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Una victoria de TVN

Final de La Chúcara: El triunfo de la verdadera telenovela chilena

La Chúcara cierra su ciclo de manera brillante: aguantando la competencia de Mega y apuntalando a Esa No Soy Yo, la próxima apuesta de TVN. ¿Cómo es que este producto sobrevivió al desastre que actualmente es la parrilla programática del canal estatal? En mi humilde opinión, se debe a que mezcla de manera magistral la telenovela clásica con elementos propios de nuestra cultura popular. Si bien las actuaciones no son del todo deslumbrantes y la producción no era la más costosa y acabada, el afán de sus realizadores por construir una telenovela cercana a las ficciones que tradicionalmente se exhiben en ese horario le ha traído buenos dividendos a TVN que ha mantenido vivo ese horario pese a la avalancha mediática que siempre implica competir con las brasileñas de Canal 13 (qué lástima que esa estación haya sido la que dio Amor Prohibido -turca- y no Mega en un horario digno de su magnificencia). La prensa promociona hasta el hartazgo las producciones cariocas del 13 -con portadas de revistas de fin de semana incluidas- que se disputan la sintonía con las telenovelas nacionales que, a diferencia de las teleseries nocturnas, sí han sabido mantenerse liderando con vida.

Damas y caballeros: no hay que escapar del gusto popular, hay que asimilarlo y satisfacerlo y La Chúcara lo hizo hasta con su música.

El último capítulo de la producción local estuvo lleno de felicidad y momentos emocionantes, sobre todo la muerte de Rebeca (Carolina Paulsen), que le salvó la vida a Laura (Antonia Santa María) cuando Adriana (Josefina Velasco) le disparó. Pero lo más destacable fue la sensación de que el público todavía valora el esfuerzo que hace TVN por conservar los horarios que conquistó para las producciones locales. Las telenovelas de las tardes suelen ser las que menos presupuesto tienen, pero nunca han dejado de buscar identificación con su público a través de historias cercanas, tal como lo hace “Lo que callamos las mujeres” de Chilevisión. Esta es la manera de defender el trabajo nacional: escuchando al público y esforzándose por darle lo que le gusta, lejos de historias pretensiosas y lejanas. “Matriarcas” no es una mala telenovela, pero se siente demasiado inverosímil.

 final la chucara

Al público no le desagradan los diálogos cargados de romanticismo y frases para el bronce típicas de los melodramas, ni mucho menos la historia del hombre rico que se enamora de una mujer pobre típica de las telenovelas latinoamericanas, más bien tiende a desagradarle el lenguaje vulgar cargado de modismos y términos propios de producciones españolas y argentinas (tirar, polvo etc.). Ese es el camino para perder la identidad. Sin ir más lejos, TVN usó el éxito de La Chúcara para potenciar Secreto de Puente Viejo (culebrón español interminable) en vez de dar un programa local o, de frentón, empezar a producir más ficción nacional a esa hora. La apuesta de DDRIO Producciones y el canal estatal demostró que se puede utilizar un lenguaje más coloquial propio sin llenar los diálogos de palabras y términos importados. Que Laura y Vicente (Felipe Braun) terminaran contentos viviendo en una casa de madera trabajando juntos y con las familias reunidas diciendo que eso era la felicidad tiene muchas interpretaciones, pero la más importante es que se puede atraer al público con cosas simples, emotivas y entretenidas.

Las telenovelas de las tardes suelen ser las que menos presupuesto tienen, pero nunca han dejado de buscar identificación con su público a través de historias cercanas

Damas y caballeros: no hay que escapar del gusto popular, hay que asimilarlo y satisfacerlo y La Chúcara lo hizo hasta con su música. Escogieron muy bien: harto corrido mexicano, cumbias, rancheras y música romántica latina (inolvidable ver a Vicente escuchando en una radio a pilas ‘Soldado del Amor’ de Manuel Mijares). La entrada de la teleserie, con la canción ‘Los Matorrales’ de La Guacha, es un enganche al tiro. Al igual como sucedió con Pituca sin Lucas, me dejó la impresión de que el público no se aburre de las versiones locales del género, sino que hay canales y productores que se ensimismaron en la experimentación y perdieron el norte (La Poseída, No Abras la Puerta, Chipe Libre). El aporte de La Chúcara finalmente es ése: reivindicar y mantener viva a la verdadera telenovela chilena.

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