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La Mujer Rota

Feria del Libro de Santiago: Pensar y escribir cosas que no he pensado nunca

Una de las preguntas que nos hicieron el lunes en la mesa de escritura y política a la que participé en el departamento de Ciencia Política de la UDP junto a María José-Viera Gallo y Héctor Hernández Montecinos esta semana, fue algo así como qué tanta relación tenemos con la realidad en materia de escritura y cómo es que nuestros textos están teñidas de ella o cómo está relacionada la realidad y nuestros textos. Aparte de pensar de inmediato en el clásico ejemplo de escritores como Hemingway o Bukoswki, que trabajan desde la casi perfección de ese círculo de realidad y escritura, sin mostrar la fisura y entregando novelas totales (como artificio, obviamente), creo haber sentido que fue una mesa maravillosa, donde cada uno de los que estuvimos ahí pudo hacer un repaso de su infancia y cómo ella tiene que ver hoy en día con la posición política que manifiestan nuestras escrituras, y además me dio paso para volver a reflexionar en la necesidad que tenemos algunos escritores de auto-intervenir nuestra realidad para poder escribir, gesto opuesto al de esperar vivir para escribir, pero también opuesto a escribir lo que queremos vivir o que se cumpla, y entrar en la tercera dimensión que es escribir a partir de situaciones que creamos o intervenimos en el ambiente para poder forzar y forjar procesos de escritura alternativos a la pasividad y contemplación del entorno que cada día se vuelve más unívoco y homogéneo.

(De paso olvidé decir en esa mesa que no hay frase que odie más que aquella que dice que la realidad supera a la ficción. Pero eso da para otro post. No es materia de este).

hemingway

Siguiendo con esa tercera dimensión, pongo algunos ejemplos, algunos gestos sencillos, no iré a los de mayor altura: a veces escribo sólo después de haberme obligado a trotar dos horas en la trotadora que tengo en casa, o después de haber cocinado tres horas cosas dulces que no me comeré jamás, o intentar tener un hijo para hacer un diario de tener un hijo, viajar a lugares que desconozco y encerrarme en situaciones que no me agradan del todo con tal de dar a luz procesos de escritura que, como dije más arriba, están lejos de esa pasividad contemplativa que esperaba el escritor del medioevo, renacentista, romántico e incluso algunos plumíferos tecnologizados que aún creen en la inspiración y en la llegada de los dioses del olimpo a sus creaciones y en sus computadores portátiles.

Bueno, iba a esto porque hoy comienza Filsa en la Estación Mapocho, la Feria Internacional del Libro de Santiago, que dura alrededor de tres semanas, del 22 de octubre al 8 de noviembre y donde se reúnen una cantidad enorme de editoriales nacionales, pasando por trasnacionales, microeditores, editores nacionales, fanzineros  y otros, que muestran su trabajo a los lectores ávidos también de intervenir sus vidas.

filsa 2015

Desde hace años que me invitan a conversatorios en Filsa y desde siempre, salvo un par de veces, me han invitado a conversatorios en que no manejo para nada el tema, lo que me lleva a tener que pensar si aceptar o no la mesa de conversación, pero que al final termino aceptando, siguiendo la lógica de la que hablaba más arriba, de intervenir los minutos y segundos para buscar esas otras realidades ajenas, que no tienen nada que ver con nuestras vidas, pero que sí se acercan a nuestro mundo, pero que instalan, aunque sea por el tiempo que permanecen ahí, fisuras mínimas, medianas, o eternas.

Esto lo digo con cierto gusto. Ya que, como decía más arriba, estoy en ese plano de la escritura en que espero que se intervenga el medio para llegar a pensar, escribir y no seguir en la línea acomodaticia de realidades que no nos hacen pensar, sino que repetir las ideas que ya conocemos de sobremanera y que hemos estado repitiendo todo el año como por ejemplo: en qué está la literatura chilena hoy, o en qué está la literatura latinoamericana mañana y el otro día, quiénes son los representantes chilenos en las ferias internacionales.

