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El Play de los pobres

Oda al PolyStation: Esa máquina soñada con 99.999 juegos en uno

Escrito por MQLTV

    *Por Gabriel Gutiérrez / Así Tal Cual

    Nadie, pero absolutamente nadie en esta vida que no haya sido pendejo, no puede decir que les gustan o alguna vez les gustaron las consolas de videojuegos. Si, esos artefactos tecnológicos con distintos tamaños y formas, que en su interior proveen de la tecnología necesaria para poder reproducir las mejores y más entretenidas historias compactadas dentro de un CD. Y bueno, aunque quizás en la actualidad el sinónimo de “videojuego” es un guatón pajero con barba que se graba jugando juegos en su solitaria pieza y después los sube a youtube, o un español con cara de fleto que se pone a jugar Minecraft y que excita a miles de niños ratas que lo único que saben hacer es sentarse en un PC a creerse los dueños del mundo cuando no saben ni lavarse los dientes, en mi época (y aquí empiezo a sonar como un viejo de porquería) los videojuegos no eran más que sinónimo de diversión infinita <3.

    Durante esa época noventera hasta los primeros años de los 2000, mi infancia se forjó en un tiempo donde la mejor y más tecnológica consola de todas era el mítico Super Nintendo, ese codiciado artefacto que era el premio más anhelado en los concursos de Cachureos y que tenía cientos de comerciales en Cartoon Network. Luego, como la tecnología siguió avanzando, vinieron los juegos en 3D, donde una nueva consola se abrió paso en el camino de Nintendo y revolucionó todas las tardes escolares después de clases: el Play Station 1. Ya, puede ser que los monos eran más cuadrados que un cubo rubik, y los escenarios eran tan triangulares que parecían hechos con una escuadra y un transportador… ¡PERO LOCO, ERAN JUEGOS EN 3D! ¡EN 3D!. Un 3D ultra básico digno de video educativo noventero, pero que trajo diversiones infinitas y toda una nueva opción  de personajes e historias.

    polystation

    Aunque bueno, como buena persona que se ha criado durante toda su vida bajo el amparo del segundo quintil, soy parte de esos miles de niños que jamás tuvieron una de estas consolas en sus manos, y que bueno, para subsanar la tristeza de ser más pobres que el Chavo, podían aspirar a 3 cosas:

    1. Hacerse el mejor amigo del típico niño del barrio que tenía más plata que los demás y al que sus papis siempre le compraban las cosas más tecnológicas.
    2. Robarle el sueldo a mi papá y gastarlo entero en fichas que pudiera usar en los flipers, para jugar el Cadillacs y Dinosaurios o la última versión del Marvel vs Capcom
    3. o la tercera opción, y la más mítica de todas: Que me compraran un Poly Station

    …porque si, puede ser que sea la versión A Cuenta.. no, la versión Merkat… no, la versión Fonasa de una consola real, pero el Poly Station era lo más cerca que una persona clase media podía estar de los juegos de video, y en mi caso, el Poly me trajo las mismas alegrías que podía haberme traído la consola más shuer de todas <3.

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    Siempre los Poly Station llegaban sobre todo en navidad, época en que tu papá te quería ver feliz comprándote algo con lo que te entretuvieras, pero sin gastar un ojo de la cara de su bolsillo y quedar como Santiago Pavlovic. Así que la opción perfecta era ir al Persa Bío-Bío o a la juguetería pobre del centro, donde siempre para navidad estaban unos carteles escritos con letras grandes de las mejores promociones que tenía el negocio: “EL POLYSTATION A 20 MIL PESOS”, “XBOX 69 A $19990″, “SUPER MINTIENDO CON 2 JOYSTICKS A 15 LUCAS”.. y bueno, los precios eran convenientes y la promoción se hacía suculenta. Pero por sobre todo, lo que más impactaba era la frase que venía generalmente en la caja de estas consolas: “¡INCLUYE 99999999999999 JUEGOS EN UNO!” ¿Que podís hacer con una premisa así? Llegar, y ver que por 15 lucas te puedes llevar “99999999999 juegos en uno” a un niño lo hace babear hasta dejar el piso lleno de agua, ¡porque con tantos juegos me voy a pasar toda mi vida jugando! Pero bueno, llegabas a tu casa contento, abrías la caja, y comenzaban las desilusiones.

    Sacabas todas las cosas, enchufabas el Poly a la tele, y veías que los 9999999999 juegos en uno…. ¡Eran en realidad como 3 nomas! ¿Alo, sernac? ¡Me están estafando :(! Y de verdad era frustrante, porque uno encendía el Poly y pensaba que pasaría décadas y milenios jugando todos esos juegos, pero en verdad siempre eran como 3 nomas: Super Mario, Duck Hunt y el Road Fighter (o más conocido como el juego de los autitos que iban hacia arriba). Lo peor si era cuando te dabas cuenta de la farsa, y empezabas a ver el mismo juego pero con otros nombres: “Super Mario 2″ , “Super Mario 40″, “Super Mario moon”, “Super Mario Kreutzberger”, “Super Mario Velasco”, “Super Mario y los 33 mineros”, “Super Mario de amor ciego”, etc. Todos exactamente los mismos juegos, sólo que en algunos podías hacer cosas diferentes que el otro, pero que en realidad tenían la misma misión de todos.

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    Ya, la desilusión fue total, y volviste a la realidad de tu pobreza. Pero, a poco andar, pudiendo observar los juegos y dándole una oportunidad, el Poly Station de a poco se comenzaba a hacer más divertido, y como que uno comenzaba a agarrarle el gustito, e incluso a veces comenzabas a jugar con tu familia. Cuántas veces tratando de pasar los 8 niveles del Super Mario, tratando de pasarlos mundo por mundo o tomando esos típicos atajos que te hacían saltar como 5 mundos de una. Cuántas veces jugando al “Duck Hunt” tratando de matar con una pistola a unos patos que volaban por la pantalla, mientras un perro maldito se burlaba de ti si fallabas, además de a veces como buen chileno, haciendo trampa y poniéndote al frente de la pantalla para dispararle lo más cerca posible a los patos y ser un pistolero aún mejor que el cizarro.

    ¿Y saben? el Poly Station no era tan malo, porque incluso habían lugares que vendían unos cassettes amarillos que incluían nuevos juegos con los cuales poder entretenerte. Tardes enteras jugando las olimpiadas, creyéndote malabarista con el “Circus Charlie”, viendo a las porristas de rosado que se ponían a bailar en el entretiempo del “Fifa”… es decir, el Poly Station había cumplido su cometido: Entretener.

    poly

    Quizás no era una consola para enorgullecerse de ella, quizás era la consola más vergonzosa para invitar a jugar a tus amigos, y quizás la calidad de su producto era tan malo que te duraba menos que zapatos de calzados beba sin romperse el Joystick o quemarse el transformado, pero la premisa de divertir se había cumplido de super buena forma en un niño como yo que no tenía plata pal Super Nintendo. Y aunque quizás en estos tiempos ya la tecnología ha dejado de lado cualquier rastros del Poly Station, y estos se están vendiendo a precio de huevo en las ferias, jamás podré olvidarme de todos esos juegos clásicos que jugué y me di vuelta con mi viejo Poly. No, no eran 99999999 juegos en uno, pero me dieron 99999999 horas de pura diversión.

    Fuente: Asitalcual.com

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