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Radiografía a cortarse el pelo en Chile

Escrito por MQLTV

    *Por Gabriel Gutiérrez / Así Tal Cual

    Hace un par de semanas me levanté, me miré al espejo y me dije a mi mismo: “¿Quien es ese indigente-naufrago que tomó mi cuerpo?”, así que me decidí: iré a cortarme el pelo. Sí, algo tan común que el hombre hace al momento en que se da cuenta que su cabellera es lo más parecido a un guarén cola larga y que la mujer hace cuando le entran las ganas de gastar plata porque sí. Eso sí, si lo piensan bien, cortarse el pelo no es algo tan común, es más, tiene cosas muy peculiares de las que me he dado cuenta durante años y que se las diré a continuación.

    Para empezar, ¿se acuerdan de los caracoles? No, no esos animales que corren más rápido que Pepe Rojas, sino de esos edificios que son los centros comerciales del pasado, el mall de la prehistoria. Bueno, los caracoles con el paso del tiempo han dejado de ser los negocios de ropa y accesorios para transformarse en el templo de las peluquería, la meca de las tijeras, el lugar sagrado del olor a Koleston y monumento de peregrinación de miles de flaites buscando la sopaipilla perfecta. Aunque bueno, generalmente en los caracoles están las peluquerías pal pueblo, pa nosotros, pa los quintil 2, porque los cuicos con plata se cortan en “salones de belleza” ubicados en puntos estratégicos de la cuiqueria chilena. En todo caso, pagar 10 mil pesos por cada pelo cortado, 30 mil pesos por cada mililitro de tintura para el pelo y 40 mil pesos por cada mechón con shampoo no me parece una muy buena idea.

    “Córteme solamente las puntas”: una frase que toda mujer le ha dicho en su vida al peluquero, pero que estos lo entienden de otra forma, y en vez de cortar solo las puntas, te dejan la cabeza como Carla Jara después de entrar a pelotón.

    Pero en fin, el ya entrar a la peluquería te expone a dos opciones que pueden hacer transformarte en un winner o el más bullyneado de Chile: la peluquera/o. ¿Y por qué digo esto? Porque, en este caso, existen dos tipos de peluqueros que puedes encontrarte: los profesionales o… los temidos… PRACTICANTES (el solo escribir la palabra me produce un miedo más grande que una selfie de Kalule Meléndez). Y se los digo, es típico tener un familiar, amigo o conocido de un conocido que está aprendiendo a cortar el pelo y, a modo de práctica, te ofrece cortarte la melena de forma gratis. ¡Sí, gratis! Una oferta demasiado tentadora, pero que empieza a tener sus consecuencias al momento en que esa persona, insegura de lo que hace, agarra la tijera y ya comienza a temblar más que Dichato. Y en serio, ¡la inseguridad y miedo a hacerlo mal se los carcome!: “Emmm… ¿qué corte de pelo quieres?”, “¿voy bien así?”, “el pelo número 4569, ¿te lo dejo corto o largo?”, “¿qué es una tijera?” y otras preguntas dignas de un practicante. Y bueno, dentro del resultado tienes dos opciones: o quedar con un corte de pelo perfecto gracias a un milagro de la Santísima Virgen de los Andes o quedar con un peinado digno de Chewbacca.

     chascoberto

    Y está la otra opción: la de encontrarte con todo/a un profesional del “peluquerismo”, esas personas que se manejan con las tijeras y que se creen tanto el cuento que muchas veces hasta ponen en su negocio su “diploma” de peluquería ¡Enmarcado y todo po! ¡Qué te creí! ¿Han cachao sí que uno cuando va al centro, ve muchos carteles diciendo “CURSOS DE PELUQUERÍA” “MATRICÚLESE Y APRENDA A CORTAR EL PELO CON NOSOTROS”? Bueno, los diplomas que uno ve los entregan esos lugares, los que vendrían a ser como las “universidades” de los peluqueros. Es más, tienen las mismas cosas que una universidad normal: cobran matrículas y mensualidades, las que se pagan con mechones de pelo; te entregan una “Tarjeta Junaeb” que puedes usar para comprar Koleston y tijeras en todos los Pre-Unic de Chile; hacen “tesis”, las que consisten en lograr arreglarle el pelo a Paty Maldonado, entre otras cosas.

    Eso sí, sea cual sea el peluquero que te toque, la cantidad de plata que sea que pagues, el lugar donde sea que te cortes el pelo, siempre hay tres frases que ningún peluquero es capaz de entender en su vida y que traen consecuencias fatales para nuestras cabezas:

     bombon

    1. “Córteme solamente las puntas”: una frase que toda mujer le ha dicho en su vida al peluquero, pero que estos lo entienden de otra forma, y en vez de cortar solo las puntas, te dejan la cabeza como Carla Jara después de entrar a pelotón.
    2. “Hágame un corte escolar”: frase que todo niño chileno escuchó en su vida, pero que en realidad nunca entendí qué significaba. Solo se que cada vez mi mamá le pedía al peluquero que me hiciera eso, terminaba listo para entrar al servicio militar.
    3. “Las patillas no tan cortas”: Cinco palabras que nunca un peluquero que me haya cortado el pelo las ha entendido, porque cada vez que salgo de la peluquería, tengo que pintarme las patillas con plumón permanente.

    En los caracoles están las peluquerías pal pueblo, pa nosotros, pa los quintil 2, porque los cuicos con plata se cortan en “salones de belleza” ubicados en puntos estratégicos de la cuiqueria chilena.

    Y bueno, lo que ahora tengo que decir es algo que no tiene que ver con que yo tenga prejuicios por algo, ni que yo sea un neonazi moderno, pero si hablamos de peluqueros, siempre sale a colación el peluquero homosexual. Esa caricaturización -que ha hecho desde el Jappening con Já hasta Morandé con Compañía- de que cuando el peluquero es hombre siempre tiene que ser más amanerado que Gonzalo Cáceres. Algo que ha quedado lamentablemente en la retina e inconsciente de nosotros… ¡pero!… tengo que decir algo sobre esto. Algo que puede causar polémica, pero los que lo han pasado me entenderán: el peluquero amanerado… ¡ES EL MEJOR DE TODOS! Puede ser que la mujer sea buena para cortar el pelo y hasta una diestra en la tijera, pero encontrar a un peluquero varón gay, es una experiencia casi religiosa. Uno llega y te recibe con amor, te sienta en la silla, te corta el pelo con delicadez, te pregunta por todo, te tira perfume, te hace masajes, te peina con perfección…. ¡Qué Spa cuico! ¡Qué Termas de Chillán! ¡Qué sauna empresarial! Nadie te trata mejor que en una peluquería atendida por varones.

    Pero en fin, cada vez que te cortas el pelo solo tienes dos opciones: quedar bien o quedar mal, así de simple. O la tercera opción, ser calvo y utilizar peluca. ¡Eso nunca ha fallado! Si no, que Nelson Acosta, Justin Bieber, Leonardo Farkas y otros hombres con peluca digan lo contrario.

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