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‘Star Wars: The Force Awakens’: La patria del hombre

Es extraño lo que sucede con Star Wars. O para ser sincero: es curioso lo que me sucede a mí con la película. De niño -tengo 34 años recién cumplidos- esperaba esa época del año en que TVN transmitía la primera parte de la saga completa. Me emocionaba con escenas que ya había visto con anterioridad, esperaba el beso entre Han Solo y Leia, y me entusiasmaba la idea de que descubrieran tanto ellos como Luke que lo que había entre el último jedi y la princesa no era amor carnal sino de hermanos, y que por eso mismo había un lazo más allá que mientras más incomprensible fuera, más nutritivo para la historia resultaba.

Con el tiempo, cuando ya tenía 18 años, aparecieron las nuevas películas. Supuestamente debían entusiasmarme más porque eran el origen de todo lo que había disfrutado por años. Era la manera en que Anakin se transformaba en Vader, y también la historia de cómo la República desaparecía de manos del lado oscuro para que así todo pasara a ser dominado por el Imperio. Ninguna de esas películas fueron de mi agrado, el argumento de toda la historia comenzó a parecerme infantil, poco inteligente. El hecho de que existiera solamente un lugar oscuro y otro en donde reinaba la luz, me parecía poco creíble para la vida de un ser humano que debía enfrentarse ante muchos más matices y otras alternativas, ya que lo blanco o lo negro caricaturizaban el accionar y la complejidad del actuar hombre.

Parecía que el nuevo director J.J. Abrams, conservó ese amor que muchos tuvimos hacia la historia original. Y parecía, también, que entre medio de toda la parafernalia, se escondían las ganas de contar historias.

De todas maneras vi las tres películas en el cine como ameritaba. Fui en honor al Francisco pequeño, el que se quedaba durante horas frente al televisor esperando ver las escenas que ya había visto. El que no quería ser un jedi ni un guerrero, sino que buscaba encantarse con historias de amor y acción. Un niño que estaba hambriento de ver relatos que tuvieran que ver con lo sentimental como con lo político (cosa que hoy vengo recién a darme cuenta). Porque sería obtuso obviar el carácter político que tienen esas películas.

Con el tiempo- y con mi cinefilia casi enferma en muchas ocasiones- la película siguió pareciéndome un capricho infantil. Ya ni tenía cariño por las ocasiones en que disfrutaba de ella en mi niñez. Scorsese, Coppola, Tarantino, y sobre todo Woody Allen, entre otros directores, comenzaron a llenar mi cabeza y me llevaron a la conclusión de que George Lucas no era más que un mercachifle. Un buen vendedor de un producto. Por lo mismo, quienes se juntaban en torno a este negocio y lo llamaban “comunidad” vistiéndose de los diferentes personajes de la película, me parecían más bien buenos compradores a adoradores de algo meramente material que poco tenía que ver con lo que significa el cine.

Cuando comenzó la música, y cuando las letras y la imagen de esa galaxia en eterna lucha de poderes pasaron frente a mis ojos, debo decir que sentí algo en el estómago.

Hoy, 2015, seguí pensando lo mismo. Me burlé en varias ocasiones de quienes esperaban a las afueras del estreno de esta nueva entrega vestidos del negocio de Lucas, e incluso pensé no ver esta nueva película. Obviamente fui a verla. Solo, a una hora que fuera lo más vacía de público para no encontrarme con el fanático acérrimo. Para no confundirme en la multitud de una moda e ir a ver cine. Cuando entré a la sala 3D me sentí tranquilo, habían 6 a 10 personas más en el lugar, cosa que en los tiempos que corren es lo más cercano que tenemos a la intimidad. Cuando comenzó la música, y cuando las letras y la imagen de esa galaxia en eterna lucha de poderes pasaron frente a mis ojos, debo decir que sentí algo en el estómago. Parecía como si el pequeño Francisco se hubiera sentado a mi lado y me invitara solamente a disfrutar. Y así lo hice. 

La cinta trajo consigo personajes como Han Solo, Leia y Luke, y otros por conocer. Los diálogos y las historias que renacían luego de haber estado dormidas por años, me hicieron creer que había algo que despertaba mi atención. Parecía que sí había cine en las emociones de los personajes. Parecía que el nuevo director J.J. Abrams, conservó ese amor que muchos tuvimos hacia la historia original. Y parecía, también, que entre medio de toda la parafernalia, se escondían las ganas de contar historias. De hacer que personas como yo volviéramos a encantarnos de una obra que si bien no es una joya del séptimo arte, por lo menos nos hace recordar que hay algo de cierto en eso que dicen de que la patria del hombre es su niñez.

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