• Videos
  • En Vivo

MQLTV.COM

En vivo

La Mujer Rota

Paula Ilabaca y María Paz Rodríguez: Leer a los amigos/conocidos/novios/cercanos

Hay una cierta tendencia en las redes literarias chilenas, latinoamericanas, españolas, mexicanas, europeas, orientales y en realidad en todo tipo de sujetos que se creen parte de un grupo que se define a sí mismo por la misma pertenencia espacio temporal -o incluso por haber trabajado en una librería o haber asistido a una fiesta privada de escritores donde se toca guitarra hasta tarde o se baila curado al son de una música ochentera-, que recibe el nombre de name dropping (en Wikipedia, “is the practice of mentioning important people or institutions within a conversation, story, song, online identity or other communication), y que es la tendencia a nombrar a los amigos o los que se creen que son los amigos, por el sólo hecho de mantenerse en esa dependencia institucional de ese supuesto grupo mental literario y de seguir bailando la música ochentera de por vida en esos carretes de guitarra y al que se cree que se entró en algún momento y que tanto odió Enrique Vila-Matas y que supo evitar de manera bestial cuando los periodistas le pidieron que nombrara a sus escritores españoles jóvenes y vivos favoritos. Con toda la elegancia del mundo, Vila-Matas respondió: “sorry, pero no voy a entrar en tu juego” (o algo así).

Ahora bien, ¿cómo funciona este asunto? En dos simples frases: yo te nombro a ti y tú me nombras a mí. Dale. Armamos así el campo. ¡Bravo!

la regla de los nueve mala madre

Así y todo, estoy leyendo a dos grandes amigas, lo que no significa que sean las mejores escritoras chilenas contemporáneas chilenas, porque los mejores escritores no existen, menos los mejores escritores latinoamericanos o chilenos vivos, como veo a diario a mis contemporáneos nombrar a los locos que están leyendo con la incapacidad de develar estéticas de trabajo y la arrogancia y comodidad de repetir para cada libro que leen o en la selfie que se sacan en la librería: este es el mejor cuentista argentino, el mejor cuentista español vivo, el mejor cuentista chileno de los últimos años. Sí, loco, chúpame esta.

Leo La regla de los nueve (Emecé, 2015) de Paula Ilabaca Núñez y Mala Madre (Alfaguara, 2015) de María Paz Rodríguez. La escritura de Paula Ilabaca me parece que logra de forma compleja aquello que muchos queremos lograr en cuanto a voces, una novelita bolañesca donde poetas y policías persiguen la verdad de un cuerpo y en que el entramado de voces se confunde de forma hermosa y dantesca. Además nos engaña como si fuese una escritora de policiales y no es más que una tremenda poeta escribiendo una novela, para frustración de los periodistas de cultura que la quieren elevar a una categoría de ex-rati, lo que me parece un insulto capitalista con el fin de vender más diarios por cabeza cuadrada. Pienso más bien la novela de Paula Ilabaca como una construcción de voces donde los planos y las historias se alternan para llevarnos a las distintas versiones de un asunto como lo es la muerte, para rematar con un final o el uso de otra voz, una tercera o cuarta voz, esta vez omnisciente que acaba de aparecer en el texto, y que pareciera que nos viene a narrar un final determinado y obvio, pero no, sino que es otra historia alternativa y la voz y cuerpo que cumple a cabalidad la ideología del texto: no soy una ex-rati, pendejo, no vengo a decirte la verdad de los quemados. Loco, soy una escritora que alterna planos hasta un posible y otro plano infinito para generar tu confusión.

Estoy leyendo a dos grandes amigas, lo que no significa que sean las mejores escritoras chilenas contemporáneas chilenas, porque los mejores escritores no existen.

