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Como Aylan Kurdi

Steve Jobs fue un niño sirio

A propósito del #AppleEvent recién pasado y la situación de los refugiados sirios en el mundo (espero que no para siempre), recordé un hecho considerable para el sincretismo cultural de este planeta y el devenir de sus consecuencias.

Me acordé del ex CEO y fundador de Apple, Steven Paul Jobs, quien murió de un cáncer al páncreas en octubre de 2011. Eso ya lo sabemos. También conocemos su pasado (aunque la literatura y el cine hasta ahora producido no han ahondado como corresponde en aquello, siendo ese acto decidor de su comportamiento y temple de por vida): un niño adoptado por un muy esforzado matrimonio norteamericano de clase media, conformado por una dueña de casa, Clara, y un mecánico que trabajaba como contador, Paul Jobs.

Jobs, genética y ni tan indirectamente, fue un niño sirio. Y un genio también. Un aporte, un disidente del paradigma educacional.

Sobre lo que no todos están al tanto, es acerca de su verdadero origen. Sus padres biológicos fueron el sirio Abdufattah Jandali y la estadounidense de ascendencia alemana Joanne Schieble. Se conocieron mientras estudiaban en la Universidad de Wisconsin; él cursaba un doctorado en política internacional, era ayudante de una cátedra de Ciencia Política, mientras que ella era una alumna más proveniente de una familia conservadora liderada por un padre muy estricto. Ambos tenían 23 años.

Pasó todo lo que tenía que pasar, y la cosa iba en serio. Tanto así que Joanne viajó en 1954 a Siria para conocer a los familiares de su pareja y compartir con ellos. Abduffatah tenía ocho hermanos más y pertenecía a una familia muy reconocida en Siria. Su padre era dueño de tierras en Homs y Damasco, junto con una serie de empresas de diversos rubros y otras refinerías de petróleo. Comprenderán que plata no era precisamente lo que les faltaba. Todos los integrantes del clan viajaban al extranjero para educarse, preferentemente en Estambul y París (La Sorbona). Abduffatah ya había estudiado en la Universidad Americana de Beirut y, como nunca es suficiente, ahora seguía especializándose en Wisconsin.

¿Qué será de todos ellos hoy en día?

 steve jobs parents

En fin. Estando en Medio Oriente, Joanne aprendió un poco más acerca de la cultura local, especialmente sobre gastronomía árabe. Cuando ambos regresaron a Estados Unidos (Jandali debía seguir con su intercambio y ella con sus estudios), se dieron cuenta de que serían padres. La madre de Jobs se había embarazado en Homs, y sin estar casada, de un musulmán. En una palabra: escándalo.

El padre de Joanne amenazó con hacerles la vida imposible si se casaba con un árabe (el aborto no era una opción en esa época). En conjunto, ambos jóvenes decidieron dar al bebé en adopción. La chica viajó a San Francisco y se hospedó durante su embarazo en una residencia que acogía a madres solteras. Allí la cuidaron y, posteriormente, se hicieron cargo de los trámites que ya dominamos.

Steve Jobs pudo haber sido Aylan Kurdi, aunque estamos al tanto de que no lo fue. Lo más doloroso: Aylan Kurdi podría haber sido el Steve Jobs del futuro.

La única condición que los padres consideraron irrenunciable era que su futuro hijo fuese adoptado por licenciados universitarios. Habían escogido la pareja idónea, pero los profesionales al enterarse de que había sido un niño, desistieron del todo, porque ellos esperaban una niña. No habiendo más candidatos disponibles, Steve fue entregado a un hombre que apenas había terminado la secundaria y una buena mujer a la que tenía por esposa.

