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La historia de Cazueli

El trágico final de la Bandera Gigante por la Educación

Escrito por MQLTV

    La Copa América ya comenzó, inundando con su espíritu cada rincón no sólo de este país, sino de todo el continente. Chile, el país organizador de esta edición del torneo, vive un turbulento momento político enmarcado en escándalos de corrupción, deslegitimación de la institucionalidad y álgidas movilizaciones sociales que temen ser invisibilizadas durante los 24 días que dura la competencia.

    No es la primera vez que esto pasa. Hace cuatro años, mientras el movimiento estudiantil levantaba sus banderas encantando a la ciudadanía, aparecía en el horizonte la Copa América Argentina 2011, evento que amenazaba con poner en segundo plano la lucha que miles de jóvenes daban por una educación pública, gratuita y de calidad.

    Frente a ese escenario, en las distintas asambleas y tomas que se gestaban a lo largo de la nación, los estudiantes se hacían la pregunta: ¿qué podemos hacer para seguir manteniendo el tema en el debate público durante un torneo que se llevará toda la atención mediática? Es ahí, en esa interrogante, cuando nace esta historia.

    rodrigo oteiza cazueli

    “La Bandera Gigante por la Educación tiene un origen específico. Fue en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile y fue confeccionada, en sus 600 metros cuadrados, por la madre de una estudiante, doña Isabel De la Fuente, para posteriormente ser pintada con la leyenda ‘Educación Libre Digna y Gratuita / Nacionalización de los Recursos Naturales’ por los Estudiantes de dicha Facultad”, explica Rodrigo Oteiza, la persona encargada de hacer que la gigante bandera flameara no sólo por Chile, sino también por el mundo.

    Oteiza hoy tiene 32 años, es licenciado en Filosofía y también en Teoría e Historia del Arte, ambas carreras cursadas en la Universidad de Chile. Vive en Valparaíso, actualmente trabaja con su familia y se encuentra escribiendo su primer libro de arte, proyecto que logró realizar gracias a la adjudicación de un Fondart este año. Pero hace cuatro años, Rodrigo daba vida a “Cazueli”, un personaje que saltó a la fama al calor de la Copa América 2011 y que coincidió con uno de los momentos más efervescentes del movimiento estudiantil.

    rodrigo oteiza

    La estrategia era la siguiente: Cazueli iba a llamar la atención en los medios de comunicación como el doble de Carlos Humberto Caszely en medio de la efervescencia de los chilenos que viajaban a Mendoza. Una vez que la prensa le diera cobertura, este personaje iba a arengar la lucha estudiantil por una educación pública, gratuita y de calidad. La bandera, además, sería desplegada cuando los jugadores entraran a la cancha en cada uno de los tres partidos del Grupo C de la Roja (contra México en San Juan y contra Uruguay y Perú en Mendoza).

    Tanto el personaje como la bandera fueron un éxito. La gente quiso mucho a Cazueli, se sacaban fotos con él y se acercaban a hacer flamear el trapo gigante en los distintos espacios que intervinieron en Mendoza y San Juan. Por un asunto de dinero, Cazueli no alcanzó a estar en el partido de cuartos de final contra Venezuela en San Juan (donde Chile cayó 2-1 y fue eliminado), pero la tarea se cumplió y, tras el fin de la Copa América, el movimiento estudiantil siguió vivo. Incluso con más fuerza que antes.

    Una vez de regreso en Chile, la bandera se transformó en un icono de las movilizaciones, apareciendo no sólo en las masivas marchas por la Alameda en Santiago, sino también en varias manifestaciones en Concepción, Talca, Curicó y Valparaíso. Fue justamente en esta última ciudad que, luego de una serie de negociaciones con funcionarios del Congreso Nacional, logra ser colgada en el frontis de la sede parlamentaria, causando impacto tanto nacional como internacional.

    bandera por la educación

    Durante el segundo semestre, la bandera comienza a viajar por el mundo. Cazueli se puso en contacto con Giorgio Jackson y Francisco Figueroa, quienes junto a Camila Vallejo la llevaron en su gira por Europa y la desplegaron en la Marcha de los Indignados que se realizó en París. Luego de eso pasó por México, bajó por Venezuela y volvió finalmente a Chile. A fines del 2011, cuando en Colombia estalló la movilización contra la privatización de la Universidad Pública, la bandera fue enviada como un símbolo de apoyo internacional y fue colgada en emblemáticos edificios de la Universidad de Bogotá.

    Tras una larga estadía en Colombia -y luego de una intensa campaña para repatriarla-, se juntó el dinero que posibilitó traer la bandera de vuelta. En el regreso, estuvo presente en la toma de la Universidad del Mar de Reñaca, apoyando la movilización contra el fraude de la casa de estudios que, trágicamente, dejó a miles de jóvenes en la calle y sin educación.

    bandera universidad del mar

    Sin embargo, la historia de lucha de este objeto parece llegar a su fin. Hace un par de semanas, a través del Facebook del mismo Cazueli, nos enteramos de la noticia: la Bandera Gigante por la Educación fue destruida. En el post, Oteiza cuenta en detalle lo sucedido desde que le prestó la bandera a los estudiantes de Derecho de la Universidad Central que se encontraban movilizados por irregularidades en los procesos de egreso de la carrera y cómo este acto acabó con uno de los objetos más preciados que ha tenido en su vida.

