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Relato hegemónico

Segundo tiempo de Bachelet: ¿A qué realidad se refiere señora Presidenta?

Una vez que Michelle Bachelet dio por iniciado el segundo tiempo de su gobierno, muchas preguntas quedaron en el aire sin respuesta alguna. La principal tal vez -o por lo menos la que yo me hago- tiene que ver con la parte del discurso en el que dijo que las reformas tendrán que desacelerar su curso debido a que se enfrentaron con la realidad. Si uno lo lee de manera simple, claramente podrá entender que hay cifras económicas a las que Bachelet no le tomó el peso y que ahora sí lo está haciendo. Sin embargo, si es que uno revisa la historia reciente de Chile y lo que ha sido decretado como lo “real”, uno podría tener algunas dudas al respecto.

Me explico, una vez comenzada la nueva era democrática muchos pactos estuvieron sobre la mesa. Uno de esos era mantener al dictador como un vigía de su democracia en los cuarteles del ejército y otro -que va muy relacionado- era convertir la “revolución” económica de la dictadura como propia. Sin cambiar un solo ápice. Todo esto, cambiando los parámetros de lo que era posible, lo que con el tiempo se fue convirtiendo en la realidad, en un relato que muchos creímos desprovisto de ideología, pero que chorrea valores dogmáticos y en el que los llamados técnicos que defienden este sistema y lo real -si es que lo miramos desde la perspectiva de las ideas- no son más que evangelizadores de lo que ellos encuentran que es bueno para Chile y su destino.

Hablan de violencia de parte de quienes tienen otras ideas, sin reconocer que ellos fueron los que se sirvieron de los bototos milicos para hacer que sus ideas fueran la realidad.

El problema es que no lo dicen. No se reconocen como personas que están defendiendo una corriente de pensamiento que va directamente relacionado con los intereses de un empresariado que se ha beneficiado por años de éste. Al contrario, se intenta sindicar al de al frente como el sobreideologizado versus lo que realmente es posible, que es lo que ellos construyeron como los límites que no podían sobrepasarse. Se intenta decir que quienes están en la otra vereda, son afiebrados que están jugando a un juego revolucionario -tanto así que hay hasta un sector de la izquierda que se lo ha creído- mientras ellos son los que traen la cordura, la responsabilidad real. Ya que son la estabilidad.

No está mal que haya muchas corrientes de pensamiento en una democracia. No todos podemos pensar parecido. Acá el problema es que hay algunos que han impuesto su visión por sobre la de los otros. Pero no lo han hecho de manera pluralista, discutiendo puntos de vista y poniendo ejemplos por sobre los otros. No. Al contrario, lo han hecho sin mediar discusión alguna, sólo erigiéndose como baluartes morales y éticos. Olvidando que este sistema no lo elegimos, sino que fue tatuado a sangre y fuego. Hablando de violencia de parte de quienes tienen otras ideas, sin reconocer que ellos fueron los que se sirvieron de los bototos milicos para hacer que sus ideas fueran la realidad. Lo cierto. Lo que no puede ser discutido por ningún motivo.

Se intenta sindicar al de al frente como el sobreideologizado versus lo que realmente es posible, que es lo que ellos construyeron como los límites que no podían sobrepasarse.

Con esto no quiero decir que el mea culpa del gobierno no haya servido de nada, porque parece necesario medir las formas en las que se intentan hacer cambios tan significativos en un marco democrático. Sino que no queda claro si lo que argumentó Bachelet tiene que ver con respecto a la realidad que se le apareció ante sus ojos por su mala gestión en muchos ámbitos, o no fue más que una manera reconocer que en Chile no se pueden hacer cosas que vayan en contra de un relato que hemos validado por años, aunque hemos querido la misma cantidad de tiempo cambiarlo. Una historia de lo que somos y queremos, que hemos terminado por creérnosla y por hacerla nuestra sin querer queriendo. Es importante que quede claro cuál es la realidad de la que habla la Presidenta, en un país en donde lo verdadero muchas veces no es más que una construcción y un imaginario colectivo instalado, padecido y disfrutado al mismo tiempo.

Resulta relevante que como ciudadanos se nos especifique cuáles son los miedos y las obsesiones que vienen tras el discurso de Bachelet y el comienzo de una segunda parte del gobierno que a algunos no nos parece más que la resaca culpable de una fiesta que creyeron iniciar, pero nunca quisieron llevar a cabo.

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