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Paulsen renuncia al periodismo: Adiós a una manera de comunicar

Tras el despido de Jaime de Aguirre de Chilevisión se conoció la noticia de que el periodista y panelista de Tolerancia Cero, Fernando Paulsen, presentó su renuncia a la estación televisiva. Sus motivos son más bien solidarios con De Aguirre por la manera en que fue desvinculado del canal, pero también marcan una decisión que -según se dice- hace mucho tenía pensado: renunciar al periodismo. Esto debido a que hace un buen tiempo se dedica a la asesoría comunicacional (incluso instaló una consultora junto al abogado Juan Pablo Hermosilla).

Es extraño que Paulsen salga del periodismo activo, sobre todo en días como estos, donde el ejercicio periodístico se ha ido transformando más bien en un templo sacro en donde todos lo que lo habitan son más bien profetas, más parecidos al Pastor Soto que a un profesional de las comunicaciones. Porque seamos sinceros: los periodistas cada vez parecen formar parte más de un tribunal moralista que de medios de comunicación que tienen como objeto poner al receptor al tanto del contexto de la noticia para que así éste la entienda. Hoy -salvo algunas honrosas excepciones- ya no hay contexto, sólo juicio y la búsqueda del culpable. Porque todos lo somos hasta que se pruebe lo contrario.

En una realidad en la que todos juegan a ser puros y castos y a erigirse como baluartes morales, periodistas de la talla de Paulsen intentaban aterrizar las álgidas voces y recordarnos que la historia no comenzó hoy

Lo que hacía el ahora ex panelista de Tolerancia Cero era diferente. Sus editoriales en programas de radio, su entrega de información concreta y la rectificación cuando se equivocaba -como sucedió cuando enfrentó a Pablo Longueira con datos que resultaron no ser reales, poniendo en cuestión su voto en el plebiscito de 1988- son actitudes que hoy no se ven en la carrera. Al contrario, nunca se ha visto a personajes como Tomás Mosciatti o Pamela Jiles -los reyes de esta sociedad indignada- reconocer informaciones que han resultado no ser ciertas. Pareciera que eso a ellos no les incumbe, ya que lo único importante es disparar, atacar y convertirse en la voz de una ciudadanía sedienta de datos.

fernando paulsen

Paulsen evitaba hacerlo. Trataba de hacer análisis complejos que dieran a entender situaciones históricas y las conductas que las motivaban. A algunos les parecía demasiado enredado y por eso cambiaban la radio a donde otro periodista les dijera lo que querían escuchar: que todos eran ladrones, que nos estaban cagando. Que tienen que irse todos. Es más fácil, es cierto, pero también contradice la función del periodismo en democracia, la que consiste en informar de manera inteligente y no poner ideas poco reflexivas en las cabezas de los ciudadanos.

Nunca se ha visto a personajes como Tomás Mosciatti o Pamela Jiles -los reyes de esta sociedad indignada- reconocer informaciones que han resultado no ser ciertas.

En una realidad en la que todos juegan a ser puros y castos y a erigirse como baluartes morales, periodistas de la talla de Paulsen intentaban aterrizar las álgidas voces y recordarnos que la historia no comenzó hoy. Y resulta muy importante saber que hay un pasado basado en ciertos ctuares y apretones de mano que nos ayudan a entender cómo se formó todo, porque así podremos saberlo que motivó un sistema, un relato: una percepción.

Esperemos que surjan maneras más reflexivas de ejercer esta carrera tan necesaria en estos días. Y, sobre todo, que los nuevos profesionales no caigan ante lo irresistible que parece algunas veces hablar como un superhéroe moderno. Porque lo cierto es que no necesitamos ni un Batman, ni un Superman. Sólo personas que nos informen con inteligencia. Nada más.

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