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La misa de Camila Moreno

Escrito por MQLTV

    *Fotografías de Ignacio Orrego (Fotorock.cl)

    El concierto de lanzamiento del ‘Mala Madre’ -candidato fijo y sin discusión a mejor disco chileno de este 2015– fue uno de esos shows inolvidables, de esos que quedarán por mucho tiempo en la memoria de quienes asistieron a este ritual pagano que se vivió la noche del viernes 7 de agosto del 2015 en el Teatro Cariola. Un ritual donde Camila Moreno (29) ofició de sacerdotisa para entregar un espectáculo musical impactante, de esos en donde todo fue tan intenso que las emociones se tradujeron siempre en corporalidad.

    ‘Mala madre’ es un álbum con un concepto muy claro: reivindicar a las mujeres que han sido tildadas de “malas madres” por la sociedad patriarcal por el sólo hecho de asumirse como dueñas de sí mismas. Y esa idea, basada en parte en la caza de brujas durante la Inquisición, estuvo presente en todo momento: desde las túnicas blancas que vestía la banda como si fueran monjes medievales hasta las “brujas” vestidas con los mismos ropajes eclesiásticos que se mezclaban entre el público, descolocando un poco a los primeros asistentes que llegaban a la cancha del recinto. En la pantalla del escenario, en tanto, corrían palabras que explicaban quiénes eran algunas de las “malas madres” de la historia de Chile: la poeta Cecilia Vicuña, Stella Díaz de Varín, Gabriela Mistral o Violeta Parra.

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    Con un retraso de poco más de diez minutos, Camila sale a escena con su banda (la cual se daba el lujo de contar entre sus filas con la talentosa cantautora AirelavaleriA en teclados y segundas voces) y comienza con ‘No parar de cerrar, no parar de abrir’, track 2 del ‘Mala Madre’, donde desde ya manifiesta esa performance tan a la Björk -su ídola máxima- que siempre hace: grita -da lo mismo si es de rabia, de pena o de alegría, pero grita- y baila y salta y se mueve en trance, comiéndose la cancha en cada movimiento. El concierto, que contó con una hermosa sección de cuerdas en algunas canciones y con Natisú y Fernando Milagros como invitados, fue una catarsis colectiva de principio a fin.

    En la poderosa ‘Libres y estúpidos’ la banda sonó como el Radiohead del ‘Hail to the Thief’ (2003) y el público se entregó a esa cruda guitarra distorsionada con devoción. En la trip-hopera ‘Piedad’, que suena como el Portishead del ‘Dummy’ (1994), Camila encarnó a una MC moviéndose micrófono en mano con propiedad por el escenario. La sección más emotiva de la noche llegó cuando presentó “la trilogía del despecho”: ‘Lo cierto’ (cantada a dúo con Fernando Milagros), ‘Te quise’ (con la cantautora tocando piano) y ‘Sin mí’ (el desgarrador hit-single de su último disco), donde Moreno demuestra que la emotividad de su timbre y sus letras son capaces de conmover a cualquiera: al igual que a ella cuando las compuso, a todos se nos rompió un poco el corazón mientras las interpretaba.

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    Tras esa tripleta desgarradora, y en un momento único e inolvidable, todos los músicos se suben a uno de los balcones del teatro y desde ahí interpretan dos canciones acústicas. El teatro, silente y espectante, hizo innecesarios los micrófonos para escuchar cada una de las de melodías que Camila cantaba. ‘Sabré si al final’ -de su álbum ‘Panal’ (2012) y banda sonora de la serie Prófugos de HBO- y la bucólica ‘Ay!’, de su placa debut ‘Almismotiempo’ (2009) fueron las canciones que retrataron la veta folclórica de la cantautora -Violeta Parra presente, ahora y siempre-. Al final, tras un par de bis, terminó con la potente  ‘Yo enterré mis muertos en tierra’.

    Camila Moreno desnudó su alma y su cuerpo en el escenario. No sólo en el momento que se sacó la túnica -al final de ‘Bathory’– y, con su pecho completamente al descubierto, se paró erguida, abrió los brazos y contorsionó su espalda hacia atrás, así como entregándose en sacrificio a las cerca de 1.500 personas que repletaron el recinto de calle San Diego y no podían más de efervescencia; sino también porque la entrega de Camila fue visceral. Todo su espíritu estaba abocado a alcanzar el éxtasis en cada melodía, en cada baile desenfrenado que recorrió a las 21 canciones que interpretó durante exactas dos horas.

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    Mientras el show se llevaba a cabo, el Mamo Contreras moría en el Hospital Militar y un ciclón comenzaba a azotar las costas de la zona central del país. Afuera el mundo seguía girando, pero adentro del Cariola había una misa y era difícil salir de ese trance, y entonces la sacerdotisa -la mala madre, la bruja, la artista- salta y se tira al público. Y sus feligreses la levantan y su piel se encuentra con la de la audiencia y ella sonríe. Esa imagen resume esta noche: una conexión en cuerpo y alma entre Camila Moreno -una de las cantautoras más inquietantes de los últimos años- y sus fieles, que desde hace rato se vienen multiplicando como si fuera una religión.

    Setlist

    1. No parar de cerrar, no parar de abrir
    2. Bailas en los polos
    3. Libres y estúpidos
    4. Incendié
    5. Raptado
    6. Ya no tengo cuidado
    7. Bathory
    8. Esta noche o nunca
    9. Todo
    10. Julia
    11. Piedad
    12. Tu mamá te mató
    13. Lo cierto
    14. Te quise
    15. Sin mí
    16. Sabré si al final
    17. Ay!
    18. Panal
    19. Cae y Calla
    20. Máquinas sin Dios
    21. Yo enterré mis muertos en tierra
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