomando las rutas alternativas necesarias para esquivar a la policía y varias panas de por medio, el bus clandestino llegó a Ceará. Yo bajé unas horas antes de la última parada, en Feria de Santana, cerca de Salvador de Bahía. Mis compañeros de viaje se despidieron con una calidez diametralmente opuesta a la indiferencia normal entre los pasajeros de un bus. Las buenas intenciones de los nordestinos se pueden resumir en una frase, la que me repitieron antes de bajar del bus: un sincero “Vai com Deus”.

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