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Pinochet vive en él

Hermógenes Pérez de Arce: El amante secreto de una supuesta derecha renovada

Muchos dirán que a estas alturas no vale la pena de hablar de Hermógenes. Incluso yo lo he pensado muchas veces y me he preguntado: ¿Para qué gastar energías en siquiera analizar a un personaje de tales características? Esto porque sus ideas más que añejas son creencias religiosas y su defensa de éstas muchas veces merodea la caricatura y sobrepasa claramente los límites de la razón. Sin embargo, haberlo visto anoche El Informante de TVN defendiendo, una vez más, a la dictadura y relativizando las acciones terroristas del régimen, me hicieron detenerme una vez más en su figura.

Es importante hablar de su persona para entender lo que refleja su discurso anticuado, el que pareciera circular en las antípodas de una derecha que hoy nos dice en conferencias de prensa que la dictadura es ya casi un hecho aislado, apolítico y casi desideologizado. Que es casi un accidente, lo que gracias a la obstinación y eterna negación del fanático Hermógenes nos ayuda a entender que no es tan así. Que aún se oculta una defensa de la “obra” de la atrocidad cometida por Pinochet en su conjunto. Que en los pasillos del poder, el aroma a naftalina de los militares que hacen lucir mal la “renovación” de la Alianza aún gusta. Aún se encuentra justificación a lo que en la prensa dicen que no tiene motivo alguno.

Hermógenes es el amante secreto de la derecha. Sus ideas expuestas en la televisión son la mujer que todo hombre de familia machista niega en público. Les da vergüenza, pero lo aplauden en privado.

Esto lo digo porque en conversaciones que he escuchado en los lugares más “liberales”-no sé si existen realmente- de la derecha, la figura del ex columnista de El Mercurio, causa sensaciones extrañas. No es el repudio total a su persona, sino que hay una fascinación en sus “formas”, en la manera en que despliega su defensa irrestricta de quien él todavía llama presidente Pinochet. Hermógenes es aplaudido por su pluma en esos círculos liberales; es felicitado por su elocuencia y por su “valor”, según dicen muchos quienes terminan las frases agregando que no comparten para nada lo que dice.

Es decir, este “polémico” columnista -en un país en donde la barbarie es tildada de “polémica”- es aún el discurso soterrado. El personaje por excelencia que se aparece en las mentes de una derecha que no se psicoanaliza realmente. Que no es capaz de pedir perdón, de preguntarse si lo que profesan son ideas o sucesivos actos de fe y lealtades a las que aún se agarran para así reconocerse entre el discurso democrático que ocupan muchas veces como distractor.

Aplaudido por su pluma en esos círculos liberales, es felicitado por su elocuencia y por su “valor”, según dicen muchos quienes terminan las frases agregando que no comparten para nada lo que dice.

Hermógenes se presenta como una especie de fetiche y obstáculo. Cada vez que aparece algún personero de la oposición tratando de sacarse ese traje apretado y agobiante que les resulta el del pasado dictatorial ante la opinión pública, entonces Pérez de Arce lo encara. Le trae a colación lo que hicieron y lo que defendieron. Lo que son. Lo que nunca dejarán de ser si es que no lo afrontan. Todo esto botando por la borda los miles de millones gastados en publicidad para esconderse en discursos de libertad y de democracia que aún no les suenan propios porque no los reconocen. Porque aún no son capaces de terminar con el pasado que los enorgullece en secreto. Que los excita.

Hermógenes es el amante secreto de la derecha. Sus ideas expuestas en la televisión son la mujer que todo hombre de familia machista niega en público. Les da vergüenza, pero lo aplauden en privado. Lo condenan en público, pero leen sus columnas ávidamente y las comentan en secreto, en los pasillos. En esos mismos pasillos en los que en el pasado descorcharon champaña cuando llegó el golpe del ’73.

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