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Ideológicamente falsa

La peligrosa ambigüedad de Josefa Errázuriz

El tema de las boletas no termina. Una de las acusadas de los últimos días fue Josefa Errázuriz, alcaldesa de Providencia, quien, según una denuncia que se presentó en su contra en la Fiscalía Oriente, habría pagado 285 boletas ideológicamente falsas. Así es: ni la edil de una de las comunas más transitadas de la Metropolitana se habría salvado de estas prácticas que hoy nos parecen malas y condenables. Es como si hubiéramos descubierto Chile por segunda vez.

No quiero quitarle importancia a lo que está sucediendo. Al contrario, me parece que si lo analizamos desde una perspectiva más histórica -y por tanto política-, podríamos entender mejor el funcionamiento de ciertas personas de acuerdo a su base ideológica -o la carencia de ésta- en cargos de poder. El principal problema, tal vez, es que no sabemos qué es lo que realmente proyecta Errázuriz, y menos lo que planea hacia el futuro. Parece que en su legado el futuro no importa. No existe. Sólo hay presente y por lo tanto no hay sustancia ni pasado. No hay una base que vaya más allá de su sonrisa, su mirada y sus buenas intenciones. Y con eso no basta para hacer política.

Es el peligro de buscar abarcar todas las buenas intenciones sin lograr representar ni una sola. Es la idea de hacer política desde el individuo y no desde una colectividad.

Es la ambigüedad del político independiente, ese que dice representar a todos pero finalmente no representa a nadie. Porque más allá de haber sacado a Labbé -que no es poca cosa-, Errázuriz no representa hoy a nadie. No tiene un partido o ideas claras tras ella; por lo mismo, una vez ocurridos estos presuntos hechos de corrupción, ella queda al desnudo sin nadie que pueda decir o hablar por ella. Porque nadie puede dar fe de que estas cosas no podrían sucederle a una persona con sus valores. Porque nadie -absolutamente nadie- conoce sus valores y lo que verdaderamente intenta formar.

josefa errázuriz

Es el peligro de buscar abarcar todas las buenas intenciones sin lograr representar ni una sola. Es la idea de hacer política desde el individuo y no desde una colectividad. De no basar su discurso en absolutamente nada concreto que por lo menos nos haga dudar de su culpabilidad y de las intenciones que otros grupos podrían tener con tal de inculparla. Porque, ¿quién podría inculpar a una persona que no se sabe lo que piensa? ¿Quién podría asegurar que Errázuriz es algo y se debe combatir ese algo? Nadie. Nadie sabe realmente quién es la Pepa Errázuriz, esa mujer de apellido de la vieja oligarquía formada por la inmigración castellano vasca. Porque por más que su apellido nos hable mucho de una clase que se conoce y reconoce ya que tiene consciencia de lo que es, lo cierto es que no sabemos más al respecto.

Es la ambigüedad del político independiente, ese que dice representar a todos pero finalmente no representa a nadie.

Por lo mismo es que ha circulado constantemente desde una postura a otra, dejando a sus votantes impertérritos con sus decisiones. Muchos no saben por qué realmente votaron por ella y otros creen que les contaron un cuento, les dijeron algo que no era o algo que ellos creían que era. Esto porque un político independiente deja demasiado a la imaginación del electorado al decir que va a hacer todo y nada a la vez: subirse al carro de los ideales cuando estos son rentables y bajarse cuando le cuestan caro. Muy caro.

Debido a esto es que Josefa se encuentra sola ante estas acusaciones. Su independencia le jugó una mala pasada al momento en el que requiere de una historia que la avale para hacerle frente a lo que se viene. Porque lo que le sirvió para destronar al tirano Coronel, hoy la tiene entre la espada y la pared, y con la oportunidad única de decirnos realmente quién es.

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