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Tao Lin en Chile: Lee a los que odias y derriba a tu facho interior

Cuando abrí el Facebook esta mañana, una vez que ya nos habíamos despedido de Tao Lin (Virginia, 1983) -tremendo autor norteamericano de obras como Richard Yates, Sexo tras unos días sin vernos, Táipei y Robar en American Apparel- tras su visita como invitado a Filba internacional promocionando su recién publicado libro de ensayos Nadie sabe por qué estamos aquí, constaté una vez más que el prejuicio que ronda en un cierto campo cultural chileno -y tal vez latinoamericano y tal vez universal e incluso en otros planos de la existencia más allá de nuestra percepción-: la necesidad de seguir hablando mal acerca de ciertos autores a los que no se ha leído, no se ha escuchado ni se piensa leer ni escuchar. Es decir, intentar destruir imágenes de autores con el fin de enaltecerse como sujetos que supuestamente dominan un sistema más allá que esos sujetos de los que se ríen y que creo está basado en ese facho interior que algunos llevan dentro y hay que atacar, que hay que matar para que no te domine, que hay que eliminar y sepultar en la medida que se pueda hacerlo y sobre todo, en la medida que se quiera derribarlo. Y esto, sospecho, lleva años de trabajo, pero puede hacerse mediante la lectura de la obra de los autores que nos generan ruido interno. No de nuestros amigos y conocidos ni los libros que nos gustan, sino que de esos autores que más odiamos, que más detestamos y que tendemos a hablar mal por el mero gusto de hacerlo y sin pudor a quedar como pequeños estúpidos.

En su libro de “ensayos”, el mismo Tao Lin se refiere al tema, de una forma irónica pero muy cierta, específicamente en su texto “Cómo ser considerado en Internet”.

El concepto de facho interior lo saqué de un post del poeta Héctor Hernández Montecinos, que le decía a un gestor cultural que la cortara con su prejuicio hacia Tao Lin, que incluso él mismo tenía en el pasado, un gran prejuicio frente a este autor y que para matar a ese facho interior lo leyó y lo leyó y se dio cuenta de lo valioso que resultaba la escritura de nuestro dear y brillantísimo Tao.

En su libro de “ensayos”, el mismo Tao Lin se refiere al tema, de una forma irónica pero muy cierta, específicamente en su texto “Cómo ser considerado en Internet”, en el párrafo donde nos invita a no hablar mal de los demás y a centrarnos en nuestro trabajo, ya que no hay bien ni mal en el arte y “hacer algo como eso, además de ser inadecuado, podría causar que la persona de quien estás hablando mierda –e, indirectamente, a otros con intereses, preferencias o sensibilidades similares– se sienta triste y sola e infeliz de estar viva y probablemente pierda interés, en cierto grado, en obtener satisfacción de la expresión ‘artística’, y empiece a, o bien ‘censurarse’ a sí misma, o a confundir la realidad concreta con el mundo de la abstracción, lo que puede llevar a asesinatos masivos y otras actividades violentas a las cuales posiblemente tú te opones”.

Esto lo propongo como una especie de forma de trabajo, algo así como un taller grupal online donde dicto una consigna pública, así como Cecilia Pavón dicta consignas extrañas en sus talleres literarios (ver texto “Free Style Rap” del libro Pequeño recuento de mis faltaspublicado recientemente por Overol) yo también dicto la mía e invito a todos los lectores a leer a los autores que despreciamos, leerlos para matar a ese facho interior, leer a esos que nos molestan porque sí, porque algo nos molesta de ellos más allá de su escritura, sus procesos o su obra.

Por ejemplo, para derribar a mi facho interior me propongo leer la obra completa de Haruki Murakami, a quien odio y detesto. Luego otros autores con los que me siento extremadamente distante, como Mario Vargas Llosa, Santiago Roncagliolo, Rosa Montero, Harold Bloom, incluso algo de Carver, de Fontanarrosa, de Yushimito, de Carlos Fuentes, Hemingway, Villoro, Thays, Juan Gabriel Vásquez, Alonso Cueto, Giardinelli, Luisa Valenzuela, Almudena Grandes, Pérez-Reverte, Henry James, Jaime Collyer, Volodia Teitelboim, Antonio Skármeta, Espido Freire, Jeremías Gamboa, Garcés, entre algunos, por asociar nombres al vuelo.

El concepto de facho interior lo saqué de un post del poeta Héctor Hernández Montecinos, que le decía a un gestor cultural que la cortara con su prejuicio hacia Tao Lin.

Junto con esto, también les tengo otra tarea. Hace un mes entré a un club de lectura, el de la escritora Romina Reyes Ayala, autora del interesante libro de cuentos Reinos, y lo hice con ese objetivo: derribar mi facho interior en la medida que ella, otra escritora, menor en edad que yo y además mujer, me diría qué leer, qué hacer con los textos semana a semana y mis horas de sueño.

No ha sido fácil todo este proceso, ya que además realizo intensas sesiones personales de eliminación de energía negativa, donde enciendo una vela, cierro lo ojos, y digo: Dios, llévate a mi facho interior si es que aún existe, llévatelo ahora ya, llévatelo ahora, hasta que me recuesto en mi cama y me pongo a leer a sujetos que detesto hasta que me duermo. Los invito a copiarme. Sé que van a ser más felices si es que realizan estos ejercicios y siguen estas consignas hasta el final de sus días.

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