• Videos
  • En Vivo

MQLTV.COM

En vivo

Salud para pobres

No se les vaya a ocurrir enfermarse en Chile

Escrito por Rafael Gumucio Rivas

    Los escándalos en la salud se suceden a un ritmo vertiginoso. Para sólo citar algunas de las chambonadas, recuerdo el cambio de guaguas en el Hospital de Talca que, a pesar de todas las intervenciones gubernativas, el público no sabe si calificarlo como un sanatorio o un tanatorio –dicen que los pobres habitantes de la VII Región tiemblan de miedo si les ocurre la mala suerte de enfermarse-; recuerdo el Hospital de Curepto –elegante y nuevo y rosadito, inaugurado con enfermos imaginarios de Molière, como preparación para la visita de la Presidenta, engañada al igual que Catalina II, en las famosas Aldeas Potemkin-; luego recuerdo el desorden en las muestran del examen del Sida; el paseo de los ratones en el viejo Hospital del Salvador; la colusión de las farmacias; la muerte de madres en el Hospital Félix Bulnes; los retardos en la aplicación del Plan Auge y la precaria infraestructura de algunos centros de salud. Piense el lector que el Hospital del Salvador, que atiende a todo el Santiago Oriente, fue inaugurado en el período de Federico Errázuriz Zañartu, en la segunda mitad del siglo XIX. No falta quien piense que es preferible morir antes que caer un hospital, sobre todo si se es pobre.

    hospital de curepto

    Tan desastrosa es la salud pública que cuando creíamos olvidados horrores médicos que significaron pérdidas de vidas jóvenes e innumerables daños para la población, estallaba el escándalo en la Cenabast –abastece de medicamentos y otros insumos a los hospitales de Chile-. Como si nada, en la bodega central se descubren fecas de ratones, jeringas con hongos, medicamentos vencidos y mal rotulados, vacunas inutilizadas porque no se respeta la temperatura adecuada, entre otras fallas. Se amenaza siempre con sumarios que, al final, quedan en nada y constituyen una monstruosa burla para las víctimas. Ya no se sabe distinguir si es negligencia, error humano o consecuencia del pitutaje generalizado que reparte direcciones de hospitales y consultorios entre los militantes de los partidos en el poder, sin exigir las competencias necesarias para el cargo.

    Pienso que hay que exigir urgentemente un nuevo programa de salud, reconociendo que ésta está colapsada y que debe invertirse al menos cuatro veces el actual presupuesto. Si fuéramos un poco menos corderos, debiéramos estar alerta y movilizados para evitar que nuestros hospitales se conviertan en tanatorios.

    cenabast

    El desastre que describo no es nada nuevo. Leyendo Santiago de Chile, historia de una sociedad urbana (Catalonia, 2007) de mi profesor Armando de Ramón, encuentro los siguientes párrafos:

    “Los hospitales, durante el período colonial y luego en el siglo XIX, habían sido hechos para atender a los pobres. Jamás un miembro de las clases acomodadas iría curarse a uno de ellos… El Doctor Germán Valenzuela Basterrica decía que a los enfermos no se les cuida sino que se les descuida… El Doctor Lucas Sierra: ‘a los enfermos se les deja morir’. En este ambiente, las epidemias prosperaban y causaban terribles estragos entre la población tanto hospitalaria como del resto de la ciudad”.

    “Un periódico llegará a decir en 1910 que ‘no creemos que exista hoy en el mundo una aglomeración humana que se halle en condiciones más horribles que las que hoy atraviesa la capital de Chile‘” (De Ramón, 2007: 170-171).

    armando de ramón

    El estado sanitario de Santiago era tan monstruoso y repugnante que, año a año, la población era diezmada por distintas pestes -la bubónica (peste negra), la fiebre tifoidea, el cólera, la viruela, el sarampión-. Incluso, Joaquín Edwards Bello nos aporta un interesante relato que describe un despreciado sector del Cementerio General, destinado a los apestosos, que nadie se atrevía a visitar.

    En 1910 moría el 31,6 por ciento de la población, es decir, casi un tercio de los chilenos; había ciudades como Curicó y San Felipe, cuya tasa de mortalidad era superior a la ciudad de Bombay; Valparaíso, Talcahuano y la Serena, en tanto, tenía mortalidad superior a Calcuta. Según el periodista Tancredo Pinochet, Chile era un verdadero matadero.

    hospital chile siglo xx

    Casi la mitad de los niños nacidos vivos moría antes de los cinco años; la fiesta del “angelito”, además de convertirse en una borrachera, demostraba la verdadera mortandad de inocentes en el Chile del Centenario.

    Uno de los grandes méritos de uno de los mejores presidentes de Chile, Salvador Allende, es haber denunciado el desastre del sistema de salud chileno y, a su vez, como ministro de Salud de don Pedro Aguirre Cerda, haber iniciado una de las reformas más profundas de lo que puede llamarse un sistema de medicina social que, a pesar de la carencia de recursos, alcanzó altos niveles de calidad en el período republicano, lamentablemente destruido por los fenicios que pululan en la política pitutocrática.

    Sigue Leyendo Aquí Deja tu Comentario
    VIDEO DESTACADO

    Ahora en MQLTV

    Comentarios