    Les fui a dejar la bandera personalmente como forma de apoyo a su demanda. Los estudiantes se habían tomado el edificio como forma de protesta y habían sido desalojados en más de una oportunidad. Por eso decidimos entregarles la bandera -junto a Ariel Zúñiga, quien también les ofreció a los estudiantes la Kombi Volkswagen que chocó contra las vallas papales el 21 de mayo pasado-, para que no se desanimaran en su lucha. Tras recibir el mítico símbolo, los alumnos de la Central colgaron la bandera en el patio del edificio de Derecho primero y luego en el frontis del edificio llamado VK2 -el que está ubicado en Nataniel Cox esquina Santa Isabel- como forma de fortalecer y visibilizar su movilización”, cuenta Rodrigo.

    Hasta ahí todo bien. Sin embargo, un par de días después, la Federación de Estudiantes de la U. Central (Feucen) firmó un acuerdo con el Rector con el compromiso de deponer inmediantamente todas las tomas. Tras el acuerdo, a los alumnos del edificio VK2 les dieron 45 minutos para desalojar el inmueble. Ahí es donde comienza el fin de este largo viaje de cuatro años: la toma es depuesta, pero nadie se preocupó de sacar los lienzos colgados, ni mucho menos la bandera. De ese modo, cuando llegaron los guardias al recinto y se encontraron con la reliquia, la tomaron y la hicieron literalmente pedazos, rajándola en partes y botándola a la basura.

    bandera universidad central

    ¿Qué sentiste cuando te enteraste de la situación?

    “Fue terrible, nadie fue capaz de llamarme para contarme la situación. Peor aún, cuando llamé no me contestaron y cuando finalmente logré contactarme con una dirigente de la universidad ella me dice, con total ligereza y despreocupacion: ‘Ah, sí. Mira, los guardias la rompieron y la botaron a la basura’. Eso me emputeció tanto que fui inmediatamente a la Central, pero cuando llegué nadie sabía nada. Ni los guardias, ni la gente de aseo ni mucho menos los estudiantes. Eso me llenó de rabia, más aún cuando la directiva de la Feucen no me contestaba ni el teléfono ni mis mensajes“.

    Rodrigo, aliás Cazueli, decidió entonces buscar la bandera por sus propios medios hasta encontrarla. Fue cuando exploraba el último piso subterráneo de estacionamientos (el -3), cuando la encontró: en un rincón, adentro de un basurero, se encontraba menos de un 25% de la bandera, que estaba totalmente destruida. Lloré ahí mismo, de impotencia. Me sentía vejado: a nadie le había importado y nadie se hacía cargo. Fue muy pero muy triste. Un guardia se acercó y me dijo: ‘Ya, caballero; ya se le dio una respuesta sobre su bandera. Ahora tiene que irse, usted no es de acá’. Eso resumió todo. No soy de ahí, y los cabros lo sabían“.

    ¿Estái muy dolido con la actitud de los estudiantes de la Central?

    En realidad siento que hubo una descoordinación enorme. Pero también, ahora en frío, no le puedo achacar toda la responsabilidad a la Federación, pues el presidente -a quien personalmente le entregué la bandera- se encontraba negociando con rectoría. Fue la negligencia de un estudiante, que aún no sé quién es, la que ocasionó la destrucción de la bandera. Siento que fue una profunda irresponsabilidad, una pérdida enorme para la historia de los movimientos sociales en Chile. Hemos perdido el paño que en su cuerpo llevaba el signo de una lucha que nuestros nietos contarán con profunda inspiración.

    ¿Vái a tomar alguna acción al respecto?

    Hace unas semanas, mientras preparaba un video para mostrar lo que nos quedaba de bandera, me llamó el presidente de la Feucen para pedirme disculpas y decirme que no tenía nada que ver, que él estaba en negociación con el Rector y que harían esfuerzos para financiar la reparación de la bandera. También dijo que redactaría una carta con disculpas públicas sobre el asunto, comprometiendo el apoyo –económico y humano- para volver a reconstruirla. Eso no sé si me tranquilizó, pero en último término significa que repercutieron mis quejas por las redes sociales. No sabes cómo están los estudiantes que han defendido la historia de esa bandera, cuán doloroso ha sido para ellos.

    bandera gigante

    Esperái que ellos, como Federación, entreguen disculpas públicas, ¿no?

    Pienso que en la Central es necesario que los cabros asuman que la cagaron, y que la cagaron de manera gigantesca. Eso dignificará el sentido de su movilización en relación a la demanda nacional. Los signos no pueden olvidarse, pues si ellos lo olvidan quiere decir que la acumulación de fuerzas de años de movilizaciones, en distintos puntos del país, no tiene rostro ni cuerpo. Los signos hay que mantenerlos. No por obligación, sino porque la historia, si desaparece, nos deja un vacío de sentido, sobre todo en quienes hemos dado la vida por esta importante causa. Sólo quiero que estén bien, que puedan reflexionar de lo que hicieron y que maduren, para que puedan ser mejores en la vida.

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