La lectura de La regla de los nueve la intercalé con la lectura de Mala Madre de María Paz Rodríguez. Diría sobre ella algo así como que es parte del grupo de lo que llamo los escritores de la novela europea latinoamericana, donde se problematizan conflictos del primer mundo desde una mirada latinoamericana, como el que artistas o escritores vivan en grandes capitales como Iowa o Nueva York y hayan mujeres huérfanas o solas que buscan refugio en otras mujeres que las sostengan para crear una especie de comunidad y guía. Obviamente me sorprende el cambio de registro desde la primera novela de María Paz Rodríguez –El Gran Hotel (Cuarto Propio, 2011)- hasta esta. Pasó de una voz quebrada -una voz, digámoslo, alterada por una especie de dolor poscolonial, una novelita fragmentada del dolor de discursos históricos que marcan y fragmentan la prosa y las construcciones totales- a ser otra novela. La que publica este año da el giro hacia un texto que marca ese dolor y lo instala con una prosa limpia y unificada, ejercicio claro y europeizado que avalo dentro de un sistema donde las escritoras aún estamos determinadas o somos productos afectados de sistemas opresivos, y que tenemos que levantar la voz más fuerte, e incluso travistiéndonos de esas masculinidades que aborrecemos. Este ejercicio de María Paz lo celebro como síntoma y su defensa lograda.

En fin, pero no iba a eso. Hablando del name dropping y de esas circunstancias, pensaba qué significa leer a los amigos, a los novios, a los vecinos o a los que nos tienden una mano cuando estamos en pabellones oscuros o en su opuesto, acompañándonos cuando todo nos favorece. El que nos llegue un libro de un amigo nos enfrenta al silencio de esa posibilidad de decir o no decir, de hablar en cuanto al libro que se acaba de publicar o incluso de mencionarlo en Twitter, independiente de si se ha leído o se ha dejado olvidado en las estanterías.

Se lee a los amigos con miedo. Se lee a los amigos con la fuerza de querer dejar o no de ser sus amigos. Se lee a los amigos como prueba de que esos rincones vacíos entre nuestras conversaciones serán completados.

En mi caso, primero acepto ese silencio para dejar que el libro se manifieste como objeto y parte de una época y año inevitable, luego lo leo, leerlo es también enfrentarse a esos años de amistad, donde las confianzas y las ideas que se transmiten de un lado y otro es también enfrentarse a los rincones oscuros de nuestras amistades, observar de frente esas imágenes que no están dichas en nuestras reuniones y encuentros que ocurren semana a semana, a veces con algo de alcohol o bailes en lugares como el ático o casas de amigos comunes, voces que confundimos con los personajes, pero que son más que personajes (¡menos mal!) y que marcan claras ideologías detrás, sosteniendo la vida de esos textos.

Se lee a los amigos con miedo. Se lee a los amigos con la fuerza de querer dejar o no de ser sus amigos. Se lee a los amigos como prueba de que esos rincones vacíos entre nuestras conversaciones serán completados. Se lee a los amigos con amor. Se lee a los amigos con miedo. Se lee a los amigos con respeto. Se lee a los amigos para decir por qué los has leído.

A Enrique Vila-Matas los periodistas le pidieron que nombrara a sus escritores españoles jóvenes y vivos favoritos. Con toda la elegancia del mundo, Vila-Matas respondió: “sorry, pero no voy a entrar en tu juego” (o algo así).

Una vez conversé con Patricio Pron o con Alberto Olmos (o tal vez con ninguno), pero recuerdo una caminata de noche en Madrid o en Santiago de Chile (o incluso tal vez caminaba sola) donde me decían que nunca hablara de los libros de mis amigos. Creo que sostuve algunos años esa actitud, pero a ratos la quiebro. A veces se me hace inevitable quebrar ese silencio, sobre todo cuando necesito llenar los rincones vacíos de texto y de sentido, y que obviamente no se llena con el name dropping que circula en determinados campos literarios.

*Claudia Apablaza nació en octubre de 1978 en San Francisco de Mostazal, Chile. Estudió Psicología y Literatura en Chile y Barcelona. Ha recibido el premio de la Revista Paula (2005) con su cuento Mi nombre en el Google y el premio Alba de narrativa para escritores de Latinoamérica y El Caribe, menores de 40 años, con su novela GOO y el amor, Cuba. El año 2012 fue becaria del The Liguria Study Center, en Italia y el 2014 en BANFF CENTRE, Canadá. Ha publicado los libros GOO y el amor (2013), Siempre te creíste la Virginia Woolf (2011), EME/A (2010),  Diario de las especies (2008), Autoformato (2006). Actualmente es la directora del área de Literatura de Estudio Panal y editora de Los libros de la Mujer Rota.

Sigue Leyendo Aquí Deja tu Comentario
VIDEO DESTACADO

Ahora en MQLTV

Comentarios