• Videos
  • En Vivo

MQLTV.COM

En vivo

un adiós

La vida con Bonvallet de fondo (1955-2015)

Dicen que no hay muerto malo. Por eso mejor es pensar a Bonvallet. Desde esta esquina. Desde ser compañero de trabajo y de rubro. Desde el discrepar también con muchas ideas. Pero ante todo con mucho respeto, en especial para sus amigos, en los que cuentan muchos de los que me rodean. Voy por parte:

1. Bonvallet, como Villegas fue uno de los primeros tipos que quebró el estándar ochentista comunicacional: decían cosas que los otros no se atrevían. Era rompemoldes e instalaba el extremo para que en el noticiero de medianoche dijesen cualquier barbaridad y ya nadie lo notase. Por eso lo tributan. Bonvallet era el desorden y Milton Millas (nuestro Fernando Niembro) el orden.

Quizás ahí esta el punto en que genera respeto de tipos como Bianchi o Paulsen. En medio de la transición, era imposible detectar a los conservadores, porque hasta la izquierda era conservadora a tal punto que como candidato del “No” se impuso a Patricio Aylwin que fue el “Si” en los 70.

Desde ahí, Bonvallet se nos reveló en la clásica entrevista que hizo a Pinochet. Estaba del otro lado. Una entrevista mitificada. Siempre se dijo que había una parte no emitida. Se lo pregunte: “no es así, lo que ves es lo que hay”.

Como Villegas en Tolerancia Cero con el paso de los años se nos revelo con cierta alma policial. Pero no lo detectamos. En su momento, se nos pasó. Y cuando nadie quería decir que era así, estaba ahí. Como la Maldonado. ¿Esta bien o mal eso? No lo sé, pero desde esa lógica se construye la “consecuencia” que le gusta mucho al chileno. Ser “consecuente” como una virtud.

bonva

El mismo me lo dijo en un café que me quedo a fuego: “Yo admiro la consecuencia de Allende, ese era de verdad”,lo dijo como una virtud de seguridad en un país inseguro donde se cae todo con un terremoto o un aguacero. Al chileno le gusta el “consecuente” porque no cambia, porque le entrega un punto de partida. Yo discrepo de eso en lo personal: Hitler era recontraconsecuente desde ese punto de vista. Y Hitler era un gran HDP. Y a mí eso no me gusta.

Quizás los héroes chilenos son consecuentes y mueren en la suya. Quizás eso les gusta. Quizás no soy tan chileno. Quizás soy “glocal”. Qué sé yo: no sé mucho.

No deja de ser increíble que Bonvallet se nos vaya justo cuando Villegas asume su posición de vendedor de Jeans y se va de la tele. Nuestra infancia, lo que ayer creímos transgresor, cierra la puerta.

Los niños de ayer, somos los adultos de hoy. Y el ser amable parece ser mas transgresor en un mundo donde se democratizo el quebrar las vitrinas.

Su muerte es un llamado a la adultez.

Bonvallet fue uno de los primeros tipos que quebró el estándar ochentista comunicacional: decían cosas que los otros no se atrevían.

Una sonrisa a veces es mas potente que una bomba molotov. O un Bonva molotov.

2. Desde ahí, Bonvallet era un profundo admirador de la autoridad. Era un fanático del método. Era un critico de la cultura del desorden, tan propia del chileno. Su error era, a mi parecer, atribuirlo a un modo mas que a un ethos. Por eso le cargaban los “comunistas”. Por eso le molestaban los que “hueveaban”. Por eso trató de flaite a Vidal y también mandaba patadas al indígena. Y muchos se suman desde eso a creer que el orden es mejor que el desorden. Era muy Status Quo Eduardo. Y por eso también era un tipo educado si tu lo reconocías desde esa esquina.

Era un “permiso, por favor, gracias”.

Quedan pocos.

35156_1473956

3. En la radio siempre nos saludábamos con cordialidad. A mí me entretenían las anécdotas de sus compañeros (con quien comparto el día a día) y realmente da la sensación que al final de todo lo que podías discrepar con el, era querible. Yo admiro a esa gente que puede llegar a un punto en su carrera de atraer gente desde donde este y entablar relaciones rarísimas con su alrededor. Bonvallet terminó alojado en el edificio de la radio. Se preocupaban mucho de él: cuando nadie lo iba a ver, cuando seguía pagando su cáncer, cuando estaba extrañando a sus hijos, mis compañeros de labores estaban atentos a él. Cuando salen con que “lo iban a echar” yo te lo digo y aquí pongo mi carita de garantía: eso no iba a pasar. Siempre iba a volver. Tenia una casa cuando no había una. Esas eran las 5 horas de radio: el formato que amaba.

