• Videos
  • En Vivo

MQLTV.COM

En vivo

1910-2015

La mezquina plutocracia chilena

Escrito por Rafael Gumucio Rivas

    La historia es un perpetuo retorno. Durante estos días se agolpan en mi mente las viejas historias que mis padres me contaban. Por ejemplo, el famoso crimen de la legación alemana, donde enterraron al mozo Tapia con honores de general, correspondientes al diplomático Beckert. O las hazañas de Dubois, el asesino francés de Valparaíso que, hasta hoy, luce en esa ciudad una animita que es reverenciada todos los primeros de noviembre.

    Cuenta Edwards Bello que, a comienzos del siglo XX, Chile era el principal consumidor de champagne en América Latina. Tanto que incluso los franceses enviaron a un inspector para descubrir qué hacían los chilenos con este licor; el informe fue breve, lógico y contundente: se lo bebían. La verdad es que no sé qué hace hoy la plutocracia chilena: ya no habla francés, ni beben champagne como en esa época, pero tienen helicópteros para trasladarse a la playa y hablan como gringos o con el famoso “co te a”; ahora no son tan avaros como don Federico Santa María -que escribía detrás de los sobres para no gastar papel- o Gustavo Ross y Jorge Alessandri –que tomaban agua Panimávida y no convidaban a sus pololas ni siquiera a un té– hoy son especuladores de la Bolsa de Comercio, como los primeros, pero les agrada ostentar con grandes casas cerca de la cordillera o en balnearios de lujo como Zapallar y Cachagua, entre otros.

    jorge alessandri gustavo ross

    Afortunadamente, el buen criterio nacional no ha desaparecido: en una de las tantas encuestas ad hoc, destinadas a llevar a la pira al profesor Ricardo Lagos y presentar como tonta a la Presidenta – “sea bella y cállese”- se llegó a una selección de personajes del siglo XX chileno que me parece interesante: ningún personaje de la casta militar aparece en los primeros lugares. Ni siquiera O’Higgins, ni siquiera Carrera; sólo Arturo Prat, quien representa la antítesis civil de a tontería del almirantazgo –unos siúticos pretenciosos que se han creído pertenecientes a la marina de Su Majestad -. No hay ningún presidente de la República, tanto mejor pues muchos de ellos son gritones y fanfarrones, exceptuando a Salvador Allende y Pedro Aguirre Cerda. Quienes lograron la mayoría son poetas y el santo de los pobres y de la justicia: Alberto Hurtado. Ellos conforman el Chile republicano, destruido hoy por la casta dictatorial y sus sucesores douoplicos.

    “Claro que las plutocracias de hoy y del pasado no son iguales, pero en ambas había senadores vitalicios elegidos por un pueblo idiotizado”

    El personaje de la mentada fiesta de Concha Cazotte fue el famoso Marqués de Cuevas que, en 1910, era un aristócrata venido a menos –en lenguaje juvenil actual sería un “machetero”-, se paraba en las puertas del Café Torres y del Club de la Unión para bolsearles un aperitivo a sus amigos ricachones. Hoy el Café Torres está tan decadente que se ha convertido en el cuartel general de los demócrata cristianos– mas le hubiera valido continuar en el recuerdo—.

    marqués de cuevas

    Cuevas -Cuevitas en esa época- era amado por todas las señoras, pues era uno de los pocos hombres que podía hablar, con propiedad, de tortas de lúcuma, de corsé francés y de todas las demás intimidades femeninas que los bruteques aristócratas no conocían, pues sólo sabían hablar de la Bolsa y de política. Cuevitas se quiso casar con Blanca Vergara, una dama de la aristocracia, a quien amaba y era correspondido. Afortunadamente, a la madre de Blanca se le ocurrió preguntar a Luis Izquierdo sobre este pretendiente quien, como buen macho chileno, puso a prueba a Cuevitas enviándolo a las salitreras o a Punta Arenas; gracias a don Luis, Jorge Cuevas, despechado, se fue a París, donde conoció al príncipe Yussupoff, noble ruso que había asesinado al bueno de Rasputín. Posteriormente, contrajo matrimonio con la hija de Rockefeller, fundando el famoso ballet del Marqués de Cuevas.

    “Al igual que en 1910, la plutocracia de la época y la de ahora, ha sido lo suficientemente inteligente para incorporar a los siúticos como los Walker y los Edwards”

    Esta manía latinoamericana de comprar títulos era muy común: antiguos almaceneros, de origen vasco se convertían, como por arte de magia, en nobles castellanos o franceses. El título de Jorge Cuevas correspondía al de nombre de Marqués de Peñablanca Guano –esta última palabra dedicada a los riquísimos excrementos de aves peruanas-. El Marques de Cuevas realizó el baile del siglo en Biarritz, el cual fue, incluso, condenado por Pío XII, el Papa de la época (1953).

    Claro que las plutocracias de hoy y del pasado no son iguales, pero en ambas había senadores vitalicios elegidos por un pueblo idiotizado: era el mismo sistema binominal, la mezquindad de los padres conscriptos que no quieren cambiar, ni siquiera un metro, de sus distritos o, mejor dicho, de sus feudos. Consideran a sus electores verdaderos inquilinos, que ahora no los compran con dinero explícito, sino que con anteojos y otros favores; ser senador es mucho más que ser marqués, duque, príncipe o caballero, cada uno es dueño de su circunscripción y llevan tres períodos consecutivos y no se arrugan de vergüenza, mientras las jóvenes promesas se pudren, mirando desde lejos, a estos viejos pelícanos, cuyo bocio crece más que la dieta que se autodeterminan.

    guido girardi camilo escalona

    Al igual que en 1910, la plutocracia de la época y la de ahora, ha sido lo suficientemente inteligente para incorporar a los siúticos como los Walker y los Edwards, que sólo eran extranjeros, que llegaron a Chile con una mano por delante y la otra por detrás; hoy lo hacen con los Escalona y los Girardi, sólo le piden al primero que alise un poco el jopo. En 1910 le temían a los anarquistas, después lo hicieron con los comunistas y, luego, con los la Unidad Popular. Hoy sólo le tienen miedo al trío Maduro-Morales-Correa.

    “Ser senador es mucho más que ser marqués, duque, príncipe o caballero”

    No faltan entre los plutócratas algunos personajes con sensibilidad social que inventan fundaciones como Chile Justo o forman parte de comisiones creadas por la Presidenta para buscar la mayor equidad. No hay ningún problema en hablar de los pobres, convidar al jesuíta Padre Berríos para que remeza sus conciencias y, al final, se puede colocar un poco de plata en el “chanchito” del guatón Don Francisco. El plutócrata puede servir a un pobre como su muñeca e, incluso, peinarla; no sería raro que Sebastián Piñera tuviera una cadena de acciones solidarias y escuelas donde profesores, con la manga rota y camisa manchada, enseñaran a los niños a ser emprendedores. ¡Váyanse al diablo plutócratas de hoy y de ayer!

    Sigue Leyendo Aquí Deja tu Comentario
    VIDEO DESTACADO

    Ahora en MQLTV

    Comentarios