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Juana Brava: La rebeldía de TVN

Durante estos meses, en los que no he escrito sobre televisión, he tenido la posibilidad de ver cómo TVN sigue intentando encontrarle la vuelta a su escenario adverso: ha traído telenovelas brasileras y ha estrenado series como “Juana Brava”, al tiempo que se acababa “La Poseída” sin programar otra teleserie nocturna y espera el final de “Matriarcas”, su apuesta vespertina. “Juana Brava”, en particular, es tributaria de las series que en los últimos años ha transmitido el canal estatal: con mucha calle, mucha realidad y harta piel.

La producción tiene un toque reivindicativo con la protagonista (Elisa Zulueta) vestida a lo Erin Brockovich y enamorada de un paco-héroe que aperra con ella. La serie -ambientada en San Fermín, un pueblo ficticio de la Región Metropolitana- es intensa, con mucha visceralidad y personajes que arreglan sus problemas encarándose y agrediéndose. El padre de Juana es el alcalde corrupto, ella lo enfrenta y logra sacarlo de su puesto, quedándose con este por la vía legal-democrática (él renuncia, aduciendo enfermedad ante la inminente denuncia de Juana que es concejala apoyada, paradójicamente, por su padre). Su hijo adolescente entra al liceo del pueblo y se enamora de una compañera rapera que está emparejada con un canero. Se dan un beso: ella es infiel y el ingenuo. Juana Brava, que es moderna, le pasa condones cuando cacha que está cortejando a alguien. Una producción bien lograda, pero que a ratos es anacrónica y poco empática, pues abusa de algunos lugares comunes, carece de sutilezas (muy propio del cine nacional tipo “Chacotero Sentimental” o “Sexo con Amor”) y se aleja un poco de lo que quiere el público.

“Juana Brava” está bien actuada y producida, como casi todo lo que pagamos con los fondos de CNTV, pero deja esa sensación de que vemos la mirada de un artista -o varios de la realidad-, lo cual no está mal, pero TVN es un medio masivo que se autofinancia y requiere consultar y escuchar a su público (y matizar esa visión de autor), que ahora está privilegiando otro tipo de relato. “Sila”, la reina del horario, es una clase magistral de reivindicación de derechos femeninos en el contexto de un pueblo turco, pero sin minifaldas y plataformas ni hijos rebeldes que fuman porros a la primera de cambios. En la producción turca no hay concesión para mostrar el dolor y el sufrimiento de las mujeres que, educadas en las reglas primitivas de las tribus de Mardin, se suicidan y arrancan para no ser víctimas de la tradición.

“Juana Brava”, en particular, es tributaria de las series que en los últimos años ha transmitido el canal estatal: con mucha calle, mucha realidad y harta piel.

Ahí radica el problema, uno no puede discutir que son producciones chilenas de calidad o entretenidas, pero que ya cumplieron un ciclo, la agresividad y crudeza, es de décadas pasadas. “Mea culpa” y las teleseries nocturnas policiales ya pasaron. Tal como lo dijeron en “Ahora Noticias”, “Las Mil y Una Noches” cambió la historia de las teleseries nocturnas y no hay más. “Juana Brava” es para un canal temático dirigido para un público principalmente masculino que quiere ver este tipo de contenido con escenas explícitas de violencia y sexo. Para audiencia transversal ya no funciona, no impacta ni escandaliza. La televisión digital debió llegar hace rato y albergar este tipo de contenido. El cable habla este idioma hace décadas y la televisión abierta tiene que transitar hacia contenido más masivo y generalista.

brava juana

En cuanto a TVN, se tiene que acabar el romanticismo por la época dorada y hay que empezar a crear una nueva mística, hablarle al Chile de hoy, a las personas. CHV y Canal 13 están criminalizando y farandulizando la pantalla para conseguir sintonía. “En su propia trampa”, por ejemplo, luego de un año viendo como Onur y Kerim arrasaban, ha vuelto liderar en varias ocasiones y “Masterchef” logra equipar números con “The Switch”. La línea tiene que ser más clara, como en el gran acierto que es “¿Y tú qué harías?”: hay que usar los lenguajes televisivos populares para entregar un contenido acorde a lo que el canal se impone, y no es fácil. Pero si la Concertación logró gestionar un canal exitoso, la Nueva Mayoría también puede.

Sin embargo, ya empezaron a volver los regalones de aquella época dorada, la sombra del pasado. Con Claudia Di Girolamo y Vicente Sabatini no hay renovación ni reverdecer posible. Nadie sabe si necesitamos a TVN o si queremos seguir viendo a tanto apitutado en pantalla. Tampoco sabemos si “Juana Brava” es el futuro, solo sabemos que el CNTV tiene una línea clara, y evidente, y que al parecer no tiene nada que ver con lo que la audiencia quiere ver. Pagamos para que algunos cuicos experimenten en televisión abierta, mientras en sus tertulias nos ningunean como audiencia y miran Netflix en sus celulares de última generación que compran con su trabajo artístico y sensible en lo social (punto de no retorno, como diría Lorde en su último video antes de amarrar al viejo amante y ahogarlo para quemarlo) y lo peor es que estas personas están educando a las nuevas generaciones.

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