Es cosa de leer las listas de música que ponía al aire. Extraordinarias. Bonvallet era un comunicador extraordinario. Como lo dije al aire, muchas veces, no comulgo con muchísimas de sus ideas, pero negar su influencia, en los que hoy hacemos formato talk radio es injusto. Se fue un clásico.

Y los clásicos son esos lugares donde siempre vamos a volver.

O donde siempre vamos a robar.

Bonvallet era un comunicador extraordinario. Como lo dije al aire, muchas veces, no comulgo con muchísimas de sus ideas, pero negar su influencia, en los que hoy hacemos formato talk radio es injusto. Se fue un clásico.

Bonvallet fue el Rumpy del periodismo deportivo. La noche anterior había estado enojado con todos y se nos pidió prudencia, y yo sabía bien que mas allá de todo iba a poder toparme con él y dialogar. No iba a pasar jamás eso. Bonvallet es parte del alocaísimo y único ADN de Radio La Clave y por eso la radio crece. Yo lo sé porque realmente lo querían mucho y servía mucho a la misión difícil de inaugurar en un país como este un medio. Bonvallet era carta segura a la hora de estrenar cualquier medio: atraía audiencia y por tanto anunciantes.

Tiene su propia iglesia de fieles que lo van a mitificar. Su muerte en la habitación 213 del hotel lo vincula al mito porque así no mueren los futbolistas o comentaristas: mueren de viejos. Mueren quemados por la memoria como Martínez o el Sapo. Mueren de pena, de memoria. No mueren explotando un 18 de septiembre. No mueren interrumpiendo un Te Deum. No mueren siendo un breaking news o dejando horas y horas de memoria.

4. Una mañana luego de una reunión de planificación de futuro estaba en el Tavelli y un hombre con una parca fosforescente estaba a lo lejos. Yo estaba dolido porque en la tele me estaban tratando como las bolas (me estaban reduciendo a un lector de menciones en mi propio programa, cuestión que luego corrigieron y admitieron con mucho respeto y honestidad mis jefes directos) y no sabía qué hacer.

2184913

No sé porque me acerque a él y me dijo “tomate un café conmigo”. Lo primero que hice fue confesarle que tenía un recuerdo muy bonito de su trabajo: cuando yo era chico en el velador de la cama de mis papas había una radio reloj blanca Casio con números que sonaba con la alarma y se prendía en la CB114. Radio Nacional. Radio Nacional era extraordinaria en especial en ese entonces. Luego de que sonará “Castillos en el aire” empezaba una suerte de marcha y comenzaba “Más Deporte” y ahí estaba él, despotricando contra todo.

Yo sabía que el día empezaba porque me pasaba de mi cama a la de mis viejos con mi hermano y luego al desayuno. Y ahí estaba hablándole a los “chilenos y chilenas”. Desde esa esquina, le admití que estaba en las antípodas valóricas de su discurso pero lo respetaba por esos desayunos, por ese programa increíble que hizo con Paulsen donde hablaban de historia humillando a Mauriziano en Corea-Japón y se hablaba de todo menos de fútbol, por tantas veces que terminaba el Carcuro noventista y nos pasábamos a verlo en La Red, con esos escenarios marginales de los cuales se reían al aire con Sotomayor, con su parrilla parafernalica.

Y empezamos a hablar de las carreras. Me dio un consejo cuando le conté de mis problemas: “que nunca te olvides de tu familia, eso es lo más importante, yo me muero por mis hijos”.

Luego le conté sobre esos que Violeta Parra definía así “Yo no sé por qué mi dios le regala con largueza sombrero con tanta cinta a quien no tiene cabeza” que tenían tanto aguante por la prensa y mis jefes de su momento y me dijo “¿Conoces a Milton Millas? Milton Millas no sabe nada, pero nada de fútbol, Nicolás. Piensa que adentro de la pelota hay un conejo, pero ojo, tiene una gracia: la junta con pala, porque le dice lo que quieren escuchar a los que tienen las luquitas. Y después las reparte con sus amigos. Él esta mejor que todos nosotros. Yo estoy aquí: he perdido casas, he perdido cosas que me importan, tengo cáncer. Quizás hay que ser mas Milton, pero sabes: duermo tranquilo. Aunque no lo crean, duermo tranquilo. Tú tienes que ser feliz en todo caso. Busca tu felicidad siempre. Busca lo que te hace feliz antes de cualquier cosa”.

Por ese dialogo, por ese café que me pagó de su bolsillo, con su caja de Lucky Strike al lado, hoy siento pena. Y veo a tanta gente agradeciéndole su inspiración, sus palabras, su delirio, que lo entiendo.

Quizás somos radicalmente distintos, pero saben: hoy lo entiendo.

Vivan los locos.

Sigue Leyendo Aquí Deja tu Comentario
VIDEO DESTACADO

Ahora en MQLTV

Comentarios