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La Poseída: ¿Dónde está la televisión hecha para las mayorías?

La Poseída es la más reciente apuesta de ficción estelar. A pesar de la crisis que vive, y en vez de cerrar proyectos, TVN se aventuró y probó suerte. En términos de crítica no les ha ido del todo mal. Es más, el empeño del canal estatal por intentar mejorar la calidad de sus producciones es destacable. Sin embargo, el rating no ha acompañado y la primera razón de esto fue la estrategia de lanzamiento: exhibir los primeros episodios cuando se está acabando Fatmagül fue una pésima idea. La señal estatal se enfrentó al beneplácito del público y perdió, igual como lo hizo hace más de un año a manos de la sagacidad de la nueva administración de Mega y sus teleseries turcas.

La producción muestra en sus primeros tres capítulos un buen ritmo: los triángulos amorosos quedan claros, los actores son convincentes y la ambientación es correcta (o al menos se ve pulcra y trabajada). Pero lo que preocupa en esta obra es otra cosa: el nivel de inversión y la falta de cercanía de la historia y sus personajes con la audiencia. La Poseída es claramente más cara que La Chúcara -actualmente uno de los pocos buques insignia del canal público-, pero mientras esta última muestra un especial cuidado en lograr identificación con su público, en La Poseída se experimenta y se intenta sorprender al espectador introduciendo nuevas temáticas -como el satanismo- desplegando una capacidad técnica que no se ve en la producción de las tardes.

la poseída teleserie

Si bien los personajes de la nueva nocturna están bien construidos -el “cura soldado” (Marcelo Alonso) es el justiciero, “Gabriel” (Jorge Arecheta) es el héroe y “Carmen” (Luciana Echeverría) la heroína- , en el contexto de la televisión actual hubiese sido mejor darle espacio a una historia como la que protagonizarán “Melchor” (Diego Ruiz), “Micaela” (Daniela Ramírez) y “Eleodoro” (Francisco Melo). “Micaela” es una prostituta que enamora a “Melchor”, hijo de su principal cliente y candidato presidencial, “Eleodoro”.

Además, hay algo a lo que el público se acostumbró con las series turcas y es que las locaciones y la música sean las adecuadas para cada historia. Si bien La Poseída es una producción oscura (bien lo reflejan los escenarios, las vestimentas, la iluminación y la música), todavía no se logra transmitir todas las emociones de forma clara (como la desesperación o la ira en el caso de “Carmen”, la protagonista). Y es aquí donde Mega sacó ventaja con las turcas (aunque expertos citados por El Mercurio traten de básico al público que las sigue).

Hay que pensar antes en el público, oírlo y satisfacerlo. La Poseída es una buena producción, pero se hace lejana y sus personajes no logran conectar del todo con la audiencia.

Por otro lado, a nivel de industria, a María Eugenia Rencoret (ex TVN y actual encargada de la ficción nacional de Mega) se le critica por jugar a la segura con fórmulas probadas. Y en el contexto de un canal público necesitado de rating y credibilidad, lo que le sobraba en la época de Sabatini y Rencoret, lo que se imponía como misión, era mirar lo que funcionaba en la producciones locales y extranjeras a la hora de probar suerte. Y esto el equipo que dejo ir (el de Maria Eugenia Rencoret) lo sabe de sobra.

Por ejemplo, en Pituca Sin Lucas se la jugaron por personajes cercanos y deslenguados, como “Stella” (Íngrid Cruz) y “Lita” (Gaby Hernández) quienes, debido a la gracia y franqueza de su diálogos y situaciones, son creíbles y a la vez queribles, logrando inmediata identificación con su audiencia. En el caso de La Chúcara -que es un esfuerzo en conjunto con la productora DDRIO- sucede lo mismo con “Laura” (Antonia Santa María), una de las protagonistas, que también utiliza palabras y gestos de uso cotidiano. Este tipo de detalles le dan identidad a las telenovelas que buscan construir historias de amores imposibles y entrar en contacto con el púbico al que se quiere llegar o reflejar. TVN tiene muchas posibilidades, pero hay que pensar antes en el público, oírlo y satisfacerlo. La Poseída es una buena producción, pero se hace lejana y sus personajes no logran conectar del todo con la audiencia.

la poseída

Es importante señalar también que este tipo de apuestas televisivas son financiadas y promovidas por el canal que dice ser de todos los chilenos, pero siguiendo el camino del Consejo Nacional de Televisión (CNTV). Es decir, hablándole a una audiencia que no ve televisión abierta pero que tiene poder para imponerse en el contenido que quiere que se vea. Resulta raro que las instituciones del Estado no escuchen al pueblo y quieran marcar tendencia a expensas de dinero público, especialmente en el caso del CNTV. ¿Estamos financiando caprichos de gente que ni siquiera ve televisión y que desprecia el contenido que le gusta a la mayoría? La discusión queda abierta.

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