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JAPÓN: Por esta razón cambié a mi esposa por una muñeca de silicona

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Cuando la llama se extinguió en el matrimonio de Masayuki Ozaki, este hombre de Japón descubrió una forma no tradicional de llenar aquel vacío romántico: una muñeca sexual de silicona que él jura es el amor de su vida.

La muñeca sexual se llama Mayu y comparte la misma cama que la esposa de Ozaki, y el techo de ella y su hija adolescente en Tokio, un acuerdo que provocó fuertes discusiones antes que la familia declarara una delicada tregua.

“Luego que mi esposa dio a luz dejamos de tener sexo y sentí un profundo sentimiento de soledad”, comentó el fisioterapeuta de 45 años en entrevista.

“Pero el momento en que vi a Mayu en la sala de ventas, me enamoré a primera vista”, señala un sonrojado Ozaki, quien lleva a su muñeca a citas y la viste con distintas pelucas, joyas y ropa sexy.

“Mi esposa estaba furiosa cuando traje a Mayu a la casa. Pero ahora la tolera, de forma reticente”, comenta.

“Cuando mi hija se dio cuenta que no era una Barbie en tamaño grande, perdió el control y dijo que era asqueroso, pero ya es lo suficientemente grande para compartir ropa con Mayu”.

Ozaki es uno de los tantos hombres que está optando por el romance con muñecas en Japón, un país que perdió la chispa sexual.

También admite que las relaciones íntimas humanas no lo excitan.

“Las mujeres japonesas tienen un corazón frío”, comenta mientras pasea a su muñeca sexual de silicona por la playa.

“Son muy egoístas. Los hombres queremos que nos escuchen sin recibir reproches cuando llegamos a casa desde el trabajo”.

“Cualquiera sea el problema que tenga, Mayu siempre está ahí esperando por mí. Amo cada centímetro de ella y quiero que esté conmigo por siempre. No puedo imaginar volver a una relación humana. Quiero que me entierren con ella y llevarla hacia el paraíso”.

Amor ensamblado

Estas muñecas sexuales de tamaño real tienen un costo de 6 mil dólares (casi 4 millones de pesos) y vienen con dedos ajustables, cabeza removible y genitales. Según profesionales de la industria, cada año se venden unas 2.000 muñecas en Japón.

“La tecnología ha avanzado mucho desde aquellas muñecas inflables de mala calidad de los años ’70”, apunta Hideo Tsuchiya, director de la fabrica de muñecas sexuales Orient Love Dolls.

“Se ven increíblemente reales y se sienten como si estuvieras tocando piel humana. Son cada vez más los hombres que las están comprando porque sienten que en realidad se pueden comunicar con las muñecas”, explica el empresario.

Populares entre clientes con discapacidad física, hombre  viudos y fetichistas de maniquíes, algunos hombres compran estas muñecas para evitar sufrir por amor.

“Los seres humanos son demasiado demandantes”, insiste Senji Nakajima, de 62 años, quien cariñosamente baña a su novia de silicona Saori, de quien tiene fotos enmarcadas en su pared y a la que incluso lleva a esquiar y a surfear de vacaciones.

“Las personas siempre quieren algo de ti, como dinero o compromiso”, se queja el hombre.

“Mi corazón palpita cada vez que llego a casa con Saori”, comenta este hombre casado y padre de dos hijos mientras lleva a su novia de silicona a un picnic.

“Nunca me traiciona, ella hace que todas mis preocupaciones desaparezcan”.

La relación de Nakajima con Saori ha dividido a su familia, pero este hombre de negocios de Tokio se niega a dejarla.

“Mi hijo lo acepta, pero mi hija no puede”, dice Nakajima, cuya esposa ha prohibido la presencia de Saori en el hogar familiar.

“Nunca más tendré una cita con una mujer real, ellas son despiadas”, insiste el hombre en el estrecho departamento de Tokio que tuvo que arrendar para vivir junto a las dos muñecas sexuales que tiene de novias y un torso de silicona sin cabeza.

La reconciliación con la esposa de la que se separó es muy poco probable, admite Nakajima.

“No podría volver a tomarme un baño con Saori, o acurrucarme con ella para ver televisión”, comenta mientras la viste con audaz ropa interior morada.

“No quiero destruir lo que tengo con ella. Para mí ella es humana”.

Y si bien las conversaciones entre ellos son unilaterales, Nakajima cree que ha descubierto el verdadero amor al señalar: “Nunca podría serle infiel, ni siquiera con una prostituta, porque para mí ella es humana”.

En Japón  están viviendo un gran problema con sus bajísimas tasas de natalidad, mientras un grupo de hombres, conocidos como los “hervíboros” le están dando la espalda al amor y a los tradicionales valores masculinos para llevar una tranquila vida sin problemas ni competencias.

“Creo que en el futuro más y más hombres preferirán mantener relaciones sexuales y afectivas con muñecas”, señala Yoshitaka Hyodo, cuyo hogar está ambientando como una cueva de Aladdin repleta de muñecas sexuales, juguetes kitsch y erotismo japonés.

“Es mucho menos el estrés porque se quejan mucho menos que las mujeres reales”, puntualiza.

Hyodo, un amante de la milicia que vive solo pero que tiene una novia real comprensiva, posee más de 10 muñecas sexuales, a las que le gusta vestir con uniformes para cumplir fantasías sexuales con juegos de roles ambientados en la segunda guerra mundial.

Aunque ahora señala haber abandonado el sexo con muñecas.

“Se trata más de una conexión emocional para mí ahora”, comenta este blogger de 43 años, cuya curiosidad despertó cuando se encontró con un viejo maniquí en la calle a una corta edad.

“Las personas pueden pensar que soy raro, pero no es algo muy distinto a coleccionar automóviles deportivos. No se cuánto he gastado pero es más económico que comprarse un Lamborghini”, enfatiza.

El futuro de los muñecos sexuales promete ser más sofisticado aún, ya que investigadores trabajan para desarrollar los “sexbots”, muñecos que podrán hablar, reír e incluso simular un orgasmo.

Pero por ahora, la esposa de Ozaki, Riho, señala sufrir hace tiempo con la decisión de su esposo y trata de ignorar la presencia de la amante de silicona de su marido, que siempre la persigue en su hogar.

“Me dedico a hacer las tareas del hogar”, lamenta la mujer.

“Hago la comida, limpio la casa, lavo la ropa. Prefiero dormir que tener sexo”.

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