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El Chile invisible

Santiago a las 5 am, una ciudad que no se ve

Escrito por MQLTV

    *Por Monserrat Lorca (@MonseLorca) / Fotos por Felipe Pinto y M. Lorca

    La ciudad oscura recuerda a quienes transitaron por sus calles durante el día, por donde pasaron jóvenes, ancianos, perros, ratones, micros y taxis. Veredas que fueron testigos del asalto por sorpresa, a mano armada o el robo hormiga del cabro víctima del sistema al estudiante, trabajadora o ciudadano explotado, que por gracia sobrenatural no ha caído en el hoyo de la pobreza, porque gracias a su esfuerzo de levantarse de madrugada y trabajarle al patrón, puede “disfrutar” de algunos beneficios que el sistema presta con 10% de interés, los que tiene que combinar entre el crédito que pidió al banco y el sueldo que le alcanza con suerte para pagar el arriendo, la Bip! y la comida.

    De día pasa la gran mayoría de situaciones, transacciones, eventos y cosas cotidianas. En la noche, se piensa, no pasa nada.

    Son las 4 de la mañana en Santiago y todavía es poco el movimiento que se ve. Metro Los Héroes es testigo del paso de una que otra micro naranja del recorrido 400 y de algún caballero que botó la ola con su traguito en mano y uno que otro transeúnte que se dirige a su trabajo, en micro, por supuesto, ya que el Metro todavía no abre sus puertas porque para ellos este medio de transporte no existe.

     crónica santiago

    Pero ya a las 5 de la mañana algo se empieza a mover. A pesar de que sigue oscuro, en la Intermodal La Cisterna se distinguen las luces de neón que comienzan a encandilar con sus letreros.

    Poco se sabe de aquella hora en la que varios duermen, pero en la que otros, trabajadores o estudiantes periféricos empiezan el día. El despertador del celular se siente en las casas pareadas y debido a la escasa y pobre aislación térmica y acústica, el despertador del vecino más madrugador interrumpe el descanso del resto que, por suerte, puede dormir hasta las 5:30 o 6:00. La sinfonía de Noche de Brujas o Garras de Amor forma parte fundamental del levantar de cada trabajador chileno. “Amor prohibido” alivia el duro despertar del obrero que entra a las 7:30 de la mañana a la construcción del edificio ubicado en Manquehue. Su casa, ubicada en alguna población o villa de alguna comuna alejada de la capital, es testigo de la ducha de cinco minutos que se dio aquel o aquella trabajadora, con un frío que cala los huesos (sí, frase maternal). Espera a salir de ese baño que despertó en cierta medida su cuerpo y alma, se apura caminando rápido hacia su pieza y se seca rápido. Ve que se le hace tarde y se viste. No desayunó y le queda más de una hora y media de viaje. Seguramente tomará la micro que lo lleve hasta el Metro más cercano o la micro que lo lleve al centro de Santiago.

    Esa es la realidad que pocos conocen, esa que se esconde tras el imponente PIB per cápita de 21.990 dólares que no se ven reflejados en esa gran cantidad de trabajadores explotados.

    Lo más probable es que el alimentador, ese bus del Transantiago que huele a taller mecánico por su constante uso, se demore en pasar, y como ese humilde trabajador no desayunó piensa en las sopaipas que se servirá con harta mayo casera en el Metro.

    He ahí uno de los hitos claves para este trabajador: la salvadora y revitalizante sopaipilla, que, acompañada de alguna mezcla de dioses, sabrá más rico que tomarse un terremoto pa’l 18.

    La importancia que le otorga el trabajador chileno a esa honorable sopaipilla se funda en la insaciable hambre que siente al momento de salir, cuando siente frío y sueño. Al llegar al Metro más cercano, lugar en que el alimentador termina su recorrido, se baja para llegar al punto de venta de esta masa sobrenatural. En la mayoría de los casos será un carrito de supermercado adaptado con un balón de gas de 5 kgs. Abastible, que amarrado de alambres sirve como fuente de energía para freír las masas amarillas, que con más colorante que zapallo se fríenen un aceite que varía según el punto de venta. Podremos encontrar, por ejemplo, en la vereda sur de Los Héroes un aceite más amarillo, mientras que por Pajaritos el brebaje contendrá unas pintitas negras que llaman al quemado y uso seguido de este líquido.

    crónica stgo

    Ya con el estómago lleno comienza el recorrido final en una micro que se empieza a llenar de trabajadores que, como evidencia su ropa de trabajo, se desempeñan en empresas de aseo. Otros, quién sabe. El gorro de polar forma parte vital del vestuario básico de un trabajador, el que a veces es acompañado por un cuello negro o azul marino y un sueter sin mangas en caso de ser verano.

    En el viaje que hice mientras reporteaba este tema me tocó tomar la 406 en Los Héroes, que iba llena y se repletó en esa parada. Yo quería sentarme porque quería escribir mientras los pasajeros pasaban y se bajaban, y justo vi que en los primeros asientos de esta oruga había uno disponible. Pasé por al lado y sentí un olor extraño; había un perro sentado. Asumo que estuve a punto de echarlo, pero su pelaje y su cuerpo tiritando me ganaron. Decidí avanzar pensando que había hecho algo por ese animal, que quién sabe de dónde venía, pues aparentaba estar mojado y me dio pena.

    crónica transantiago

    Los animales como ese perro son parte esencial en el viaje del chileno periférico, de aquél que realiza gran parte de su trayecto mirando los edificios o los animales que con ternura se le acercan. Los perros que se juntan en el paradero de la 302 en Los Héroes son postal obligatoria de quien se sube a la micro. Cómo no gemir ante tanta dulzura de animales que, con frío, buscan un lugar de apapacho que algún hombre de buena voluntad le prepara con un par de cartones y abriga con chalecos comprados en la ropa americana.

    Paradójicamente, ese mismo hombre es el que se pone un traje de dureza para salir a la calle a enfrentar el mundo “de los ví’os” como un domador de leones. Ese mundo que lo quiere devorar, al jefe que impone su poder a costa de lo que sea y de quien sea

    Al trabajador le toca el chorreo, lo que la ola dejó, esos “beneficios” del sistema, esos productos chinos que se van a echar a perder al mes siguiente, esas frutas o verduras que salen negras porque maduran muy rápido, esa ropa de nylon que hace transpirar como caballo de batalla.

    La desigualdad sigue, los empresarios seguirán llenando sus bolsillos y los trabajadores se seguirán levantando a las 5:30 am para llegar al centro y esperar al bus que lo dejará en la construcción del edificio en el Cantagallo.

    Esa es la realidad que pocos conocen, esa que se esconde tras el imponente PIB per cápita de 21.990 dólares que no se ven reflejados en esa gran cantidad de trabajadores explotados a los que les venden la imagen de que su país, Chile, es un país OCDE.

    La desigualdad sigue, los empresarios seguirán llenando sus bolsillos y los trabajadores se seguirán levantando a las 5:30 am para llegar al centro y esperar al bus que lo dejará en la construcción del edificio en el Cantagallo, que albergará tiendas que seguirán haciendo ricos a sus dueños, mientras que ese trabajador, luego de una jornada extenuante, llegará a su casa a las 20:30 horas de la noche a ver TV, tomar once y esperar un nuevo día de trabajo. Los ricos se seguirán haciendo ricos, mientras que el pueblo seguirá trabajando para ellos.

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