Joanne, al saber estos datos, se rehusó a firmar la totalidad de la adopción. No eran letrados. Además, su padre estaba muy enfermo, en cualquier momento moriría y, junto con él, se irían a la tumba los prejuicios y la estrechez mental. Ya no contaría con una piedra de tope para ser feliz junto a su pareja e hijo. Anhelaba secretamente la posibilidad de ser protagonista de su vida. Pero los tiempos no dependen de una, así que tuvo que entregar a Steve. Un par de meses después murió Arthur Schieble, su abuelo biológico materno. Algunas semanas los separaron de estar todos juntos.

 steve jobs joven

Joanne y Abduffatah se casaron en diciembre de 1955, en Green Bay, Wisconsin. Steve Jobs ya vivía con sus padres adoptivos. A través del tiempo lucharon por su relación, tuvieron una hija: la escritora y novelista Mona Simpson (dato freak: ella dirigió la tesis de pregrado que escribió James Franco para titularse en la carrera de Literatura Creativa en la UCLA). En 1962 se separaron. Joanne junto a su hija mantuvieron una vida nómade, mientras que Abduffatah se desarrolló en la gerencia de alimentación y bebidas del casino de Boomtown, Reno, Nevada. Pasaron veinte años para que Mona y su hermano se conocieran y se quisieran. Hasta la muerte de Steve, ambos mantuvieron una excelente relación.

¿A qué voy con todo esto? Jobs, genética y ni tan indirectamente, fue un niño sirio. Y un genio también. Un aporte, un disidente del paradigma educacional, un tipo consciente que prefirió dar un paso al costado de su pregrado para no endeudar a Paul y Clara. Mal que mal, con inteligencia se podía llegar al mismo punto… en un país desarrollado, claramente.

Niños inocentes deben pagar el precio de nacer en la desigualdad. Niños que, finalmente, nacieron en Siria, en Libia o Palestina, y no en San Francisco,California.

Si Steve hubiese sido legalmente un Jandali, posiblemente no hubiese creado nunca Apple, Wozniak hubiese tenido otro amigo, Lisa otro padre, Laurene otro marido, y Bill Gates menos competencia. Muy posiblemente, tampoco hubiese terminado como Aylan Kurdi. No pasó nada de eso. ¿Por qué?

Dios es guionista, uno muy cruel la mayoría de las veces, pero tenía preparado para Jobs otro destino, en un tiempo histórico y ubicación geográfica benévola. Estados Unidos se ha beneficiado históricamente de este tipo de uniones, cuestión que se manifiesta en el vivo y descontrolado sincretismo cultural que posee. Ésa es una de las maravillas de este país: gracias a su gente, se puede estar en USA sin estarlo.

 niño sirio

Steve Jobs pudo haber sido Aylan Kurdi, pero sabemos que no lo fue. Lo más doloroso: Aylan Kurdi podría haber sido el Steve Jobs del futuro, al igual que todos los niños que mueren a diario en zonas de conflicto bélico, en fronteras geográficas y culturales, en atentados o producto de la hambruna y la deshidratación. En Chile, en Estados Unidos, en Siria, en Medio Oriente, en el sudeste asiático, en África, en todas partes. Niños abusados y posteriormente asesinados, con nulas redes de protección, trabajando aunque no les correspondiera hacerlo, siendo privados de su inocencia, felicidad y niñez, muchos obligados a prostituirse, sin derecho a educarse, a surgir, a comer, a dormir. No hay que viajar tan lejos para encontrar esas realidades. Tú y yo las conocemos.

Sus padres biológicos fueron el sirio Abdufattah Jandali y la estadounidense de ascendencia alemana Joanne Schieble.

Niños inocentes pagan el precio inexplicable de no nacer en países G8 o G15. Niños inocentes deben pagar el precio de nacer en la desigualdad. Niños que, finalmente, nacieron en Siria, en Libia o Palestina, y no en San Francisco,California.

Lo aquí expuesto puede sonar demasiado antojadizo, pero no perdía nada con hacer el ejercicio y compartirlo. El domingo recién pasado, Jorge Lanata en su monólogo al comienzo de su programa “Periodismo para Todos” por el Canal 13 argentino, hizo una pregunta que encontré tan lúcida como precisa. Tenía relación a la imagen del cuerpo sin vida de Aylan Kurdi en Turquía y su revuelo mediático. Creo que dicha interrogación deberíamos verbalizarla siempre y responderla con la honestidad que explícitamente reclama. El periodista dijo: “En el fondo, ¿nos molesta que pasen estas cosas o nos molesta ver que pasen?”. La escuché en la comodidad de mi hogar, viendo el triste espectáculo que significa hoy en día ser un “humano”. Yo les pregunto a ustedes: ¿qué estamos haciendo para combatir tanta injusticia?

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