Una cantidad enorme de editoriales nacionales, pasando por trasnacionales, microeditores, editores nacionales, fanzineros  y otros, que muestran su trabajo a los lectores ávidos también de intervenir sus vidas.

Le decía por chat a Ileana Elordi que estaría en dos mesas que no tienen nada que ver conmigo, en una de escritoras nórdicas, ya que este año el invitado de honor son los países nórdicos y me han invitado a hablar de literatura policial nórdica con Tove Alsterdal y Pia Juul y otra de cocina chilena criolla, a conversar con el chef Juan Pablo Mellado y el periodista Óscar Contardo acerca de comida y escritura. De partida soy vegetariana y no como casi de nada que hay en ese recetario que se publicó recién por Editorial Planeta, pero Juan Pablo nos ha invitado a comer a su restaurante Las Cabras y degustar sus platos antes de ir a conversar ese día a Filsa. Como decía soy vegetariana, pero obviamente ese día dejaré de serlo. Para hablar de prietas, criadillas, ubres, mechadas, chunchules, pajaritos, longanizas y esas cosas que solía comer en la casa de mi abuelo en mi infancia, tendré que volver a probar esas comidas que hace 15 años no pruebo, y esperar que de esa comida también se abra la posibilidad de la escritura y la fuga que todo eso producirá en mí y en mis textos. Volver a comer criadillas, chunchules, ojos de cordero, prietas después de 15 años, 15 años en que no he comido ni medio trozo de carne.

filsa (2)

También lo mismo con la segunda mesa que me tocará moderar. No tengo idea de literatura policial polaca ni nórdica. Pero creo que es una buena instancia para poder meterse en mundos que desconozco del todo. Jamás he estado en los países nórdicos. Tampoco suelo leer a los nórdicos, salvo un autor que me recomendó en una feria del libro el editor Julián Rodriguez, y asumo que leí el libro, lo olvidé y ahora por más que googleo no logro dar con él. Creo que se llamaba Moscas.

El año antepasado me pasó lo mismo con Filsa. Me invitaron a presentar una mesa de crónica hispanoamericana donde participaba Ignacio Echevarría y Leila Guerriero. Creo que estuve dos meses leyendo todas las crónicas latinoamericanas que no había leído en mi vida, creo que jamás había leído un libro completo de crónicas, fue la primera vez, jamás he escrito una crónica, ni siquiera creo que sabía la definición exacta de la misma. Así igual acepté, me acerqué a Metales Pesados a preguntarle a Parra qué libros de crónica latinoamericana me recomendaba y qué autores eran los mejores en el tema. Me fui de viaje a Brasil por un mes y me encerré a leer crónicas en vez de salir a las playas a tostarme y tomar mojitos con demasiada menta.

Estoy en ese plano de la escritura en que espero que se intervenga el medio para llegar a pensar, escribir y no seguir en la línea acomodaticia de realidades que no nos hacen pensar.

Y no quiero decir que me creo matea o algo por el estilo con estas ideas. Sino que veo que la Filsa de alguna u otra forma interpreta mi deseo de ser intervenir a voluntad mi recorrer diario, para así escribir y pensar cosas que no he pensado nunca, o que hace años que no vivo, como volver a comer chunchules y prietas para hablar de cocina criolla, leer a nórdicas que jamás he leído, meterme en el mundo de los detectives de una vida fría y mujeres pelirrojas que mueren asesinadas en hoteles. Es raro que la Filsa interprete mi deseo. Pero lo hace y no sé por qué.

Imagino con cierto gusto que otros años me invitarán entonces a hablar de temas que desconozco aún más, como los ovnis o las carreteras de Rusia, las ventanas de Polonia, los conejos del Polo norte, la construcción de casas en Alaska, las hormigas de Marruecos, y el color del cielo en la India. Espero entonces que para los años que vienen, se me vuelva a poner un tema como estos, divergente a mi vida y cotidiano. No sé, pienso que desde ahora y para siempre, sólo así podré volver a escribir.

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