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La Mujer Rota

Matrimonio y escritura

Me queda un día de soltera. En un día más me casaré por el civil en casa con amigos y familiares y en dos semanas en una gran fiesta fuera de Santiago. Esta semana pensaba dedicársela a Enrique Vila-Matas y no a hablar de matrimonios, quería escribir una columna que llevara por título Mi escritor favorito y exponer ahí todos los puntos de vista de lo que puede ser tu escritor favorito: los porqués, lo infantil que suena tener un escritor favorito y si luego de haber pasado 10 años desde que es tu escritor favorito, continúa siéndolo, por ejemplo, al leer su último libro Marienbad Eléctrico, publicado recientemente por Almadía. Pero la idea de hablar de mi escritor favorito fue desechándose por el tema del matrimonio que se impuso y no he parado de hablar del mismo, googlear acerca del mismo, comentar con mis amigos, familiares, y vecinos acerca de lo que es casarse, el vestido, la música, los anillos, las palabras previas, los zapatos del novio, las luces, el cocktail, las invitaciones y el amor. Pero por sobre todo buscar en la red y en libros todo tipo de combinaciones acerca de experiencias de escritores que se casan y luego deciden sellar en escritos o textos o libros o paredes lo que ha sido para ellos el matrimonio o con qué lo relacionan, y no tanto para saber qué es el matrimonio mismo, sino más bien cómo ese vínculo íntimo es trabajado como material de escritura sin pudor ni límites.

adolfo bioy casares

El libro que obviamente se me vino primero a la cabeza, o los libros que se me vinieron a la cabeza al bucear en mis lecturas (digámoslo, lecturas universitarias), son Cartas a mi madre de Silvia Plath y Cartas de cumpleaños de Ted Hughes -que leí cuando estaba en Psicología en la U. de Chile y que muestran lo terrorífico de la experiencia, hasta llegar ella al suicidio en 1963 cuando da completamente la llave del gas de la cocina y mete la cabeza al horno debido a diversas situaciones de desamor y frustración, y entre ellas el no poder tolerar más días lejos de este hombre que había conocido al moverse de Estados Unidos a Reino Unido, cuando fue a estudiar a Cambridge porque le dieron una beca y con el que se casó en 1956, y con el que duró sólo seis años de amor, locura, escritura e hijos-.

Este libro, Cartas a mi madre de Plath, va de la mano al libro escrito por su propio marido, Ted Hughes, Cartas de cumpleaños, en que hace una especie de mea culpa universal, y donde también muestra su punto de vista desde los primeros años de amor de la pareja, repleta de escritura, libros y lecturas, delirios y el suicidio de Silvia. Esos primeros años en que eran felices, los viajes de esta pareja de escritores, cuando fueron a pasar su luna de miel a España, Benidorm, que en ese entonces no era el Hollywood de España como lo es hoy, donde pasan y pasan chicas con patines y zorrones en autos caros, sino más bien un campo donde Silvia se levantaba en las mañanas y miraba las vacas que pasaban y la miraban con agrado y luego escribía sus poemas de amor a Ted y Ted se los escribía a ella.

Ya más en el plano de la ficción pura, no puedo dejar de mencionar el libro de César Aira (que fue también uno de mis escritores favoritos cuando yo tenía 25 años): Yo era una mujer casada.

Otro de los libros de matrimonio que me sorprendió fue el que hace unos años me envió en PDF la escritora y amiga Paula Ilabaca: La belleza del marido, un libro desolador de la escritora canadiense Anne Carson (1950), y que publicó por Lumen. Un libro muy breve, subtitulado “un ensayo narrativo en 29 tangos”, porque “un tango, como el matrimonio, es algo que uno tiene que bailar hasta el final”. Ay, ay, ay. Pero por sobre todo, un libro intenso y triste acerca del quiebre de una relación matrimonial basada en la mentira y el engaño por parte del marido. Otro libro más donde la que queda mal y cagada es la mujer, debido a las infidelidades y mentiras, similar a la historia de Silvia y Ted:

Pero supongamos que tu marido y cierta mujer oscura
suelen quedar en un bar por la tarde.
El amor no es condicional.
Vivir es muy condicional.
La mujer se instala en una terraza cerrada al otro lado de la calle.
Observa a la mujer oscura
que con la mano le toca la sien como si le estuviera metiendo algo.
Observa cómo
él se inclina un poco hacia la mujer y luego se vuelve atrás. Están serios.
Su seriedad la atormenta.
Las personas que pueden estar serias cuando están juntas es porque tienen algo
profundo.
Hay una botella de agua mineral sobre la mesa
y dos vasos.
¡No necesitan bebidas alcohólicas!
¿Desde cuándo tiene él
estos gustos puritanos?
Un barco frío
zarpa de algún lugar dentro de la esposa
y pone rumbo al horizonte plano y gris,
ni pájaro ni soplo a la vista.

luna miguel antonio j rodríguez

Aparte de libros terroríficos acerca de matrimonios, también busqué experiencias más alentadoras de lo que es un matrimonio digamos que feliz, pleno, o bueno, un matrimonio amoroso, y encontré, más que textos, fotos de escritores que se casan, algunas que rondan en las redes, como el de Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez que pillé en Twitter y el de Juliet Escoria y Scott McClanahan que recorrí completo en Facebook.

También encontré un texto de un matrimonio que se ríe y se muestra irónico y en estado de felicidad y placer, el matrimonio de mi cronista favorita, la escritora peruana Gabriela Wiener (1975), autora de Nueve Lunas, Sexografías y Llamadas perdidas, y todo lo que escribe con su marido, el poeta y editor Jaime Rodríguez, cuando publican en la revista peruana Etiqueta Negra el chat íntimo entre ellos llamado Dímelo delante de ella: ¿puede un emoticón reconciliar un matrimonio de escritores? En este texto se repasa desde su vida doméstica -como ir de compras al supermercado Carrefour- hasta lo que están escribiendo a diario. Cómo es que se critican, se burlan y también apoyan acerca de lo que escriben, de sus gustos literarios, el amor por Cristina Rivera Garza (esa es otra de mis escritoras favoritas), las casas en que han vivido como matrimonio, dónde han trabajado juntos, las fotos que guardan de los exs, etc.  

Otro de los libros de matrimonio que me sorprendió fue el que hace unos años me envió en PDF la escritora y amiga Paula Ilabaca: La belleza del marido, un libro desolador de la escritora canadiense Anne Carson (1950).

Ya más en el plano de la ficción pura, no puedo dejar de mencionar el libro de César Aira (que fue también uno de mis escritores favoritos cuando yo tenía 25 años): Yo era una mujer casada, donde Gladis, la protagonista sufre el haber contraído este vínculo, y el arrepentimiento total acerca de ese acto: “Yo era una mujer casada, y sufría por serlo. Como tantas otras antes y después que yo, tuve mala suerte en el matrimonio. Me había casado con un verdadero monstruo” comienza diciéndonos la narradora-protagonista de este libro, que fue publicado en Chile por Editorial Cuneta y que es otro texto más que muestra lo horrible que puede ser para algunos el matrimonio y que obviamente yo no quiero que lo sea para mí, sino que quiero que sean años felices, como el matrimonio de mis autoras favoritas y pueda escribir más adelante textos de matrimonios que se aman y están juntos para toda la vida.

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