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¿Debió quedarse?

¿Para qué sirve Jorge Pizarro en una catástrofe? Para nada

En estos momentos, el senador de la Democracia Cristiana Jorge Pizarro está pasándolo chancho con sus hijos mirando partidos del Mundial de Rugby en Londres. Pizarro solicitó el permiso de ausentarse del país que corresponde al estilo de estos viajes y éste fue autorizado por el Senado. Todo en regla. Y se fue el día 18 a disfrutar de su deporte favorito, mismo que practicó a nivel oficial en su juventud.

Entre medio, hubo un terremoto de 8,4 grados en magnitud de momento en la Región de Coquimbo, la cual representa Pizarro con su escaño. Si bien el permiso le fue concedido antes del sismo, el vuelo lo tomó después de éste, pudiendo suspenderlo. No lo hizo. Esto crea dos preguntas que deben ser claramente separadas.

Hasta la ayuda informal debe ser canalizada a través de instituciones con mayor grado de organización, desde la Cruz Roja hasta (gústenos o no) las iglesias de diferente confesión.

¿Debió abusar de la semana distrital para tomarse vacaciones? No. Esa objeción es general y no particular en la persona de Pizarro. En consecuencia, es necesario revisar el uso impropio que se les da a las semanas distritales de las autoridades del Congreso Nacional. Acá no se trata del destino: podía ser Iquique, Buenos Aires o Londres. Daba igual. ¿Es justo que salga de vacaciones? No. ¿Es justo darle un uso alternativo a la semana distrital? No. Y eso también corre para los diputados turistas en la búsqueda de un escaño senatorial en otra región.

La semana distrital tiene por propósito escuchar las necesidades de la comunidad a la cual se representa. Cierto. Pero esas necesidades deben estar orientadas hacia un fin legislativo; o uno fiscalizador, en el caso particular de los diputados. Se debe escuchar a la comunidad para proponer soluciones a problemas cívicos de una forma institucional: patrocinar proyectos de ley, hacer llamados para crear instituciones del Estado que resuelvan problemas nuevos, denunciar fallas en las instituciones del Estado ya existentes. Cosas de ese estilo. ¿Caben en ella ayudas informales? No, pues no son las que corresponden a su trabajo.

Resuelta esta pregunta, vamos a la siguiente y la que realmente hace la controversia mediática.

ayuda terremoto

¿Debió estar en Coquimbo para facilitar su ayuda como autoridad? No. La ayuda institucional se canaliza desde el gobierno nacional hacia las regiones, provincias y comunas correspondientes, con sus respectivas reparticiones y representantes encargados de éstas. Ahí tenemos a intendentes, gobernadores, alcaldes y todas las divisiones que cada uno tiene a su cargo y desde las cuales les toca proporcionar ayuda. Es una cuestión del corte ejecutivo. Pizarro es senador, un legislador, no una autoridad ejecutiva de ninguna escala.

«Es que Pizarro debería estar ayudando a la gente». ¿Está seguro de que ese argumento le parece razonable? Es peligroso. ¿Por qué Pizarro no puede ofrecer ayuda de persona a persona? Por dos razones, una técnica y otra cívica. La razón técnica: una ayuda informal no observa prioridades de las familias y considera el triunfo de su misión de caridad a través de cuanto el dador está ofreciendo, pero a través de la pertinencia de lo que las personas están recibiendo. ¿Tienen todas las familias las mismas necesidades? No.

¿No hemos aprendido nada de las fuentes que originan la corrupción en Chile? ¿Acaso pensamos absolver como ciudadanos a un político acusado de corrupto, como Pizarro, con otro acto potencial de corrupción?

Pensemos en un tipo de dádiva hipotética estándar que un político puede ofrecer a la comunidad, tal es el caso de una caja de mercadería. ¿Sirve la misma caja de mercadería para familias con diferente cantidad de integrantes? No. ¿Sirve que una familia reciba más de una caja por alguna razón de avivamiento circunstancial, sea porque llegó antes a una junta de vecinos, sea porque conoce a alguien que le pasó una caja «por debajo»? No. No es una ayuda funcional.

Hasta la ayuda informal debe ser canalizada a través de instituciones con mayor grado de organización, desde la Cruz Roja hasta (gústenos o no) las iglesias de diferente confesión. Y ahí se diluye la marca del político que quiera hacer fama de su apoyo humanitario.

Ahora, vamos a la razón cívica. La ayuda informal de un político no sirve porque la ayuda se ve mal. Aunque la gente en el momento se sienta apoyada, cívicamente está mal. Se está creando una conexión emocional que está alejada de la estricta función de la autoridad en cuestión, es decir, una función legislativa y de potenciamiento de la comunidad a través de una buena legislación.

ayuda terremoto coquimbo

Particularmente en el caso legislativo, las lealtades deben proporcionarse a partir de las ideologías, no bajo criterios de quién es el mejor vecino. Un legislador trabaja para que las ideas de la mayoría de las personas estén plasmadas en el Congreso, pues son sus representantes. Incorporar criterios de clientela como algo razonable en un político distorsiona la verdadera responsabilidad del Poder Legislativo en un país.

Por otro lado, la política no tiene por qué ser empática. Puede serla como valor agregado en la prestación del servicio, pero no como su función estricta. La política es, esencialmente, una cuestión burocrática y funcional. Y en ese discurrir de procedimientos, leyes e instituciones, la empatía puede estorbar. ¿No me cree? Pondré un ejemplo pintoresco. Por culpa de una «sensación», una abrumadora mayoría de diputados aprobó el control preventivo de identidad, en el marco de una agenda corta contra la delincuencia. Se restituye una política que limita libertades civiles de personas inocentes por ser potencialmente sospechosas de un delito. ¿Para qué? Para que la gente se sienta más segura. De nuevo: «sentirse» segura, no «estar» segura.

«Es que Pizarro debería estar ayudando a la gente». ¿Está seguro de que ese argumento le parece razonable? Es peligroso. ¿Por qué Pizarro no puede ofrecer ayuda de persona a persona? Por dos razones, una técnica y otra cívica.

La conexión emocional no es funcional. Si Pizarro fuera a hacer lo que le piden que haga, es decir, buscar ganarse el favor del electorado, la ayuda que ofrezca puede lindar con el cohecho (cajas de mercadería) o con el tráfico de influencias (hacer que otros hagan algo que no harían si no fuera por su petición). Y ambas cosas están reñidas con la probidad. Que sea ayuda en tiempos de catástrofe no le quita improbidad a ese tipo de actos.

Llevamos un año corrido de escándalos políticos ocupando los encabezados de los medios de comunicación. Incluso, el financiamiento de campaña del propio Jorge Pizarro ha sido cuestionado. ¿No hemos aprendido nada de las fuentes que originan la corrupción en Chile? ¿Acaso pensamos absolver como ciudadanos a un político acusado de corrupto, como Pizarro, con otro acto potencial de corrupción? ¿Tan mal estamos?

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