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Francisco Huenchumilla, el símbolo que adquirió vida propia

Por lo general, los simbolismos son importantes para gobernar. En Chile, debido a nuestra historia, una vez que un gobierno los pone sobre la mesa en una discusión democrática, lo cierto es que ayuda a entender que hay una cierta idea de superar temas del pasado. Nuestra democracia ha estado repleta de actos simbólicos que nos dieron a entender que había temas que se habían zanjado y por lo mismo podíamos seguir tranquilamente siendo democráticos.

El principal objeto de estos simbolismos que pretenden decirnos que hemos cambiado es haber puesto a Francisco Huenchumilla como intendente de La Araucanía. Sus rasgos y su apellido -sumado a que era el primer mapuche en acceder a ese cargo- sirvieron, tanto al segundo gobierno de Bachelet como a la prensa, como señal significativa de que había comprensión del conflicto en el sur de Chile. ¿Qué mejor que poner a un mapuche para contarnos que había una gran preocupación por el tema, aunque fuera solamente una medida estética? Total la política también es -sobre todo- estética. Es muchas veces el arte de hacer creer una preocupación por medio de gestos. El problema es cuando se queda solamente en éstos.

No sería antojadizo plantear que el compañero de partido de Burgos es una de las evidencias mismas del conflicto que existe entre Concertación y una cierta idea de lo que debería ser la Nueva Mayoría.

Sería un error negar que Huenchumilla desde un comienzo hizo su agenda aparte del gobierno, pero tal vez eso tiene que ver con que él creyó más que sus jefes en la tarea que debía desempeñar y se miró a sí mismo como un símbolo activo. Pero, sobre todo, como un político que debía ejercer su labor en un lugar en donde las estigmatizaciones y los lugares comunes en torno a nuestros pueblos originarios, eran un cuento establecido. Delincuencia y mapuche, según algunos, eran sinónimos.

El ahora ex intendente penetró con su mirada por sobre todo ese discurso y se propuso conversar. Quiso hablar y preguntarse las razones de lo que sucedía. Todo esto de la mano de propuestas reales que contemplaban la creación de un Estado plurinacional, cosa que ningún otro personaje que estuvo en su cargo anteriormente se atrevió a plantear, tal vez por el poco entendimiento del lugar. Huenchumilla entendió el lugar. Comprendió que había una tarea importantísima por hacer y que se necesitaban acciones que implicaran una nueva manera de concebir el problema y por lo mismo pidió perdón de parte del Estado de Chile al pueblo perseguido e ignorado, causando así los primeros roces con quienes vieron a este símbolo hacer más de lo que se pretendía -y quería- que hiciera.

 jorge burgos

La distancia entre La Moneda y la Intendencia de La Araucanía se percibió desde los primeros días. No estaba muy claro si muchos de los dichos de Huenchumilla eran compartidos o no por el gobierno, lo que llevó a que se cuestionara su labor en los principales medios. Porque no es fácil tratar de cambiar el discurso eterno de criminalización e implementar una visión más dialogante en un lugar como el sur de Chile, ya que en este país hay temas en los que el diálogo está vetado y éste es tal vez el ejemplo más rotundo.

Pero tal vez el motivo principal de que Francisco Huenchumilla fue removido de su cargo tiene que ver con que los factores señalados se suman a la visión que ha imperado en el gobierno desde el día en que entró Jorge Burgos al ministerio del Interior. Burgos, desde un comienzo, ha confundido su misión y ha pretendido ser el salvador de una especie de ethos concertacionista. El gran rescatista de una lógica noventera que habla mucho pero no soluciona nada, y que se sirve de los gestos para perpetuar ciertas costumbres soterradamente. El ex mandamás de La Araucanía claramente no estaba dispuesto a jugar ese juego que tanto ha aportillado nuestra democracia, por lo que las rencillas se acrecentaron.

La distancia entre La Moneda y la Intendencia de La Araucanía se percibió desde los primeros días. No estaba muy claro si muchos de los dichos de Huenchumilla eran compartidos o no por el gobierno.

Por lo tanto, no sería antojadizo plantear que el compañero de partido de Burgos, es una de las evidencias mismas del conflicto que existe entre Concertación y una cierta idea de lo que debería ser la Nueva Mayoría. Pasó a ser, sin quererlo, el ejemplo de que aún hay ansias de seguir disfrutando de una historia que pesa por sobre nuestros hombros de parte de un grupo. Pero también que una vez que los efectos publicitarios -como lo fue Huenchumilla en un comienzo- toman vida y conciencia de su labor histórica, toda la elite- sin importar las ideas que diga profesar- se asusta. Porque no hay nada más desconcertante que un símbolo adquiera vida propia y se separe de quienes buscan utilizarlo políticamente, cosa que Francisco hizo a la perfección, sanando varias heridas que nuestra sociedad llevaba hace años.

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