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Chile en La Haya

Nuestra mezquina política con los vecinos será castigada

Escrito por Rafael Gumucio Rivas

    Si revisamos nuestra historia diplomática parece evidente que, en muchos períodos, Chile demostró interés en solucionar el problema de la mediterraneidad boliviana. Don Domingo Santa María era claramente partidario de dar salida al mar a Bolivia en la tregua, que puso fin a la guerra, por Arica u otra caleta; los balmacedistas acusaron, durante la guerra civil, a la Junta Parlamentaria de querer regalar territorio a Bolivia. Hasta 1904, se buscó una forma de entregar Tacna y Arica a los bolivianos, con el natural desagrado de los peruanos, pues estos territorios estaban en litigio (incluso existían soluciones alternativas, como la Caleta Víctor).

    Esta política pro-boliviana cambió, abruptamente, durante los gobiernos de Carlos Ibáñez y Augusto Leguía, prefiriendo la solución de repartir Tacna para los peruanos y Arica para los chilenos. Durante los gobiernos republicanos siempre hubo conversaciones e intentos de acuerdos: el más conocido y citado fue el Acuerdo de Charaña de 1975 entre Augusto Pinochet y Hugo Banzer.

    ¿Es más patriótico defender una franja estéril de desierto que regalar nuestras riquezas a empresas multinacionales y multimillonarias?

    Cómo me gustaría que estos nuevos chauvinistas defendieran, con la misma pasión, nuestro cobre, nacionalizado por nuestro gran presidente Salvador Allende. ¿Acaso Chuquicamata y el Teniente no eran verdaderas factorías norteamericanas y North el verdadero rey del salitre de Tarapacá? ¿Es que no recuerdan que las Cofradías, en la Tirana, los nazarenos se disfrazaban de “pieles rojas” -una etnia en el sur de Chile. Hoy, australianos, canadienses y de otras nacionalidades son dueños de territorios mineros, incluso limitando la protección del Parque Nacional Lauca en Putre.

    infografía guerra chile perú bolivia

    Si a esta forma de propiedad no lo podemos llamar “enclave”, díganme cómo llamarla. Además, pagan un mínimo de impuestos y, por depredarnos, le cobramos sólo un 3% de IVA. Si se cobrara al menos un 20% -para no hablar del impuesto que le cobramos a los salitreros en su época- podríamos solucionar la salud y educación de este país de una vez. ¿Es más patriótico defender una franja estéril de desierto que regalar nuestras riquezas a empresas multinacionales y multimillonarias? Lo más seguro es que nos dejen el hoyo y se irán cuando se acabe la reserva o no sea más rentable el cobre.

    Como me gustaría que estos nuevos chauvinistas defendieran, con la misma pasión, nuestro cobre, nacionalizado por nuestro gran presidente Salvador Allende.

    No seamos solamente pragmáticos y mercachifles neoliberales. Además del gas barato y no contaminante, tenemos mucho que ganar al buscar una política conjunta, en igualdad de condiciones, no sólo con Bolivia, sino con el conjunto de los países latinoamericanos. Sin carecer de dificultades, Europa lo ha podido hacer. Nadie dice que esta unidad sea una panacea, no evitaremos las lógicas dificultades pero, al menos, nos permitirá enfrentar, en mejor forma, los malos tiempos económicos que podrían aproximarse y, por lo demás, aprovechar el buen precio de las commodities y enfrentar los enormes desequilibrios entre los ricos y los pobres.

    Este acuerdo estratégico sí que sería una muy buena forma de celebrar el Bicentenario en los países de América, para que se sienta fuerte, en los confines de Los Andes, el grito de guerra a muerte a los colonialistas pronunciado por Bolívar en Trujillo. Sólo nos resta dar las gracias a los parlamentarios que se atrevieron a innovar la obsoleta política diplomática chilena con nuestros hermanos vecinos.

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