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ADN DE INFIEL

¿Gorreamos por naturaleza? Conoce el llamado “gen de la infidelidad”

Escrito por MQLTV

    En una encuesta realizada en 2013 por Gallup, los estadounidenses no aprueban la infidelidad marital: el 99% de los encuestados la considera moralmente reprochable, número mayor que el rechazo a la poligamia, la clonación humana y el suicidio. Sin embargo, la cantidad de personas infieles es abismante. En las últimas decadas, y según la encuesta social general de la Organización de Investigación Independiente de la Universidad de Chicago, la tasa de infidelidad se ha mantenido constante en el 21% para hombres casados, y entre 10 y 15 por ciento en mujeres casadas.

    Solemos creer que la infidelidad sexual es un síntoma de una relación infeliz, un error moral o un signo de tener valores sociales deteriorados. En la carrera de Psiquiatría, se les pide a los estudiantes buscar diferentes factores emocionales y de desarrollo, como un historial de relaciones inestables, para explicar este hecho. No obstante, cuando se ejerce la psiquiatría, muchas de las preguntas hacia los pacientes no bastan: los genes y las hormonas juegan un papel bastante importante.

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    En la comunidad de expertos se sabe que los hombres poseen un impulso genético y evolutivo para engañar, ya que ello aumenta sus posibilidades de apareamiento y de dejar descendencia. En la actualidad, se cuenta con investigaciones que revelan que las mujeres también están condicionadas biológicamente para ello, aunque no con los mismos objetivos. Las mujeres que poseen variantes del gen receptor de la vasopresina tienden mucho más a adquirir un nuevo enlace de pares, un eufemismo utilizado para refefirse a la indifelidad sexual.

    La vasopresina es una hormona que tiene efectos poderosos en conductas sociales como la confianza, empatía y los enlaces sexuales en humanos y entre animales. Ello hace que tenga sentido que las mutaciones en el receptor de la hormona puedan afectar al comportamiento sexual humano. Existen múltiples factores necesarios para que se dé la situación de infidelidad, como las circunstancias y muchos otros factores que se requieren para los encuentros promiscuos, como la voluntad y un compañero dispuesto. Aún no hay claridad sobre la relación entre la vasopresina y las conductas promiscuas en las personas.

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    Ahora bien, antes de que salgas a buscar a una pareja genotípicamente condicionada con los genes anteriormente mencionados, dos advertencias. Primero: existen muchos factores que aún no se miden y que se relacionan con la infidelidad. Segundo: es poco probable que una simple variante genética pueda determinar a la conducta total. La monogamia es un rasgo más bien fuera de lo común: la raza humana está dentro del 3 a 5 por ciento de  los mamíferos que practican la monogamia, además del zorro veloz y el castor. Pero incluso en aquellos animales se han observado conductas infieles.

    Dada esta información, ¿nos eximimos de la responsabilidad de la pareja única si tenemos estos “genes infieles”? No mucho. Veámoslo así: no elegimos qué genes tener y no los podemos controlar, pero en general podemos decidir qué hacer con las emociones e impulsos que estos factores genéticos originan. Hay quienes no sienten la tentación innata para ser infieles; para otros, en cambio, la tarea de ser monógamos es una batalla contra su propia biología.

    ¿Crees que ser infiel es atribuible a la biología? ¿O es una excusa de los chantas para poner el gorro?

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