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Laboratorio del machismo: Un día en la vida de una científica

Escrito por MQLTV

    Es viernes, son las 7 de la tarde y sigo en el laboratorio. Hace un rato, mientras revisaba unos informes, encontré la respuesta a una pregunta que me había dado vueltas por más de un año. Fue uno de esos momentos eureka en la ciencia, pero no apareció un destello de luz de las fotos de células que estaba revisando. La verdad, fue el comienzo de un nuevo misterio. Tendré que repetir meses y meses de experimentos.

    Mi compañero, que también está en el post doctorado, está aquí conmigo, y las luces de nuestra área de trabajo son las únicas encendidas. Me ofrece compartir su información y algunas herramientas de investigación, y acepto encantada.

    woman_lab_591

    Me pregunto si Tim Hunt, premio Nobel de Medicina, hubiese opinado que aquella escena estaba cargada de tensión sexual. Después de todo, soy una mujer, y el Dr. Hunt, bioquímico de profesión, expresó en una conferencia que el problema que tiene con las mujeres en los laboratorios es que “te enamoras de ellas, ellas se enamoran de ti, y cuando las criticas, se ponen a llorar”. No es difícil creer que este doctor podría haber considerado la posibilidad de que dos científicos, solos en la noche, perdiesen sus inhibiciones por el poder de la revelación científica.

    La verdad, dudo mucho que el Dr. Hunt esté preocupado por los lazos románticos de dos post doctorados. Su “problema con las chicas” está más ligado a su labor como investigador jefe en un laboratorio independiente. De inmediato fue criticado por lo que dijo, y se vio obligado a renunciar a su cargo en diversos comités de alto perfil, lo que indica cuán en serio se toman las instituciones el problema de la desigualdad de género.

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    Aún así, las mujeres mantienen un nivel bajo de representatividad en los puestos más altos de las biociencias, a pesar de la paridad que existe en rangos menores. Considero que los dichos de Hunt nos entregan una pista importante: los científicos jóvenes parten su carrera al unirse a un laboratorio de un investigador director, que casi nunca se involucra en los procesos prácticos, pero posee la autoridad casi absoluta al momento de contratar gente. Solo cuando finaliza el proceso de entrenamiento es que una puede aspirar a tener su propio laboratorio, pero siempre nos conocerán como “la que se formó en el laboratorio del Dr. X o Y”.

    Los científicos hombres mejor evaluados sienten que tener a mujeres como aprendices puede traer consigo más problemas que beneficios. Un estudio del 2014 (publicado en los Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias) halló que, en promedio, los científicos enseñan a menos mujeres que en el caso de las científicas. Esta tendencia se exacerba conforme sube el prestigio del profesional: sus laboratorios tienen mayoría masculina, pero aquel caso no se da cuando la directora del establecimiento es mujer.

    group of students working at the laboratory

    Motivar a las mujeres para que sean entrenadas por compañeras de su género no ayuda mucho, ya que simplemente no hay suficientes mujeres científicas líderes. En el mencionado estudio, las mujeres representaban casi la mitad de los estudiantes que se gradúan de biociencias, pero solo el 21 por ciento de los académicos del área son féminas. Entre la elite científica, las mujeres son aún menos: de todos los premios Nobel analizados en la investigacion, que eran 24, solo dos eran de mujeres.

    Dado este panorama, puede que se espere bastante de una chica que tiene la suerte suficiente para llegar a un laboratorio de gran prestigio. Hace poco, una compañera del post doctorado le pidió a una columnista vocacional de la revista Science ayuda para lidiar con su mentor, ya que éste siempre intentaba mirar por debajo de su blusa. La columnista en cuestión, la Dra. Alice Huang, le aconsejó no solo que se acostumbrara a ello, pero que lo hiciera con “sentido del humor”. No pasó mucho tiempo para que se retractó de su respuesta; a pesar de ello, no puedo evitar pensar que el consejo que dio Huang era bastante seguro: si no te ganas la simpatía de tu maestro, podrías arruinar tu carrera.

    Researchers loads PCR samples

    Cuando nos reunimos entre científicas, de inmediato llegamos a los mismos temas de conversación. Nos preguntamos “¿Cómo lo haces”, procurando bajar la voz. Un tema es tener que pedir prestado un delantal extra grande cuando estás embarazada y el atuendo normal no te cruza. Por ejemplo, yo  volví a trabajar en el laboratorio mientras mis gemelos prematuros estaban en la unidad de cuidados intensivos, para guardar mis días de post natal cuando los dieran de alta. Pero esa situación no dista mucho de lo que pasa con otras mujeres con ambición en otros ámbitos.

    Lo que divide a las científicas es el requisito imperativo de tener un mentor de gran calidad, por lo que, mientras la empresa de la ciencia siga habitada por gente que encuentra divertido tener que “lidiar con las mujeres en el laboratorio”, nosotras seguiremos recibiendo instrucciones inferiores, que, a la larga, se traducirán en salarios más bajos. Ése es el verdadero problema.

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